TIEMPOS DEL MUNDO

jueves, 18 de junio de 2026

LA TRAGEDIA DEL SOYUZ 11: Los cosmonautas que no regresaron vivos

Fue ideada para la hazaña. Y terminó en un desastre. Todo anduvo mal, desde el principio. Rusia, en plena carrera espacial para igualar, y superar, a los Estados Unidos, del cual se dice que ya habían puesto al hombre en la Luna, debió abortar la misión, empezar todo de nuevo, apiadarse hasta de sus yerros. Pudo más el orgullo, la necedad y la soberbia, que son la piedra fatal con la que tropiezan los Gobiernos totalitarios. Y los no totalitarios, también. Hace 55 años, la nave espacial Soyuz 11 viajó el espacio para consumar una hazaña. Tripulada por los cosmonautas Vladislav Vólkov, Gueorgui Dobrovolski y Viktor Patsáyev, tenía como misión acoplar la nave a la primera estación espacial de la historia, la Salyut 1, entrar en ella, habitarla, reparar lo que hiciese falta, reorientar sus instrumentos, vivir la primera experiencia de vida humana prolongada en el espacio y volver para contarlo. Para ello, Soyuz 11 partió a la aventura el 6 de junio de 1971. Logró la hazaña que, dadas las circunstancias, tuvo características de milagro, y regresó a la Tierra el 29 de junio de hace hoy cincuenta y cinco años. Pero cuando abrieron la cápsula espacial, los tres cosmonautas estaban muertos. Un escape de aire los había asfixiado con extraordinaria rapidez y precisión. No vestían traje espacial, que les hubiera salvado la vida, porque el experimento también consistía en saber qué pasaba con los astronautas que viajaban al espacio sin protección y sin oxígeno de emergencia. Además, los voluminosos trajes espaciales hubiesen reducido la tripulación a dos personas, y la idea era enviar al espacio a tres. Todo mal. El fracaso de la Soyuz 11 retrasó en dos años el programa espacial ruso, obligó a rediseñar el proyecto y las naves Soyuz y condenó a muerte a la estación espacial Salyut 1, que fue desviada de su órbita, reorientada y obligada a caer en el mar. Todo venía muy mal desde antes. La Soyuz 10 había fracasado en su misión de entrar a la Salyut 1. Se había acoplado, en abril de aquel fatídico 1971, pero su tripulación no pudo ingresar a la estación espacial. El sistema de acoplamiento se dañaba con una presión equivalente a 130 kilos, mientras que durante la maniobra de unión debía soportar entre 160 y 200 kilos. La pieza que se deformaba con el peso fue reforzada para la Soyuz 11. Esta vez - creían – “todo iba a salir bien”. Y es que todo había empezado mal. Ni Vólkov, ni Dobrovolski, ni Patsáyev debieron haber tripulado la Soyuz 11. El equipo original estaba formado por otros cosmonautas: Aleksei Leónov, Valeri Kubásov y Piotr Kolodin. Pero el 3 de junio, días antes del viaje espacial, una radiografía de Kubásov mostró una mancha en uno de sus pulmones. Los médicos temieron tuberculosis y le prohibieron volar. Según las reglas del programa espacial ruso, si se descartaba a un cosmonauta, cualquiera fuese la razón, se descartaba a la tripulación entera. Así llegaron a la Soyuz 11 Vólkov, Dobrovolski y Patsáyev. Y así salvaron la vida sus tres camaradas. Los tripulantes de Soyuz 11 se acoplaron a Salyut 1 el 7 de junio y de modo automático. La pieza rebelde que antes se deformaba, resistió y la primera parte de la hazaña estuvo cumplida. Los tres entraron a Salyut 1, encendieron el sistema de regeneración de aire y cambiaron un par de ventiladores que funcionaban a regañadientes. De inmediato sintieron un penetrante olor a humo y desde tierra se les aconsejó pasar esa primera noche en la nave espacial y no en la estación. Al día siguiente, el aire de Salyut era normal, los cosmonautas entraron como a casa, hicieron un par de maniobras de corrección orbital y orientaron los paneles de la estación hacia el Sol. En la Tierra, la prensa del mundo destacaba una nueva hazaña de la astronáutica rusa. Sin embargo, a bordo de Salyut las cosas no iban bien. Vólkov, Dobrovolski y Patsáyev no siguieron el programa de entrenamiento imprescindible para paliar los efectos de la falta de gravedad. De modo que el 9 de junio, por el sistema de televisión que enlazaba la estación con el centro de control, se les “recordó” la necesidad de realizar esos ejercicios, con el abanico de matices que el régimen soviético adjudicaba a la palabra “recordar”. Pero el reto sirvió de poco. Lo que en el control de la misión sabían, y el resto del mundo ignoraba, es que las relaciones entre los cosmonautas eran pésimas. El comandante, Dobrovolski, de 43 años con una enorme responsabilidad a cargo, entraba en fricciones constantes con Vólkov, un ingeniero de vuelos de 35 años que ya había participado de otra misión espacial, sentía que debía comandar esta y que, en cambio, había sido desplazado por un astronauta mayor, pero novato si se hubiese tenido en cuenta su propia experiencia. A las discusiones constantes entre los dos pilotos se sumaron algunos hechos extraños: el 16 de junio, un misterioso incendio en la estación Salyut 1 casi provoca una evacuación de emergencia. Y luego hubo algunas discusiones fuertes entre Dobrovolski y Vólkov por la avería del telescopio principal, con una tapa que funcionaba, como todo en aquella experiencia espacial, a tropezones. La misión se acortó. Para frenar ese clima de trinchera, las autoridades ordenaron el regreso de la Soyuz 11 el 30 de junio, cuando la fecha inicial del retorno estaba prevista para el 7 de julio, a un mes del lanzamiento. Mientras, se adelantaba la partida de la Soyuz 12 para el 20 de julio. Todo no dejaba de estar teñido de un irónico fatalismo, porque Soyuz, en ruso, significa unión. Y si algo no había en aquella tripulación, era unión. El principio de incendio en la estación espacial, y el peligro que implicaba, pareció haber serenado en parte los levantiscos ánimos de los cosmonautas. Lucharon juntos para controlar el fuego, apagaron el generador principal de oxígeno, conectaron el secundario, cambiaron los filtros del generador apagado y volvieron a encenderlo luego de seis horas de peligro. El riesgo pareció unir a los cosmonautas. En los días siguientes, no hubo más incidentes, ni técnicos, ni humanos. Patsáyeb, otro ingeniero de vuelos de 38 años, hasta se dio el gusto de plantar algunas semillas en Salyut para dar origen al primer jardín espacial de la humanidad. La única preocupación pasó a ser el estado físico de los cosmonautas. El 20 de junio evaluaron desde el control en tierra que la capacidad pulmonar de los tripulantes de la Soyuz 11 había disminuido en un treinta y tres por ciento y que los trajes Penguin de entrenamiento no funcionaban bien. Igual, los responsables de la misión decidieron el regreso de la Soyuz para que aterrizara entre el 27 y el 30 de junio porque había un récord a batir, el de permanencia en el espacio, que se cumplía, y se cumplió, el 25 de junio. Desde el 26 en adelante, todo se ciñó a los preparativos para el regreso a la Tierra. La decisión de que los cosmonautas de la Soyuz 11 no llevaran trajes espaciales se debió, únicamente, a los desmedidos e innecesarios riesgos que adoptaron los directores del programa espacial ruso. Los pesados trajes habituales reducían la posibilidad de enviar al espacio a más de dos astronautas. En lugar de rediseñar las naves, decidieron eliminar los trajes, proveedores de oxígeno en caso de emergencia, entre otras cualidades. La medida se había adoptado ya con éxito en las misiones Vosdoj y por primera vez se extendía al programa Soyuz. Le medida tuvo sus detractores, entre ellos el jefe de la Comisión de Industria Militar, Leonid Smirnov, el diseñador del sistema de control ambiental, Illiá Lavrov, y Nikolai Kamanin, jefe del cuerpo de cosmonautas soviéticos. Todos exigían que la tripulación de la Soyuz 11 llevara máscaras de oxígeno, vitales para el retorno a la Tierra. Perdieron la batalla y los tripulantes de Soyuz 11 viajaron sin máscaras y con trajes de entrenamiento. El 29 de junio los tres cosmonautas dejaron la estación espacial Salyut 1 y se metieron en la nave Soyuz 11 para regresar a Tierra. Al cerrar la escotilla un sensor dictaminó que el cierre no era hermético. Desde el control de la misión aconsejaron repetir la operación, pero recién tras varios intentos, el sensor dejó de lanzar su bip de advertencia. La Soyuz se separó de Salyut e inició su descenso. Hubo tiempo incluso para una broma. El control en tierra advirtió a los pilotos que, dada su condición física y la pérdida de masa muscular por la ingravidez, no intentarían ponerse de pie al llegar a la Tierra: tendrían que ser cargados en brazos, como bebés. El comandante Dobrovolsky soltó: “Nos vamos a sentar y a dejar que ustedes hagan todo el trabajo”. Todo sucedió, casi, según los planes. La Soyuz reingresó a la atmósfera y, a siete mil metros del suelo los paracaídas se abrieron y la nave se balanceó con elegante lentitud hacia el territorio que es hoy Kasajistán. A solo seis metros del suelo dos poderosos cohetes retropropulsores hicieron que la Soyuz se apoyara en tierra como una pluma. El equipo de rescate hizo entonces lo que había pensado el comandante Dobrovolski: abrió la escotilla para alzar a los cosmonautas como a tres bebés, para llevarlos a los helicópteros y a la gloria. Pero los tres estaban muertos. Empezó entonces una batalla desesperada por intentar volverlos a la vida: respiración boca a boca, masaje cardíaco, una batería inútil de recursos médicos en el árido suelo kazajo: los astronautas estaban muertos desde hacía media hora. Los pequeños, aunque potentes, dispositivos explosivos que habían detonado en el espacio para separar la Soyuz de la Salyut, habían abierto dos pequeñas válvulas de un milímetro de diámetro, diseñadas para que no se abrieran jamás juntas. Pero sí se abrieron, con seis segundos de diferencia. El preciado aire dentro de la Soyuz empezó a escapar. Y empezó también la agonía de los tres cosmonautas. Hasta entonces, todo marchaba normal dada la misión, a los tumbos y con buena suerte. En el momento de la separación de la nave con la estación espacial, las pulsaciones de los cosmonautas eran normales: el comandante Dobrovolski estaba en 80 por minuto, Patsáyev en 100 y Vólkov en 120. Los tres se dieron cuenta de inmediato de la fuga de aire gracias al sonido que producía el escape, y sus pulsaciones se dispararon: los electrocardiogramas de Dobrovolski dicen que había pasado de 100 a 114 y las de Vólkov de 120 a 180. Apagaron el sistema de radio para localizar la fuente del sonido y el sitio de la pérdida. La encontraron en la válvula ubicada sobre el asiento de Patsáyev. Las medidas de emergencia decían que, en veinte segundos, la pérdida debía estar controlada, pero en los entrenamientos los cosmonautas tardaban entre treinta y cuarenta segundos. La demora habría sido nada, si los cosmonautas hubiesen vestido un traje espacial que les proveyera el oxígeno faltante. Pero no, no lo tenían. Las posteriores investigaciones calcularon que veinte segundos luego de iniciada la pérdida, la presión en el interior de la nave había caído tanto que los cosmonautas debían estar ya inconscientes. A los cincuenta segundos, las pulsaciones de Pátsayev habían caído a 42 por minuto. A los ciento diez segundos, los corazones de los tres tripulantes se habían detenido. La tragedia de Soyuz hizo que, en adelante, todos los cosmonautas rusos llevaran trajes espaciales durante el despegue y aterrizaje de sus naves. Para evitar tragedias similares se instaló una unidad de control de fugas de aire, lo que disminuyó el espacio en la cápsula y obligó a tripulaciones de dos pilotos. Para volver a la tripulación de tres cosmonautas, hubo que rediseñar las naves Soyuz, que no regresaron al espacio hasta 1973. El nuevo modelo, la Soyuz T, recién se lanzó en 1980. Entretanto, la estación Salyut 1 ya no pudo recibir más cosmonautas, incluso para que le suministraran combustible, por lo que el 11 de octubre fue destruida en una entrada controlada a la atmósfera. A su vez, Dobrovolski, Patsáyev y Vólkov fueron declarados héroes nacionales, y luego de un funeral de Estado, fueron enterrados en los muros del Kremlin. La catástrofe de la Soyuz 11 sirvió para que no se volviese a repetir un accidente similar y, desde entonces, no ha muerto ningún cosmonauta a bordo de una Soyuz.

jueves, 11 de junio de 2026

COMETAS OSCUROS: ¿Extraños objetos de origen tecnológico?

En esta oportunidad, el astrofísico Avi Loeb - director del Proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa de Agujeros Negros de la Universidad de Harvard, exdirector del Instituto de Teoría y Computación del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica y exdirector del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard del 2011 al 2020, miembro del Consejo de Asesores del Presidente sobre Ciencia y Tecnología y expresidente de la Junta de Física y Astronomía de las Academias Nacionales. Autor del betseller ‘Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth’ y coautor del libro de texto ‘Life in the Cosmos’ (ambos publicados en el 2021), así como de la edición de bolsillo de su último libro, ‘Interestelar’, publicado en agosto del 2024 - nos da su opinión acerca de los cometas oscuros, misteriosos cuerpos celestes que carecen de cola y parecen asteroides, pero se mueven como cometas, y en estas características, es muy similar a 1I/'Oumuamua, que fue identificado en el 2017 como el primer objeto interestelar procedente de fuera del Sistema Solar, de los cuales afirma “que podrían ser de origen no natural”, lo cual por su interés, como ya es habitual, os presentamos traducido y entrecomillado ¿vale?: “Los cometas oscuros son una clase propuesta de curiosos híbridos entre cometas y asteroides. Estos objetos muestran aceleraciones no gravitacionales significativas, pero no presentan ningún signo de desgasificación cometaria en forma de coma o cola. El primer objeto interestelar reconocido, 1I/`Oumuamua, mostró estas características y se sugirió que pertenecía a esta clase en una publicación reciente de gran difusión. Sin embargo, basándome en su forma plana inferida y su aceleración no gravitacional, argumenté en una publicación anterior que 1I/`Oumuamua podría tener un origen tecnológico. La categorización de 1I/`Oumuamua y objetos similares del sistema solar como ‘cometas oscuros’ fue la respuesta generalizada a mi sugerencia poco convencional. Hace un año, escribí un artículo con mi investigador postdoctoral, Richard Cloete, en el que sugeríamos que el cometa oscuro denominado 2005 VL1 podría ser la nave espacial Venera 2, una misión rusa fallida a Venus lanzada en noviembre de 1965. Otro miembro de la clase propuesta de cometas oscuros en el sistema solar es 1998 KY26. La naturaleza de 1998 KY26 no es solo una cuestión académica. La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) planea aterrizar la nave espacial Hayabusa2 en este objeto en julio del 2031. En su misión original, Hayabusa2 exploró el asteroide 162173 Ryugu, de 900 metros de diámetro, en el 2018, y trajo muestras del asteroide a la Tierra en el 2020. Con combustible restante, la nave espacial fue enviada en una misión extendida hasta el 2031, cuando se espera que se encuentre con el1998 KY26. Esta será la primera vez que una misión espacial se encuentre con un objeto diminuto de 10 metros. Los astrónomos convencionales esperan que este aterrizaje revele la naturaleza de la desgasificación de un cometa oscuro. El cometa KY26 de 1998 fue observado por varios telescopios terrestres para apoyar la preparación de la misión Hayabusa2, y los resultados se publicaron en un artículo de Nature Communications del 2025. Curiosamente, este llamado «cometa oscuro» se observó brillante con una reflectancia (albedo) muy alta de 0,52 (±0,08). Su tamaño estimado de 11 (±2) metros es comparable al de una nave espacial. Además, presenta un período de rotación extremadamente corto de 5,3516 (±0,0001) minutos, lo que implica un objeto monolítico robusto, mientras que un asteroide compuesto de escombros se desintegraría bajo la fuerza centrífuga asociada. En un nuevo artículo que acabo de coescribir con los brillantes Adam Hibberd, Adam Crowl y Carlos Olea presentamos evidencia que respalda la posibilidad de que el objeto KY26 de 1998 tenga un origen tecnológico. En particular, lo identificamos como una posible reliquia de una misión rusa histórica a Marte, la sonda Phobos 1, que sufrió un fallo dos meses después de su lanzamiento en julio de 1988, debido a la carga de un comando erróneo. El 2 de septiembre de 1988, Phobos 1 dejó de transmitir señales hacia la Tierra. Esto se debió a un comando de teclado erróneo enviado involuntariamente por un técnico el 28 de agosto desde el centro de control terrestre en Yevpatoria, al omitir un guion en uno de los comandos. Esto desactivó los propulsores de actitud, lo que provocó que la nave espacial perdiera la conexión de sus paneles solares con el Sol y agotara sus baterías. Nuestro nuevo estudio demuestra que dos impulsos de velocidad propulsora (∆Vs) combinados a 1,9 kilómetros por segundo, el primero justo después de la pérdida de la misión y el segundo en mayo de 1996, permiten que las órbitas y fases de ambos cuerpos se alineen, con una separación arbitrariamente baja en el espacio velocidad-posición. También hay evidencia de que 1,9 kilómetros por segundo se encontraban dentro del rango de rendimiento de Phobos 1, que contaba con un potente propulsor autónomo basado en ácido nítrico y aminas para la inserción orbital en Marte. Nuestro análisis no puede identificar inequívocamente que 1998 KY26 sea definitivamente la sonda Phobos 1. Sin embargo, hemos demostrado cuantitativamente que: 1. Las órbitas de Phobos 1 y 1998 KY26 son similares. Ambas órbitas convergen y son estadísticamente compatibles, dada la incertidumbre en la órbita de 1998 KY 26, que está muy bien definida debido a la existencia de más de 230 observaciones de este "cometa oscuro"; 2. La diferencia entre estas dos órbitas es energéticamente compatible con la envoltura de empuje de velocidad general (∆V) disponible para Fobos 1; 3. Existe un registro histórico que respalda la hipótesis de que se aplicó un empuje de velocidad propulsora (∆V) poco después de la pérdida de la misión; 4. La misión Phobos 1 se perdió al principio del tránsito de la sonda hacia Marte, lo que permitió una gran capacidad de ∆V; 5. Los datos de observación sobre las propiedades físicas del cometa oscuro 1998 KY26 respaldan su asociación con Fobos 1. Esto incluye su pequeño tamaño, su alto albedo y su giro inusualmente grande, características que favorecen la hipótesis de que se trate de un objeto robusto en lugar de un asteroide cúmulo de escombros; 6. El cometa oscuro parece ser bastante alargado según los cambios en su magnitud aparente, como se esperaba para Fobos 1. Afortunadamente, el veredicto sobre nuestra asociación del «cometa oscuro» 1998 KY26 con la nave espacial Phobos 1 será indiscutible una vez que la misión Hayabusa2 de JAXA se acerque a él. La belleza de la ciencia reside en que las hipótesis pueden someterse a pruebas experimentales sin lugar a dudas. Por eso, el Vaticano reconoció públicamente en 1992 que Galileo Galilei tenía razón y que el Sol no gira alrededor de la Tierra como afirmaron durante siglos. Me pregunto si la mayoría de los expertos en cometas admitirán que 1I/`Oumuamua podría no haber sido un «cometa oscuro» natural si se demuestra, sin lugar a dudas, que el 1998 KY26 es de origen tecnológico. Mi petición a la comunidad científica especializada en cometas es sencilla: amplíen sus conjuntos de datos de entrenamiento para incluir no solo rocas e icebergs, sino también los objetos espaciales lanzados por humanos en los últimos 69 años. Al fin y al cabo, sabemos que la veracidad de las afirmaciones de los sistemas de IA depende en gran medida de la amplitud de sus conjuntos de datos de entrenamiento. Por eso, Estados Unidos invirtió en el 2026 más de 700 mil millones de dólares en centros de datos para el entrenamiento de sistemas de IA. La base de datos de todos los objetos espaciales lanzados por humanos es una adición bastante modesta a todos los asteroides y cometas que conocemos. ¿Es mucho pedir que las evaluaciones de los expertos en cometas también se basen en ella? Para terminar, el 17 de septiembre del 2020, el telescopio Pan-STARRS 1 - el mismo que descubrió 1I/`Oumuamua - identificó otro objeto cercano a la Tierra que mostraba aceleración no gravitacional sin cola de cometa. Naturalmente, este objeto, denominado 2020 SO, habría sido clasificado como otro «cometa oscuro». Sin embargo, un análisis espectroscópico posterior realizado por el Telescopio Infrarrojo de la NASA reveló que su espectro se asemeja al del acero inoxidable, confirmando que se trata de la etapa superior Centaur utilizada para lanzar en septiembre de 1966 la sonda Surveyor 2 hacia la Luna. La presión de la radiación solar alejó al 2020 SO del Sol, el mismo mecanismo que propuse en una publicación del 2018 como la causa de la aceleración no gravitacional de 1I/`Oumuamua. Sabemos que el 2020 SO tiene un origen tecnológico porque nosotros lo lanzamos. La pregunta que queda es: ¿quién lanzó 1I/`Oumuamua?” puntualizo.

jueves, 4 de junio de 2026

OCULTAS EN SUS PROFUNDIDADES: Un exespía psíquico de la CIA revela la ubicación de bases alienígenas en la Tierra

Un antiguo «espía psíquico» del ejército de los Estados Unidos ha desatado una intensa oleada de teorías al revelar las ubicaciones de cuatro bases alienígenas operando en nuestro planeta, según da cuenta The Daily Mirror. En efecto, Lyn Buchanan, un veterano retirado de la inteligencia militar, detalló en el pódcast American Alchemy que estas instalaciones se encuentran ocultas en profundidades montañosas y funcionan como centros de espionaje, talleres de reparación de OVNIS y puntos de entrada extraterrestre. Ante todo, cabe precisar que Buchanan formó parte de un programa clasificado de la Guerra Fría que investigaba si la conciencia humana podía emplearse para recopilar información a larga distancia, una disciplina conocida como “visión remota”. Su tarea específica dentro del proyecto consistía en monitorear y realizar un seguimiento de dichos complejos subterráneos. Según el relato del veterano exespía, estas bases fueron detectadas originalmente en 1973 por Pat Price, un exoficial de policía que se convirtió en uno de los primeros participantes de estos programas gubernamentales. Más tarde, la CIA puso en marcha el Proyecto 8200 con el objetivo de comprobar si otros espías psíquicos independientes podían corroborar los extraordinarios hallazgos de Price. El desglose de los objetivos asignados a Buchanan incluye cuatro puntos geográficos estratégicos: el monte Hayes en Alaska, el monte Zeil en Australia, el monte Nyangani en Zimbabwe y la cordillera de los Pirineos, en la frontera entre España y Francia. Cada uno de estos lugares cumpliría una función completamente distinta dentro de la aparente red logística extraterrestre. El monte Hayes, en Alaska, fue descrito como un centro de vigilancia global dedicado a monitorear la actividad humana. Al ser consultado sobre su propósito, Buchanan explicó: “Mantener inteligencia sobre la Tierra... solo recopilar datos, señales y todo eso”. Asimismo, el exespía señaló que visores previos informaron haber visto a personal mixto en el lugar: “Price y Joe McMoneagle habían encontrado a alienígenas y humanos trabajando codo con codo en una especie de centro de recopilación de inteligencia” añadió. Sin embargo, cuando él mismo inspeccionó la zona de manera psíquica en años posteriores, la situación había cambiado: “Investigué el monte Hayes y descubrí que el equipo ahora estaba automatizado y seguía funcionando, pero ya no había necesidad de personal allí”. La instalación se encontraría a gran profundidad, lo que haría casi imposible su localización por medios convencionales. Por su parte, el monte Zeil, ubicado en el Territorio del Norte de Australia, funcionaría como un centro de transporte para visitantes de otros mundos. El veterano lo comparó con un aeropuerto moderno: “El monte Zeil es una especie de puerto de entrada a la Tierra al que van los amistosos y, desde allí, se despliegan por todo el mundo”. De acuerdo con sus bocetos, la estructura cuenta con varios niveles; el superior sirve como muelle de acoplamiento para las naves y el inferior se destina a labores de mantenimiento. Durante su sesión de observación, Buchanan afirmó que los residentes notaron su presencia espiritual: “Lo primero que pasó fue que me hicieron saber que sabían que yo estaba allí y que estaba bien”. En ese mismo recorrido mental, el militar registró una escena inusual: “En el área por donde entran y salen los viajeros, vi a una hembra gris con un bebé gris”. La tercera base se localiza en el monte Nyangani, en Zimbabwe, y destaca por ser un taller mecánico. Ante la pregunta de qué se reparaba en ese sitio, el entrevistado fue directo: “Para extraterrestres. Para OVNIS”. Buchanan advirtió que este enclave cuenta con fuertes medidas de seguridad y lo vinculó con las misteriosas desapariciones de excursionistas en la región. Su hipótesis sobre quienes descubren estos secretos es severa: “Si ves demasiado. Desapareces”. Según sus análisis, los intrusos se enfrentan a la opción de morir o integrarse como mano de obra interna. Finalmente, la cuarta instalación se ubicaría en los Pirineos, entre España y Francia, aunque Buchanan admitió no tener detalles de primera mano sobre este sector: “Nunca investigué la de los Pirineos, así que no estoy seguro de ella”. Por cierto, a pesar de la naturaleza insólita de estas afirmaciones, el exmilitar defendió la consistencia de sus informes, destacando que los ejercicios se realizaban bajo estrictos protocolos de aislamiento de información. “Miren, hice todo esto a ciegas”, aclaró, explicando que nunca conoció la identidad de los objetivos antes de las sesiones. Al finalizar sus observaciones, sus dibujos coincidieron con una precisión milimétrica con los mapas trazados por Pat Price décadas atrás. Hasta la fecha, no existe evidencia pública que respalde la existencia de estas bases y las declaraciones de Buchanan carecen de verificación independiente. Estas prácticas formaron parte del Proyecto Stargate de la CIA, una iniciativa iniciada en la década de 1970 para reclutar talentos psíquicos con fines militares. El proyecto fue cancelado definitivamente en 1995 tras determinarse que “no era científicamente fiable ni operativo para la recopilación de inteligencia estratégica”. O, por el contrario - lo cual es mas probable - los resultados de esas investigaciones prefieren seguir manteniéndolos en secreto.

jueves, 28 de mayo de 2026

ESCALOFRIANTE REVELACIÓN: “EE.UU. oculta restos biológicos de 4 especies extraterrestres”

El doctor Hal Puthoff, un reconocido físico cuántico y exasesor gubernamental financiado en su momento por la CIA, ha afirmado recientemente que “diversos especímenes fueron recuperados a partir de accidentes de objetos voladores no identificados, pero que el Gobierno estadounidense los mantiene en secreto”. La sorprendente declaración tuvo lugar durante su participación en el popular pódcast The Diary of a CEO, conducido por Steve Bartlett, donde Puthoff estuvo acompañado por Dan Farah, director del reciente documental The Age of Disclosure. Durante la entrevista, el científico de 89 años explicó que, aunque no ha tenido acceso directo a los cuerpos, confía plenamente en los testimonios de primera mano de sus fuentes. “Las personas que han estado involucradas en las recuperaciones han dicho que hay al menos cuatro tipos. Cuatro tipos separados”, aseguró el físico egresado de Stanford. Aunque Puthoff no ofreció detalles específicos sobre la fisonomía de estas criaturas, los datos coinciden con las declaraciones de su colaborador cercano, el doctor Eric Davis. Como recordareis. el año pasado, Davis detalló ante miembros del Congreso estadounidense que “las especies recuperadas corresponden a las clasificaciones conocidas popularmente como grises, nórdicos, insectoides y reptilianos”. Según The New York Post, Davis citó que todas estas especies comparten una morfología humanoide básica, provista de dos brazos y dos piernas. Los llamados nórdicos y reptilianos tendrían una estatura promedio de 1,80 metros. Los primeros se asemejan notablemente a los humanos del norte de Europa, mientras que los segundos poseen piel escamosa, cola larga y caminan erguidos. Por su parte, los grises responden a la clásica imagen cinematográfica de baja estatura y grandes ojos, mientras que los insectoides presentan rasgos similares a los de una mantis religiosa. El científico sostuvo que podrían ser los operadores de naves no identificadas que, según sus declaraciones, Estados Unidos habría intentado mantener en secreto. Davis ya había revelado en el 2020 que entregó al Pentágono información clasificada sobre materiales recuperados de origen no humano, con propiedades y tecnología imposibles de replicar con la ciencia actual. Incluso aseguró que superaban ampliamente las capacidades tecnológicas de la humanidad. En tanto, el congresista Eric Burlison, miembro del Comité de Supervisión y del grupo de Fenómenos Aéreos No Identificados, confirmó que ya había escuchado esas cuatro clasificaciones en reuniones privadas. Sin embargo, dijo que le sorprendió escucharlas públicamente de un científico tan respetado. "Si esto es cierto, sería un momento decisivo para la humanidad", expresó Burlison, quien reclamó que el Gobierno no tiene derecho a ocultar un secreto de tal magnitud. Aunque Burlison reconoció que muchos pensarán que se trata de ideas descabelladas, aseguró que tiene la responsabilidad de llegar al fondo del asunto. "El Gobierno pertenece al pueblo, no al revés", enfatizó. Estas revelaciones se suman a un contexto de creciente apertura institucional en Washington. El exoficial de inteligencia de la Fuerza Aérea, David Grusch, ya había declarado bajo juramento ante el Congreso en el 2023 que el país custodiaba “biologías no humanas”. A esto se añade la reciente y polémica desclasificación de cientos de archivos confidenciales aprobada por la administración de Donald Trump, lo que ha reavivado un debate oculto durante décadas. Como sabéis, el gobierno de EE.UU. ordenó la difusión de descubrimientos de fenómenos aéreos no identificados, por lo que el Pentágono publicó el viernes pasado un segundo lote de documentos. Por su parte, el cineasta Dan Farah reveló en el mismo programa las enormes presiones y los temores reales que enfrentan quienes custodian estos secretos. Farah relató que varios miembros de misiones de recuperación hablaron con él bajo estricto anonimato, pero se negaron rotundamente a aparecer frente a las cámaras por miedo a represalias extremas. El director compartió el escalofriante mensaje de texto que recibió de un alto mando de las fuerzas especiales pocos días antes de filmar su testimonio: “Luego de una mayor consideración y largas conversaciones con mi esposa, decidí que estaría perdiendo mi vida si participaba en tu entrevista”. Farrah agrego que altos funcionarios de inteligencia que participaron en su nuevo documental le revelaron que “efectivamente se recuperaron cuerpos no humanos de diversos ovnis estrellados”. Tampoco dio mayores detalles, pero aseguró que las especies recuperadas a lo largo de los años no son todas del mismo tipo. De acuerdo con los invitados, el hermetismo histórico en torno a este fenómeno responde a una estrategia militar surgida en la Guerra Fría. El temor a que potencias rivales como China o Rusia tomen ventaja en la ingeniería inversa de tecnología no humana obligó a mantener un secreto absoluto que, según denuncian, ha durado más de ochenta años. Pero pese a las afirmaciones de exfuncionarios e investigadores, el Pentágono mantiene oficialmente que no existe “evidencia verificable” de vida extraterrestre ni de tecnología alienígena en posesión del gobierno estadounidense. El debate sobre los llamados fenómenos anómalos no identificados ha ganado atención en los últimos años, especialmente tras audiencias en el Congreso y pedidos de mayor transparencia por parte de legisladores estadounidenses. En tanto, desde la perspectiva de la ciencia oficial, las afirmaciones - afirman - “carecen de sustento verificable”. Científicos e investigadores de prestigio, como el astrofísico de la Universidad de Harvard Avi Loeb, mantienen una postura escéptica frente a este tipo de testimonios orales y de archivos clasificados. Loeb ha señalado firmemente que, hasta el momento, ningún informe o declaración cuenta con la evidencia física, pública y reproducible necesaria para ser validada por la comunidad científica abierta, aunque claro, está consciente que el gobierno de los EE.UU. oculta información a los ciudadanos. “Esperemos que lo realmente importante salga a la luz algún día y no conformarnos con algún borroso video o una antigua fotografía que bien puede ser retocada o fabricada por la IA, como lo están presentando ahora” manifestó.

jueves, 21 de mayo de 2026

ALIENIGENAS ANCESTRALES: ¿Bases extraterrestres en Tritón?

Hace casi 37 años, el 25 de agosto de 1989, la Voyager 2 de la NASA sobrevoló Neptuno, para dar a la humanidad el primer acercamiento al octavo planeta de nuestro Sistema Solar. En ese tiempo, la nave espacial fue la única que llegó tan lejos, y dejó en esa misión muchas preguntas sin respuesta, algunas de ellas relacionadas con la misteriosa Tritón, la luna más grande de este lejano planeta. Según afirmaciones de la NASA, “las vistas eran igual de impresionantes como desconcertantes, revelando enormes y oscuras columnas de material helado que salían de su superficie”. Las imágenes mostraron que el paisaje de esta luna estaba formado por una superficie de hielo “joven”, que había resurgido una y otra vez con material fresco. La agencia espacial se preguntó entonces - y sigue preguntándose al día de hoy - ¿cómo es posible que una luna antigua, que se encuentra seis veces más lejos del Sol que Júpiter, 30 veces más lejos de esta estrella que la Tierra, pueda seguir aún activa? Los investigadores no descartan la posibilidad de que haya “algo” en su interior, que sea lo suficientemente cálido como para impulsar esta actividad. “Luego de 13 años de volar a través del Sistema Solar, podemos deslizarnos con confianza por el borde superior de la atmósfera de Tritón, lo cual fue bastante alucinante”, indicaba William Frazier de Jet Propulsion Laboratory (JLP), uno de los ingenieros de sistemas de proyectos de Trident, que ha sido denominada de esta forma en honor a la lanza de tres puntas que portaba el antiguo Neptuno, dios romano del mar. Cabe precisar que la densidad de Tritón es bastante alta y se sospecha que esta luna tiene un gran núcleo de roca de silicato y un océano líquido que se forma entre el núcleo rocoso y la capa de hielo de su parte externa. La superficie, que apenas tiene cráteres visibles, es notablemente joven, geológicamente hablando, y se calcula que podría tener 10 millones de años, en un Sistema Solar de 4.600 millones de años. La misteriosa luna cuenta también con una atmósfera inusual, ya que está llena de partículas cargadas, por lo que su ionosfera está 10 veces más activa que la de cualquier otra luna del Sistema Solar. Generalmente, las ionosferas están cargadas por la energía solar, pero, como Neptuno y su satélite se encuentran tan lejos del Sol, esta luna debe estar funcionando con alguna otra fuente de energía. Cabe destacar, como curiosidad, que Neptuno - descubierto en 1846 - tarda 165 años terrestres en completar una órbita alrededor del Sol. Según informa la NASA, la nave espacial llevaría un instrumento para sondear el campo magnético de Tritón, con el objetivo de si alberga dentro de sí un océano, aunque también investigarían su extraña ionosfera, su atmósfera rica en materia orgánica y las características extrañas de su superficie. Por cierto, el polémico ufólogo Scott Waring sorprendió con nuevas declaraciones sobre posible base extraterrestre en Tritón, que orbita Neptuno en la dirección contraria a la de la rotación del planeta, el cual posee 15 satélites, de los que los mayores son Titania (1600km de diámetro), Oberón (1600 km), Ariel (1300 km), Umbriel (1100 km) y Miranda (300km), uno de los objetos de aspecto más extraño del Sistema Solar. Sin embargo, Tritón es la que más ha llamado la atención a los científicos. Es una luna muy fría, de delgada atmósfera y con géiseres que lanzan material helado. El hecho de que esta luna está compuesta mayormente de hielo sugiere una cierta ruta para su evolución. Waring, editor del blog UFO Sightings Daily, explicó que, en la luna de Neptuno, Tritón, existen bases extraterrestres, y está convencido de que el vídeo obtenido por la NASA, muestra esas misteriosas estructuras: “Existen muy pocas fotos de esta luna, por lo que tener algo tan cerca es simplemente alucinante. Las estructuras negras parecen ser un material no reflectante parecido al sigilo, por lo que el radar no puede detectarlas. He encontrado estructuras en cada planeta y luna en nuestro sistema solar. Este es un gran ejemplo de las estructuras negras de las que suelo hablar. Las otras dos son las estructuras de cerámica blanca y las estructuras grises (alrededor de un 90% más pequeñas que las estructuras negras o blancas, pero a menudo unidas a ellas con túneles negros) metálicas con ángulos rectos” asevero. Aún no existen evidencias certeras sobre Tritón, pero al existir tanta cantidad de hielo, la vida es un factor que va en crecimiento, y no se descarta que exista vida, ya que su sistema “solar” es muy parecido al de la Tierra. Por otra parte, con las nuevas hipótesis de los expertos, la NASA planea viajar nuevamente a ese remoto sitio del universo, mediante una tecnología más avanzada. Es la Misión Trident, que tiene como objetivo desentrañar los misterios de Tritón y cuyo lanzamiento está previsto para octubre de este año, aprovechando una alineación que sucede una vez cada trece años, cuando la Tierra está correctamente alineada con Júpiter. La sonda espacial utilizaría la atracción gravitacional del gigante gaseoso como una honda directa a Tritón para ir a su encuentro en el 2038. ¿Qué sorpresas nos estarán aguardando?