TIEMPOS DEL MUNDO

jueves, 29 de febrero de 2024

EL ‘ROSWELL’ RUSO DE 1986: La caída de una sonda alienígena que continúa siendo un misterio

El 29 de enero de ese año, un extraño objeto esférico sobrevoló el cielo de Dalnegorsk, un pequeño pueblo minero al sureste de Rusia. Tras realizar una serie de maniobras a poca velocidad cayó y se estrelló contra una montaña de la zona. Un equipo de eminentes científicos analizó los restos del accidente y su conclusión fue que no era posible producir estos materiales con la tecnología que había en la Tierra. Pero al poco tiempo del avistamiento, el gobierno cerró el lugar del accidente al público y el Ministerio de Defensa se puso al mando de la investigación científica que tenía que arrojar luz sobre los fragmentos recuperados. Varias décadas más tarde de ocurrido aquel suceso, seguimos sin poseer la tecnología para crear los compuestos encontrados en Dalnegorsk por el llamado ‘Roswell’ ruso continúa siendo un misterio del que no se sabe mucho más. Sucede que cerca de las ocho de la tarde, los vecinos de Dalnegorsk vieron un objeto que volaba sin apenas hacer ruido a unos 24 km/h y a unos 800 metros sobre el suelo. Era una esfera metálica que emitía un destello de luz de tonos anaranjados que iban cambiando de intensidad constantemente. Los testigos aseguran que cuando estaba subiendo se volvía más brillante y emitía rayos de luz y cuando iba cayendo se pone más oscura. Tras un instante la esfera desapareció tras el monte Izvestkovaya, también conocido como la colina 611, y se estrella. Los vecinos del pueblo suben al monte y encuentran el lugar del accidente. Tres días más tarde llego un grupo de investigadores del Comité de Fenómenos Anómalos de la Academia de Ciencias, liderados por el científico Valeri Dvuzhilni. La zona de impacto tiene el aspecto de haber ardido a consecuencia de la colisión, pero el equipo descubre unos pedazos de pedernal magnetizado junto a unos 300 gramos de diferentes materiales que están pegados a las rocas. Entre los restos se encuentran pequeñas esférulas sólidas junto a fragmentos aún más diminutos y desperdigados como si los hubieran pulverizado con un spray. Junto al lugar del accidente hallaron la base del tronco de un árbol cuya parte superior se había quemado y aún desprendía un fuerte olor a producto químico. Los restos fueron analizados por los científicos más prestigiosos de Rusia. Sus informes hablan de compuestos metálicos que contienen niveles extraordinarios de elementos más puros que los que se encuentran en la Tierra. También encontraron unas raras estructuras de cuarzo en forma de red con hilos desgarrados y muy finos (17 micras) formados por fibras aún más finas hechas con hilos de oro de siete micras. Estas fibras, aseguran los investigadores, son mucho más pequeñas que un pelo humano (56 micras) y no se podían haber producido con la tecnología de la época. El experto en carbono del Instituto de Química del Departamento de Extremo Oriente de la Academia Rusa de Ciencias, A. Kulikov, escribió que no era posible hacerse una idea de lo que es esa red. Se parece al carbono vítreo, pero se desconocen las condiciones que conducen a su formación. El investigador aseguró que un fuego común no podría producir semejante material. Dvuzhilni y su equipo acabaron elaborando un informe de unas 300 páginas, publicado en la revista NLO, en el que se detallaron todos sus descubrimientos. Su conclusión es que los fragmentos metálicos están hechos de un material artificial que no existe en nuestro planeta. Dvuzhilni asegura que algo así ha tenido que ser fabricado por una civilización inteligente fuera de la Tierra y que se trata de parte del sistema de guiado de una sonda extraterrestre. Tras este incidente se repitieron los avistamientos de objetos extraños en la zona. Según cuenta el propio Dvuzhilni en un documental, llegaron objetos voladores en forma de discos y globos que parecían estar buscando algo. Llevaban unas luces de búsqueda sorprendentes que, según explica el propio investigador, solo iluminaban lo que querían ver sin emitir haces de luz de ningún tipo. Otros testigos aseguran haber visto fenómenos semejantes en la colina 611. Funcionarios del Ministerio del Interior declararon ver un objeto incandescente que surcaba el aire con una esfera opaca en su interior y una bola roja en el centro. Los empleados de la cantera de Bor vieron un enorme objeto de forma alargada (entre 200 y 300 metros de longitud) que se asemejaba al metal en llamas y cuya parte frontal estaba iluminada. Y un profesor de guardería de la zona declaró haber visto una bola brillante y cegadora que emitió un rayo violeta-azulado que iluminó el suelo. A continuación, el objeto se acercó a la montaña y emitió una luz rojiza parecida a la de un proyector. Pero luego del primer incidente, las autoridades rusas cerraron a la zona y el Ministerio de Defensa tomó el control de la investigación. A pesar del interés que ha suscitado la colina 611 entre muchos ufólogos, lo que ocurrió ese 29 de enero y en las fechas subsiguientes sigue siendo un misterio. La única respuesta es la que nos da la Academia de Ciencias en sus conclusiones: la tecnología para producir estos materiales no está disponible actualmente en la Tierra. De hecho, los extraños materiales encontrados en la colina siguen sin poder fabricarse hoy en día a pesar de la evolución tecnológica que ha habido en las últimas décadas.

jueves, 22 de febrero de 2024

LA PIRÁMIDE NEGRA DE ALASKA: El enigma de su existencia

Desde que se tuvo conocimiento de su presencia en una remota zona de Alaska, una sucesión de encubrimientos por parte del gobierno estadounidense ha intentado ocultar la existencia de un hallazgo genuino que, según muchos, podría ser de origen extraterrestre o los restos de una civilización humana extinta hace mucho tiempo. Nos referimos a la llamada Pirámide Negra de Alaska, descubierta el 22 de mayo de 1992, mientras China realizaba una prueba nuclear subterránea en la provincia de Xingiang (Uiguristán), en el nor-oeste de la República Popular. Inicialmente se pensó que era un gran terremoto, pero los científicos usaron la explosión sismográfica para analizar la corteza terrestre y descubrieron una estructura piramidal mucho más grande que la Gran Pirámide de Egipto cerca del Monte McKinley en Alaska. A pesar de sus aparentes orígenes antiguos, la confirmación de la existencia de la Pirámide Negra no surgió hasta el 26 de julio de 2012, cuando la veterana periodista y especialista en OVNIS Linda Moulton Howe informó sobre su descubrimiento en el programa de radio Coast to Coast AM. Linda Moulton Howe entregó un estudio en el que afirmó que el área conocida como la “Triángulo de Alaska” es una zona de desaparición de barcos, aviones y personas y que se estima que 18 mil personas han desaparecido en esa zona desde 1988. Esa noche, Linda Moulton Howe transmitió una entrevista pregrabada con Doug Mutschler, ex oficial de contrainteligencia del Ejército de los EE. UU., quien explicó las circunstancias que rodearon el descubrimiento de la pirámide y reveló el vínculo entre el sitio y el ejército de los EE. UU. Mutschler fue trasladado de Alaska a Fort Meade, la sede de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), donde pudo establecer que los datos confidenciales verificaban la historia de la pirámide. Mutschler afirma que: “Pensé que tal vez tenían algo sobre esta pirámide. Así que busqué lo que sería un bibliotecario y le pregunté si tenía algo sobre sitios arqueológicos, no dije pirámide. Pero dije sitios arqueológicos o instalaciones subterráneas en Alaska”. 'Bueno, si lo tenemos, puede estar en contenedores X, Y o Z', explicó. Así que fui allí y simplemente miré a mí alrededor; No descubrí nada sobre las pirámides, pero obtuve información sobre Alaska de dos bóvedas separadas. Apenas me había sentado cuando dos personas se acercaron y me dijeron: 'Oye, no necesitas saber estas cosas'. Mutschler afirma que una filial local de la NBC emitió un informe a unos 6 meses de la explosión que anunciaba el descubrimiento de la estructura, pero cuando trató de ponerse en contacto con la estación para obtener una copia del artículo, negaron que se hubiera publicado y dijeron no tener una copia para compartir. Sin embargo, las cosas tomaron un giro extraño la mañana luego de la conversación de Linda Moulton Howe con Mutschler. El hijo de un ex ingeniero de Western Electric la contactó para validar las declaraciones de Mutschler y agregar numerosas piezas de rompecabezas adicionales. La nueva fuente de Howe indicó que entre 1959 y 1961, su padre trabajó en un fuerte sistema eléctrico que emanaba de una enorme pirámide subterránea de origen desconocido en Alaska, y según los relatos del nuevo testigo: “Luego de la guerra, mi padre se especializó en ingeniería eléctrica y física, y tras graduarse de la universidad, el ejército lo eligió para unirse a un grupo de otros expertos para estudiar y operar en un edificio subterráneo en Alaska conocido como la 'Pirámide Negra'.” en sus palabras. Mencionó varias veces la seriedad con la que el gobierno consideró esta iniciativa y las precauciones que tomaron para mantenerla oculta. Supuse que era una base militar, pero me explicó que era un proyecto de investigación sobre distribución de energía. Pasó a convertirse en el principal proveedor de información de AT&T, que fue, obviamente, el predecesor de las tecnologías web y de telefonía celular actuales. En sus últimos años, a menudo se quejaba cuando recibía la factura de la luz, alegando que podría ser gratis si supiéramos la realidad. Ahora empiezo a sospechar que sabía mucho más de lo que creíamos. Estoy revisando sus artículos y estudios para ver si hay alguna referencia a su estadía en Alaska. Como dijo que todo era secreto, es posible que no haya información. Si la pirámide descubierta en 1992 es precisa, es posible que nuestro gobierno la haya sabido mucho antes y haya tomado medidas tremendas para ocultarla”. Según Linda Moulton Howe, la pirámide se encuentra a unos 80 kilómetros al suroeste del monte McKinley, y se ha dicho que el elemento es claramente muy antiguo, ya que fue creado y enterrado por una sociedad muy avanzada que hoy desconocemos. Desde entonces ha sido cuidadosamente custodiada por el Ejército de los EE. UU. que controla el acceso al sitio. Pero eso no es todo, ya que a ese intrigante enigma se sumó la historia de un explorador que partió hacia Alaska para buscar e investigar la misteriosa Pirámide, pero que, sin embargo desapareció. ¿Qué le ocurrió? ¿Cuál es su actual paradero? Sucede que el 27 de mayo del 2020, Nathan Campbell, de 41 años, contrató un avión chárter en Talkeetna, poblado de Alaska, para que lo llevara a un pequeño lago en el extremo noroeste del Parque Nacional de Denali. Además de equipo básico de acampada, Campbell llevaba una buena cantidad de comida guardada en cubos de plástico y un comunicador bidireccional por satélite para comunicarse con su mujer y sus hijos. Planeaba pasar los próximos cuatro meses solo en el centro del interior de Alaska. Campbell había elegido un lugar extraño para unas vacaciones de verano. El avión le había dejado a orillas del lago Carey, una mancha azul de un kilómetro de largo rodeada de cientos de kilómetros cuadrados de naturaleza deshabitada, con algunos de los terrenos más abruptos de Alaska. Para ir en cualquier dirección había que abrirse paso entre matorrales de alisos altos hasta la cabeza y estanques de castores hasta la cintura. Para llegar al pueblo más cercano, Lake Minchumina, de 13 habitantes, necesitaba una semana de infernales excursiones a pie. Si lo que Campbell buscaba era soledad, sin duda la encontró. Pero Campbell no estaba allí por diversión, tenía una misión. En el largo vuelo de Talkeetna a Carey Lake, mientras la inmensa alfombra verde del bosque boreal flotaba bajo ellos, el habitualmente tímido Campbell le contó a su piloto Jason Sturgis cómo pensaba pasar el verano. Campbell había venido a Carey Lake a buscar algo que, hasta ahora, sólo existía en los rincones más oscuros y menos actualizados de Internet: la Pirámide Negra, una enorme estructura subterránea de la que se rumoreaba que tenía cuatro veces el tamaño de la famosa Keops de Egipto, y miles, si no millones de años de antigüedad. Los teóricos de la conspiración afirman que la estructura es tan poderosa, y su importancia para la seguridad nacional tan trascendental, que todo rastro de la pirámide -y de la base militar que se cree que la protege- ha sido borrado de las imágenes de satélite. Aunque los pilotos, tramperos y nativos han recorrido la zona del lago Carey durante generaciones, una búsqueda rápida en los archivos del Fairbanks Daily News-Miner muestra pocas referencias a una pirámide alienígena gigante o a una base ultrasecreta en Alaska central. Pero hasta que apareció Nathan Campbell, nadie lo había buscado realmente (o al menos eso sabemos). Y sus razones para iniciar su búsqueda en las profundidades de Alaska, si se sigue la nebulosa lógica de la teoría de la conspiración, tienen mucho sentido. En primer lugar, la Pirámide Negra encaja perfectamente en el panteón de instalaciones militares de Alaska que inducen a la paranoia. La más infame de ellas es el High-frequency Active Auroral Research Program, o HAARP, situado a las afueras de Fairbanks. Según a quién se pregunte, HAARP es un transmisor de alta frecuencia utilizado para provocar terremotos a distancia con el fin de derrocar dictadores, controlar el clima mundial y socavar la industria de los combustibles fósiles, o ayudar a los científicos a estudiar la ionosfera. Elija usted. ¿Existen evidencias de la Pirámide Negra? En segundo lugar, la aparente ubicación de la Pirámide Negra ha sido reconocida desde hace tiempo como una zona de importancia geoestratégica. En la década de 1930, el general Billy Mitchell, el llamado “padre de la Fuerza Aérea de EE. UU.”, vio que el lago Minchumina – a unos 64 km. al norte de donde Campbell aterrizó en el lago Carey – era equidistante a los principales centros urbano-industriales del hemisferio norte. Eso significaba que, con el mismo depósito de combustible, un B-52 que despegara de las orillas del lago Minchumina podría atacar Tokio, Beijing, Moscú, París o incluso Nueva York. En la guerra moderna, el general Mitchell había demostrado que el medio de la nada podía convertirse en el centro de todo, con una enorme estructura subterránea en forma de pirámide en el corazón de Alaska que no aparece en ningún mapa ni en las imágenes de satélite. Imagine que se tratase de un arma lo suficientemente poderosa como para interrumpir las comunicaciones globales, perfectamente posicionada para golpear a cualquier gran potencia del hemisferio norte, por lo que la construcción de una infraestructura militar estándar sólo atraería una atención innecesaria sobre ella. Para mantener su perfecto secretismo, ¿no sería mejor esconderla en uno de los rincones más remotos e inhóspitos del país, para que sólo los verdaderos creyentes, expertos en supervivencia en la naturaleza y preparados para enfrentarse a hordas de mosquitos y tormentas de una semana, pudieran descubrir sus secretos? Con el informe que pudo reunir -bases secretas, encubrimientos gubernamentales, guerra global, alienígenas ancestrales, poder de las pirámides- pudo crear la historia de la Pirámide Negra, en torno a la cual Campbell, planeó sus vacaciones de verano. Nadie sabe con certeza si Campbell creía algo de esto. Puede que se pasara un mes hurgando en cada mata de abedul enano en busca de una puerta secreta al centro de mando. O, como un mal cazador de ciervos que intenta escapar de su regañona esposa, la búsqueda de Campbell podría haber sido una excusa para pasar un tiempo a solas en la naturaleza, para vagar por los bosques en una misión que realmente no necesitaba una resolución. En cualquier caso, en algún lugar por ahí, se metió en problemas. Viajar en cualquier dirección desde el lago Carey habría sido lento, difícil y peligroso. ¿Campbell sorprendió a un oso, se cayó en un estanque de castores o quedó atrapado en una extraña tormenta de nieve? Nadie lo sabe. Todo lo que se tiene son testimonios dispersos y fragmentos de pruebas. Antes de partir, Campbell dio instrucciones a su piloto, Jason Sturgis, para que le recogiera en Carey Lake a mediados de septiembre, justo antes de que empezara el invierno en Alaska. Luego, Sturgis subió a su avión y voló de vuelta a Talkeetna. Esa fue la última vez que alguien vio a Campbell con vida. A mediados de junio, Campbell dejó de recibir mensajes por satélite. Su mujer se puso en contacto con Sturgis, que le dijo que llamara a una empresa que volaba en helicóptero para comprobar el lugar de la última transmisión de Campbell. Se desconoce el resultado de sus llamadas o si intentó buscarlo. No fue hasta que Campbell no acudió a su cita de recogida el 15 de septiembre cuando el NPS envió un equipo de búsqueda a Carey Lake. Tras varios días buscando entre la maleza, los guardabosques encontraron parte del equipo de Campbell (cubos de comida rotos, ropa mohosa, una tienda maltrecha), pero ni rastro del nativo de Wasilla. Las únicas pistas eran los restos de su diario, enterrado en la tienda y masticado por los roedores. La última anotación, fechada a finales de junio, decía simplemente “fui a por agua”. Luego, simplemente desapareció. Rescatistas sobrevolaron la zona durante varios días, pero finalmente tuvieron que abandonar la búsqueda. Los vientos helados y las temperaturas bajo cero del invierno podían llegar en cualquier momento. Pronto, la nieve cubriría el paisaje y haría prácticamente imposible el desplazamiento a pie. Para sobrevivir, Campbell tendría que agazaparse y buscar un refugio. Pero unos cuantos cubos de comida y una tienda de campaña no bastarían; sin una despensa llena de carne de alce y un refugio bien acondicionado, el destino Campbell era prácticamente no favorable. El 1 de octubre del 2020 Campbell fue declarado oficialmente desaparecido. Han pasado más de tres años y cuatro meses y dondequiera que esté, esperemos que haya encontrado lo que buscaba. En algún lugar, en las profundidades de Alaska, la búsqueda de la Pirámide Negra continúa.

jueves, 15 de febrero de 2024

REVELANDO DOCUMENTOS CONFIDENCIALES: La historia oculta tras la detección del primer objeto interestelar por el Pentágono

Una nueva investigación ha revelado la historia oculta de la batalla entre el Pentágono y los científicos para obtener los datos de satélites militares ultrasecretos del Gobierno de los EE.UU. que detectaron el primer objeto interestelar conocido. Este objeto, que luego sería bautizado como IM1 (siglas en inglés de meteoro interestelar 1) por el astrofísico Avi Loeb y su equipo, fue un descubrimiento histórico en astrofísica y ha proporcionado la primera evidencia tangible de material de más allá de nuestro sistema solar. La identificación inicial de IM1 fue posible usando la red de satélites norteamericanos destinados principalmente a detectar fenómenos atmosféricos producto de las detonaciones nucleares (algo que en los años 50 se hacía utilizando bombarderos estratosféricos que recogían muestras de la atmósfera, como se puede ver en la película Oppenheimer de Christopher Nolan). Estos instrumentos son considerados como uno de los sistemas más sensibles de la Tierra, tanto a nivel científico como a nivel geoestratégico. Lógicamente, cualquier dato revelado por estas máquinas puede ser analizado por potencias enemigas de los EEUU para conocer su capacidad real de oler sus movimientos militares. El Pentágono cerró inicialmente la puerta a cualquier publicación de datos que pudiera revelar la posición y capacidad de su red espía. Como sabemos por los artículos del profesor Loeb, satélites de observación, sensores sónicos y sismógrafos de la zona cerca de la isla de Manus, en Papúa Nueva Guinea, registraron eventos atmosféricos inusuales a principios del 2014. Los datos sugerían que estos eventos no eran producto del estallido aéreo de un meteorito ordinario. Su trayectoria y velocidad eran marcadamente diferentes y apuntaban a un origen más allá de nuestro sistema solar. El análisis adicional de los datos apuntaba que, efectivamente, un objeto desconocido de otro sistema estelar podía haber interceptado la Tierra (o viceversa). La trayectoria y la velocidad del objeto eran notablemente diferentes de los típicos desechos espaciales o meteoritos que se originan dentro del sistema solar. Atravesó el espacio a una velocidad extraordinaria, desviándose significativamente del plano eclíptico, un rasgo inusual de los cuerpos celestes locales. Esta revelación despertó el interés de la comunidad científica, en particular los astrofísicos de Harvard Amir Siraj y su director de posdoctorado Avi Loeb. Sospechaban que este objeto era algo extraordinario, pero su investigación sobre los orígenes de IM1 se truncó cuando se dieron cuenta de que implicaba navegar por el laberinto de los datos militares clasificados. En efecto, la clasificación ultrasecreta de los datos inició una lucha a partir de una solicitud federal de información relacionada con el caso (en EEUU existe una ley draconiana llamada Freedom of Information Act que fuerza a las autoridades del gobierno federal y estados para que faciliten información confidencial siempre y cuando no ponga en peligro la seguridad nacional), fue una pesadilla para Loeb y su equipo durante su búsqueda para validar científicamente sus hipótesis al 100%. Los esfuerzos de Siraj y Loeb para conseguir la información y publicar sus hallazgos se toparon con la negativa del Pentágono. Al fin y al cabo, los sensores del Pentágono que detectaron IM1 formaban parte de una red más amplia diseñada para la seguridad nacional, no para el descubrimiento científico. Esta tensión entre la vigilancia militar y la investigación científica, según la correspondencia analizada por Vice, creó un laberinto para los científicos. Este pasó por incontables intercambios de correo electrónico, videoconferencias y discusiones entre varias partes interesadas con la ayuda de científicos del Laboratorio Nacional de Los Álamos (el mismo que desarrolló la bomba atómica). Estas comunicaciones, reveladas más tarde en las solicitudes de la Ley de Libertad de Información, mostraron el conflicto entre los esfuerzos de los científicos y funcionarios del gobierno que intentaban ayudar a Siraj y Loeb y los halcones del Pentágono que querían mantener los protocolos necesarios de información clasificada. Finalmente, llegaron a un acuerdo: el Comando Espacial finalmente reconoció la naturaleza interestelar de IM1 con un grado de certeza del 99,9999%, un anuncio formal del Pentágono que llegó en forma de carta a la NASA y confirmó los hallazgos del equipo de Harvard. Tras obtener la confirmación de que IM1 era un visitante interestelar, Siraj y Loeb publicaron su estudio y comenzó la preparación para una aventura, esta vez física: dirigida por Avi Loeb, un equipo de investigadores se embarcó en una ambiciosa expedición para recuperar posibles restos de este objeto interestelar. Su objetivo era recopilar y analizar la evidencia física de IM1, centrándose específicamente en las esférulas que se deberían haber originado en la entrada atmosférica. El IM1, decían en su investigación científica, era el objeto más duro jamás detectado entrando en la Tierra. La primera exploración en búsqueda de material interestelar iba a ser tan difícil como encontrar la proverbial aguja en el pajar pero se lanzaron a lo desconocido sabiendo que la ciencia y los números estaban ahí. La expedición, enmarcada en el Proyecto Galileo para la búsqueda de objetos interestelares que pudieran ser de origen inteligente, puso su punto de mira en el océano Pacífico, cerca de la isla de Manus. La ubicación se eligió en función de la trayectoria calculada de IM1 entre los datos del gobierno americano, los sismógrafos de esa zona y los sensores de audio. Así pudieron triangular una amplia zona de búsqueda. El equipo tendría que actuar rápida y sistemáticamente entre el 14 y el 28 de junio del 2023. Esos eran sus límites. En ese tiempo, los científicos capitaneados por Loeb llevaron a cabo una búsqueda exhaustiva en las profundidades del océano utilizando un catamarán de 40 metros, el M/V Silver Star, equipado con un trineo de 200 kilogramos armado con 300 imanes de neodimio en ambos lados y cámaras de vídeo. Si realmente estaban ahí, los potentes imanes capturarían cualquier partícula metálica fina que luego someterían a exhaustivos análisis en tres laboratorios independientes para ver si eran restos de IM1 o no. El equipo analizó 0,06 kilómetros cuadrados del área objetivo, realizando pasadas hasta que encontraron una línea de esférulas que parecía encajar perfectamente con la posible trayectoria de entrada de IM1. El equipo arrastró el trineo capturando numerosos objetos de diferentes orígenes en zonas de control - donde se sabía que IM1 no podría estar - y la zona que parecía ser región de entrada. Usando separaciones magnéticas y no magnéticas con tamices fueron discriminando los materiales encontrados, culminando en la selección manual de esférulas usando un microscopio binocular. Así, el equipo del profesor Loeb logró recolectar un total de 850 esférulas, con tamaños que iban de las 100 micras a los dos milímetros. Luego, estas muestras se dividieron y enviaron para su análisis utilizando instrumentos de última generación en el laboratorio de geoquímica de la Universidad de Harvard y en el laboratorio de Bruker Corporation en Berlín, Alemania, tras un análisis previo en la Universidad de California Berkeley. Durante su análisis, como describe Loeb, “las esférulas se clasificaron en tres tipos primarios en función de su composición: esférulas ricas en silicato (tipo S), ricas en hierro (tipo I) y vítreas (tipo G). Un subconjunto de estas esférulas, denominadas “diferenciadas”, mostraba similitudes con meteoritos no condríticos y se identificaron como un grupo distinto dentro de las esférulas de tipo S. Esta categorización se basó en proporciones más altas de Si/Mg (silicio y magnesio) y Al/Si (aluminio y silicio), así como en un mayor contenido de elementos litófilos refractarios en comparación con los esférulos condríticos.” La composición química de estas esférulas era diferente a cualquier material conocido de nuestro sistema solar, afirma Loeb y su equipo en un estudio recién publicado que está pendiente de revisión. El resultado, según el astrofísico, es definitivo: la composición de las esférulas revela que, efectivamente, el IM1 es definitivamente interestelar. Al final, el viaje de Siraj, Loeb y compañía, desde la detección de IM1 hasta la recuperación y el análisis de los restos, es una narrativa épica que muestra cómo debe ser el tesón y el rigor del método científico totalmente agnóstico. Una aventura científica como las de antes, con colaboración interdisciplinaria, la lucha con los intereses militares y las críticas de los estamentos y negacionistas sistemáticos desde sus poltronas. Como dice Loeb, aquí solo importa una cosa: la evidencia empírica en el discurso científico y la necesidad de integridad profesional frente al escepticismo por sistema y la opinión pública. Es reconfortante saber que, en estos tiempos de teorías de la conspiración, comentaristas indocumentados y redes sociales estériles, la búsqueda del conocimiento y la verdad científica más allá de nuestros miserables límites puede traer alguna noticia desde más allá de los confines de nuestro sistema solar. Esperemos que la nueva expedición de Loeb a mediados de año nos traiga más noticias y algún trozo más grande de este fascinante objeto.

jueves, 8 de febrero de 2024

EL TRITÓN DE BANFF: ¿Monstruo legendario o producto de una falsificación?

Como investigador de fenómenos inusuales, suelo estar en busca de historias extrañas e inverosímiles, y es así como me encontré con una historia proveniente de la pequeña ciudad canadiense de Banff, la cual se refiere a una criatura del cual se dice que habita en el Lago Superior. Impreso inicialmente en Canadian Magazine and Literary Repository en 1824, y reproducido esta semana en The Globe and Mail, esta es la historia que os ofrezco traducido ¿vale?: “Al noreste del lago Minnewanka hay una montaña con un pico alto y afilado en forma de torre. Desde una gran distancia se puede ver nieve en su parte superior, pero nunca hay nieve en su costado. La montaña es tan empinada que la nieve no se queda en ella. Debido a que los espíritus vivían encima de él, los indios la consideran sagrada. Al lago cercano lo llamaron Minnewanka, que significa Agua de los Espíritus. Cada vez que viajaban por la vecindad del lago, escuchaban las voces de los espíritus. Mientras pasaban, no podían ver nada que hiciera los sonidos, pero podían escuchar los sonidos. Una vez, cuando nuestra gente estaba acampando cerca del lago, mi padre escuchó lo que parecía ser el sonido de un tambor. El ruido parecía provenir del agua. También podía oír voces en el lago. Pronto se dio cuenta de que el agua estaba llegando a la orilla. Se acercó al campamento, y luego volvió de nuevo. Pronto mi padre vio, cerca del centro del lago, una extraña criatura que salía del agua. Era mitad pez y mitad ser humano. Había llevado el agua hacia la orilla y luego había salido a la superficie. Mientras mi padre miraba, la persona-pez se hundió de nuevo en el lago. Otras personas también vieron a la extraña criatura. Estaban tan asustados que levantaron el campamento y nunca más acamparon allí. Todos los indios se mantenían alejados de esas aguas. No había pesca ni piragüismo en el lago Minnewanka hasta que llegaron los blancos. Muchos indios todavía le tienen miedo al lago. Hace unos años, unos niños indios fueron enviados a trabajar allí, para ayudar a construir una represa, pero negaron a hacerlo porque habían oído hablar de la extraña criatura. Uno de los chicos murió en un extraño accidente. Se dice que ello ocurrió porque a los espíritus no les gusta que los árboles cerca del lago fueran destruidos”. Obviamente, una historia extraña, no hay información disponible sobre si esta historia sea cierta o no, pero de hecho es una leyenda de los nativos americanos. Suponiendo que lo sea, tenemos que mirar los elementos de la historia para aventurarnos a adivinar por qué se creó. La primera posibilidad es poco probable: que en realidad se haya visto a una criatura en el lago. Otro es mucho más plausible: la montaña cerca del lago y el lago mismo se consideraban lugares sagrados, lugares llamados Espíritu Montaña y Espíritu Agua, pero según la leyenda de Stoney Nakoda, los habitantes indígenas tenían miedo del lugar y lo evitaban; solo los invasores frecuentaban el lugar. La leyenda de una criatura sobrenatural podría haber sido creada para mantener a los colonos alejados del lugar. Aunque esto es ciertamente posible, hay otras historias más modernas para explicar al tritón en el Indian Trading Post, ubicado cerca del puente de Banff Avenue. La gente de la ciudad tiene explicaciones variadas, como que proviene de Inglaterra en la década de 1940 y su creación como una especie de atracción de fenómenos; pero el director ejecutivo del Museo Whyte en las montañas rocosas canadienses tiene pruebas de que otra historia es la verdadera: Norman Luxton (1876-1962), una figura importante en el desarrollo de la ciudad de Banff, fue el propietario original de la tienda. Hijo de William Luxton, cofundador y editor en jefe de Winnipeg Free Press, Norman trabajó para su padre durante algún tiempo antes de dirigirse a Calgary, donde trabajó para el Calgary Herald. En 1901 viajó a Vancouver, donde continuó trabajando como escritor para Town Topics. Allí conoció a John Voss (1858-1922) quien tuvo una idea aparentemente loca: viajar alrededor del mundo en una canoa de Nootka centenaria. Norman decidió acompañar a John en este viaje, y salieron de la Columbia Británica y se dirigieron al oeste. Luego de viajar unas 10.000 millas en el transcurso de cinco meses, el bote golpeó un arrecife frente a la costa de Fidji y ambos hombres resultaron heridos, Voss gravemente. Lo llevaron a un hospital en Australia y Luxton pronto regresó a Banff para recuperarse. Allí se convirtió en un destacado miembro de la comunidad. Puso en marcha el periódico Crag and Canyon, construyó el King Edward Hotel y el Lux Theatre. También estableció el puesto comercial en el que se encuentra la extraña momia. El Museo Whyte tiene una colección de artefactos que pertenecen a William Luxton, incluida una factura de envío de Java que dice "un hombre pez". Ted Hart, el director del museo, cree que Luxton compró la pieza cuando estaba en el Pacífico Sur en 1915 y luego elaboró una historia, que se publicó en los periódicos locales, para atraer clientes a su puesto comercial, lo que resultó en un aumento de los ingresos. Muchos hechos se alinean para apoyar esto. Java, ubicada en Indonesia, está a 4.500 millas al noroeste de Fidji, donde su barco fue destruido y afirmaron haber viajado unas 10.000 millas antes del accidente. Dado el tamaño de su barco, es probable que optaran por permanecer cerca de la costa. Si es así, habrían pasado muy cerca de Java, por lo que podría haberlo comprado allí y luego simplemente inventar una historia para la criatura. Su experiencia en publicaciones y escritura, y la posición destacada que ocupaba podrían haber impedido que cualquiera dudara de su historia. Además, es posible que incluso haya convencido a algunos nativos americanos para que respalden la historia, incluido Enoch Baptiste, quien aparentemente contó la historia que se muestra junto al cuerpo. Norman Luxton vendía además productos nativos americanos en su tienda, lo que significa que cuanto más ganaba, más ganaban ellos. Entonces ¿Por qué no contar una historia si resultará en una vida mejor para usted y su familia? Al fin y al cabo, ¡incluso tenía un cuerpo para respaldarlo! Asi habría nacido la historia. Actualmente, la residente local Michelle Garbert es propietaria del puesto comercial y su padre era un buen amigo de Luxton. Ella duda de que sea auténtico; por el contrario, está convencida que Norman lo creó para apoyar su historia ficticia, afirmando que era propio de él hacer algo así. El tritón es claramente una criatura compuesta. Con una parte superior del cuerpo que probablemente se elaboró a partir de alguna sustancia desconocida para parecerse a una caja torácica y carne, y una parte inferior del cuerpo escamosa que claramente está hecha de al menos una variedad de peces, también tiene pelo gris corto, similar a una piel, en la cabeza, brazos y sección media. Ni siquiera diría que fue ingeniosamente hecho. Sin embargo, sigue atrayendo a visitantes curiosos a la trastienda de la tienda del comerciante local. Aun así, a pesar de que la creación de la criatura como imán de clientes es la explicación más probable sobre su origen, hay preguntas sin respuesta. Otro documento del caso que se refiere “a un tritón en el lago Superior” menciona la posible existencia de muchas criaturas inusuales que los testigos afirman haber visto. Ello nos lleva a la pregunta, ¿Existen en realidad? En el mundo aparecen de vez en cuando criaturas desconocidas por la ciencia o que en todo caso, se creían extinguidas. Para ellas se creó una rama especial que los estudia, la criptozoologia. ¿Podemos integrar en la lista a esta extraña criatura?

jueves, 1 de febrero de 2024

LOS OCULTOS SECRETOS DE LA ANTÁRTIDA: Un lugar inexplorado y cuna de extraños misterios

¿Qué se oculta bajo la gruesa capa de hielo de la Antártida? Es posible que numerosas civilizaciones hoy perdidas en las páginas de la historia permanezcan sepultadas esperando ser descubiertas. Aparte de ser un remoto lugar, un Tratado firmado por varios países hace décadas encubrió los secretos del continente blanco. Como sabéis, la Antártida, el continente helado en el extremo sur de nuestro planeta, ha estado durante mucho tiempo envuelto en misterio e intriga. El origen del continente es el principal misterio. Se estima que la Antártida (cuyo nombre significa opuesto al ártico) se congeló hace al menos 23 millones de años, muchos millones antes de la aparición de los primeros homo sapiens, lo que refutaría la posibilidad de que los seres humanos la poblaran antes de su actual estado de congelación. Pero hasta ahora eso no se sabe a ciencia cierta. Si bien puede parecer una tierra desolada y deshabitada, guarda secretos que han fascinado a exploradores, científicos y gobiernos durante décadas. Al ser un lugar inexplorado y misterioso, es de esperar que los resultados de cada investigación o descubrimiento que allí se haga generen un gran impacto. En 1947, un reconocido explorador llamado Richard Byrd se embarcó en una misión a la Antártida que dejaría al mundo con más preguntas que respuestas. La misión de Byrd fue ordenada por el gobierno de EE.UU. y los detalles de su viaje se mantuvieron secretos durante muchos años. Sin embargo, en un diario que llevó durante su misión en el Ártico, Byrd hizo algunas afirmaciones sorprendentes que han despertado la curiosidad de muchos. Según sus escritos, tuvo un encuentro que distó mucho de ser ordinario. En las páginas de su diario, Byrd escribió sobre su encuentro con una antigua raza subterránea en el Polo Sur. Estos seres no se parecían a ninguno que hubiera conocido antes. Si bien los detalles de este encuentro siguen estando envueltos en ambigüedad, las palabras de Byrd insinúan una civilización que había logrado prosperar en el lugar más improbable. Sin embargo, lo que quizás resulte aún más intrigante es lo que ocurrió en los años siguientes. Según revelo Byrd, las profundidades guardarían en su interior un enorme país llamado Agartha con un Sol en el medio (que equivaldría al núcleo terrestre) y al que se podría acceder por unos vastos túneles localizados en los dos polos. Diversos autores aseguraron que la misión concreta de Byrd en la que se topó con este territorio de las profundidades terrestres, ya que realizó varias, tenía un fin militar: defender al mundo de los últimos reductos de la Alemania nazi, cuyos altos representantes habrían huido a cobijarse entre seres humanoides venidos de otros planetas. "Si estallase otra guerra mundial, esta sería de polo a polo", declaró Byrd. "Se me ha denegado la libertad de publicar estas anotaciones y quizá nunca lleguen a la luz de la opinión pública. Pero yo tengo una tarea que cumplir, y lo que yo he vivido lo dejaré aquí por escrito. Confío en que todo esto pueda ser leído, en que venga un tiempo en que la ambición y el poder de un grupo de personas no pueda ya ocultar más la verdad" escribió a modo de introducción. Según la narración, el explorador describe cómo él y su equipo atravesaron un muro de hielo gigante que esconde un gran agujero que conecta ambos polos de la Tierra, por el que descienden encontrando mamuts en pastos verdes que abundan entre valles y cordilleras. Avanzando en su recorrido, pueden vislumbrar lo que parece ser una ciudad. El clima era suave y benévolo para estar cerca de la Antártida: 23 grados en una superficie que irradia un sol hermoso y resplandeciente. Más allá de esta teoría, cabe resaltar el papel que los nazis tienen en la conspiración montada en torno a las exploraciones de dicho aventurero, lo que dio origen a la llamada Operación Highjump, que entre 1946-47 desplegó una fuerza militar en el continente helado de 13 barcos, 4.700 hombres y varias aeronaves. Byrd fue el organizador de la operación, cuyo objetivo oficial “era probar los equipos militares en condiciones climáticas extremas, así como explorar geológica, geográfica, meteorológica y electromagnéticamente el territorio con el objetivo de establecer bases permanentes en el futuro”. Se esperaba que la expedición durara entre seis y ocho meses, pero a las ocho semanas se canceló por algún motivo no revelado. Como podéis imaginar, el relato de Byrd en su diario sobre su encuentro con la raza oculta provocó conmociones en varios círculos. Temerosos de que otros descubrieran la existencia de estos habitantes, 12 países se unieron para firmar el Tratado Antártico en 1959. Este tratado fue un notable acuerdo internacional destinado a proteger la región y regular la actividad humana en el continente. El Tratado Antártico, conocido oficialmente como Sistema del Tratado Antártico, estableció un marco para el uso pacífico de la Antártida y la preservación de su entorno único. Prohibió la actividad militar, los ensayos nucleares y la extracción de minerales en el continente. En cambio, fomentó la investigación científica y la cooperación entre naciones. Si bien el objetivo principal del tratado era garantizar el uso pacífico de la Antártida para la investigación científica, algunos han especulado que también pudo haber servido para mantener ocultos al mundo los secretos del encuentro de Byrd. El tratado restringió efectivamente el acceso a ciertas áreas de la Antártida, lo que dificulta que cualquiera pueda verificar o desacreditar de forma independiente las afirmaciones del explorador. A lo largo de los años, la Antártida ha seguido siendo un centro de investigación científica, atrayendo a científicos de todos los rincones del mundo. Pero las duras condiciones del continente, el acceso vedado a grandes zonas del continente helado, su aislamiento extremo y sus ecosistemas únicos lo convierten en un tesoro escondido de descubrimientos científicos. Vestigios de civilizaciones ancestrales, naves extraterrestres o bases escondidas en el hielo son algunos de los mitos sobre la Antártida que están presentes en el imaginario colectivo. Sin embargo, el misterio del encuentro de Byrd con la raza subterránea sigue siendo un enigma, enterrado profundamente bajo el hielo y los acuerdos internacionales que protegen esta tierra remota. Al contemplar la historia oculta de la Antártida y el Tratado Antártico, recordamos que nuestro mundo aún guarda muchos secretos por descubrir. Es posible que nunca se sepa con seguridad si el encuentro de Byrd fue o no un descubrimiento genuino o un producto de la imaginación. Aun así, la historia sirve como testimonio del perdurable atractivo de lo desconocido y de hasta dónde llegarán las naciones para proteger sus secretos, incluso en los rincones más remotos e inhóspitos de nuestro planeta.