TIEMPOS DEL MUNDO
jueves, 19 de febrero de 2026
DESDE LOS ELOHIM HASTA LOS NEPHILIM: En busca de los ángeles caídos
Desde tiempos inmemoriales, las antiguas escrituras han hablado de seres extraordinarios que caminaron entre los hombres. Dos de estos nombres resuenan con especial fuerza: los Nephilim y los Elohim. ¿Quiénes fueron? ¿Fueron ángeles caídos, dioses, o algo más? En esta ocasión exploraremos su posible origen y significado en los textos antiguos. Como sabéis, el término Nephilim aparece en la Biblia en Génesis 6:4, donde se menciona que estos seres eran el fruto de la unión entre los «hijos de Dios» (Bene Elohim) y las hijas de los hombres. Aunque tradicionalmente se les ha traducido como «gigantes», estudios más recientes sugieren que la palabra proviene del hebreo nephal, que significa ‘caer’ o ‘ser derribado’. Así, los Nephilim podrían interpretarse como ‘los caídos’, lo que ha llevado a algunas teorías a vincularlos con los ángeles rebeldes. El Libro de Enoc, un texto apócrifo, amplía esta narrativa al describir a los Vigilantes (Grigori en griego), un grupo de ángeles que descendieron a la Tierra y tomaron mujeres humanas, engendrando una raza híbrida de gigantes violentos. Se dice que estos seres, dotados de un conocimiento prohibido, enseñaron a la humanidad diversos secretos, desde la metalurgia hasta la magia. Sin embargo, su corrupción llevó a Dios a enviar el Gran Diluvio para purgar la Tierra de su influencia. Aunque el Diluvio buscó erradicarlos, la Biblia sugiere que los Nephilim reaparecieron posteriormente, mencionándolos en Números 13:33 cuando los exploradores de Moisés se encuentran con los descendientes de Anak, descritos como gigantes. Algunas teorías sugieren que ciertos Nephilim escaparon o que su linaje continuó de alguna manera en los pueblos posteriores. Al respecto, el Libro de Enoc 6:1-2 describe el «pecado» que llevó a la caída de los Vigilantes de la siguiente manera: «Y aconteció que cuando los hijos de los hombres se multiplicaron, en aquellos días nacieron hijas hermosas y atractivas. Y los ángeles, hijos del cielo, las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: “Vayamos, escojamos mujeres de entre los hijos de los hombres y engendremos hijos con ellas”». El líder de estos ángeles caídos fue Samyaza, quien convenció a otros doscientos ángeles para unirse a él. Como castigo, Dios los encadenó en el Tártaro, según Enoc 10:12-13: «Encadénalos por setenta generaciones en los valles de la Tierra, hasta el día de su juicio y consumación». En la Biblia canónica, su mención es más ambigua, pero hay referencias indirectas en pasajes como Judas 1:6: «Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, hasta el juicio del gran día». Por su parte, el término Elohim es una palabra hebrea que aparece miles de veces en el Antiguo Testamento. Aunque se usa para referirse a Dios en singular, su forma es plural, lo que ha llevado a interpretaciones que van desde la majestuosidad divina hasta la existencia de múltiples deidades o seres celestiales. En algunos pasajes, la palabra se usa para referirse al Dios único del judaísmo, Yahvé, mientras que en otros parece aludir a un conjunto de seres divinos. De hecho, en Génesis 1:26, se dice: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza», lo que sugiere una pluralidad de entidades. Los Bene Elohim o ‘hijos de Dios’ mencionados en Génesis 6:4 han sido interpretados por algunos como ángeles o seres celestiales. Mientras que en la Biblia el término Elohim generalmente se usa para Dios, ciertos textos apócrifos describen a los Elohim como una categoría más amplia de seres divinos, dentro de los cuales algunos Vigilantes habrían descendido y engendrado a los Nephilim. En resumen, los Elohim pueden entenderse como una categoría general de seres divinos, que en ciertos contextos representa a Dios y en otros a múltiples entidades. Los Nephilim, por otro lado, eran los híbridos nacidos de la unión entre los Bene Elohim - interpretados como ángeles caídos o Vigilantes - y las mujeres humanas. Por cierto, a lgunas teorías modernas, influidas por la hipótesis de los antiguos astronautas, sugieren que estos seres no eran dioses ni ángeles divinos, sino visitantes de otros mundos que influenciaron el desarrollo de la humanidad. De hecho, la mención de unas inteligencias superiores que vigilan exclusivamente a la humanidad podría aludir a que somos un experimento que debía - ¿o debe? - ser monitoreado. Y si bien esta hipótesis sigue siendo especulativa, lo cierto es que la persistente mención de estas entidades en escrituras y mitologías indica que su impacto fue mayor de lo que imaginamos. Por ejemplo, muchas culturas antiguas tienen relatos similares de seres divinos que descendieron del cielo para interactuar con los humanos. En la mitología sumeria, los Anunnaki eran deidades que supuestamente influenciaron el desarrollo de la civilización. En la mitología griega, los Titanes y los dioses del Olimpo también se mezclaron con los mortales, dando lugar a héroes semidivinos como Hércules. En el nuevo mundo, los mitos de los Incas, Mayas y Aztecas relatan la llegada de dioses que enseñaron a la humanidad conocimientos avanzados. Estas similitudes sugieren que la historia de los Nephilim y los Vigilantes pudo haber sido reinterpretada a lo largo de distintas culturas que no tuvieron contacto entre sí. En conclusión y como podéis imaginar, los Nephilim y los Elohim han sido objeto de fascinación y debate durante siglos. Mientras que los Elohim pueden representar tanto a Dios como a una pluralidad de seres divinos, los Nephilim son el resultado de la interacción entre ciertos Elohim (los Bene Elohim o Vigilantes) y los humanos. ¿Eran ángeles caídos, dioses, extraterrestres o simplemente metáforas de poder y corrupción? La respuesta sigue siendo un misterio. No obstante, más allá de las diversas interpretaciones, la persistente presencia de estos seres en antiguas tradiciones nos lleva a preguntarnos si, en el fondo, representan el vestigio de una verdad oculta sobre nuestros orígenes y el propósito de nuestra existencia.
jueves, 12 de febrero de 2026
PARACELSUS C: ¿Estructuras artificiales en el lado oculto de la Luna?
La probabilidad de que existan estructuras artificiales en la superficie lunar supera el 50 %. No lo afirma un divulgador entusiasta ni un veterano de la ufología clásica, sino el físico teórico Maaneli “Max” Derakhshani, investigador vinculado a la Universidad de Utrecht, que ha decidido poner cifras - y método científico -a una sospecha que lleva décadas orbitando alrededor de la Luna. En efecto, Derakhshani sostiene que determinadas formaciones detectadas en la superficie lunar no encajan en ningún modelo geológico estándar conocido y deberían ser consideradas seriamente como posibles tecnofirmas, es decir, huellas materiales de una tecnología avanzada no humana. Su afirmación no es retórica: está respaldada por un estudio técnico publicado en TSI Journals, accesible públicamente, titulado Image Analysis of Unusual Structures on the Far Side of the Moon in the Crater Paracelsus C. El trabajo en cuestión se centra en el cráter Paracelsus C, situado en la cara oculta de la Luna, una región históricamente menos observada desde la Tierra y, por tanto, más dependiente de datos orbitales. Para su análisis, el equipo empleó inteligencia artificial aplicada al estudio de imágenes obtenidas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), detectando estructuras con ángulos rectos perfectamente definidos, algo extremadamente raro - cuando no problemático - en un entorno formado exclusivamente por impactos, fracturas y erosión micrometeorítica. Las dimensiones de algunas de estas formaciones resultan especialmente llamativas. Según el estudio, hay elementos que alcanzan los 30 metros de altura y superan los 100 metros de diámetro, incluyendo una estructura claramente identificable en forma de “T”, cuya geometría, en palabras del propio Derakhshani, no puede explicarse únicamente mediante procesos naturales conocidos. No se trata de simples sombras caprichosas o efectos de iluminación rasante: el análisis computacional refuerza la persistencia y coherencia geométrica de las formas. Conviene recordar qué instrumento está detrás de estas imágenes. La Lunar Reconnaissance Orbiter lleva estudiando la Luna de manera ininterrumpida desde el 2009, lo que la convierte en la misión orbital lunar más longeva de la historia. Sus sensores han cartografiado la superficie con un nivel de detalle sin precedentes, midiendo temperatura, composición mineral y entorno de radiación con una precisión extraordinaria. La propia NASA detalla sus capacidades y objetivos en su página oficial. Y aquí surge la pregunta incómoda. Si disponemos de datos de altísima resolución, si un análisis independiente detecta patrones geométricos anómalos y si un físico teórico de primer nivel sitúa la probabilidad de artificialidad por encima del 50 %, ¿por qué no existe una evaluación oficial clara y transparente de estos hallazgos? Es en este punto donde el titular cobra todo su sentido. Derakhshani apunta a que muchas de las imágenes lunares difundidas públicamente aparecen difuminadas, suavizadas o degradadas en zonas concretas. No sería una decisión arbitraria. La Ley Espacial de 1958, que rige el funcionamiento de la NASA, establece que cualquier descubrimiento que pueda afectar a la seguridad nacional de Estados Unidos debe ser clasificado. Si una anomalía en la Luna se interpreta - aunque solo sea potencialmente - como evidencia de tecnología no humana, el encaje “legal” para su ocultamiento al público existe. Esta sospecha no surge en el vacío. Ya en los años setenta, Donna Hare, ex empleada de la NASA, aseguró haber visto fotografías de alta resolución de OVNIS y objetos anómalos en misiones espaciales que nunca llegaron al dominio público, porque eran interceptadas antes de su publicación. Pasado unas décadas de ello, el hacker Gary McKinnon afirmó haber accedido a imágenes sin retocar donde aparecían objetos no identificados y referencias a naves “no registradas”, que posteriormente desaparecían de los archivos accesibles. Tres elementos distintos, separados en el tiempo, pero con un patrón común: la existencia de material original más claro, más definido y más comprometedor que el que finalmente se hace público. Como sabéis, la Luna siempre se nos ha querido presentar como un cuerpo muerto, completamente conocido, sin secretos relevantes. Sin embargo, el trabajo de Derakhshani introduce una grieta seria en ese relato. No afirma que haya bases extraterrestres activas ni civilizaciones lunares ocultas, pero sí algo quizá más perturbador: que podrían existir restos, estructuras o evidencias tecnológicas antiguas que no encajan en la historia oficial de un satélite “estéril”. Además, se ha confirmado la presencia de nanotubos de carbono de pared simple en el suelo lunar. Este es un material extremadamente avanzado que, en la Tierra, requiere procesos de fabricación controlados y no aparece de forma natural. La reticencia a informar sobre estos temas podría estar ligada al informe de la Institución Brookings de 1960. En aquel entonces, se advirtió a la NASA que “el contacto con una tecnología superior podría desestabilizar a la sociedad humana”. Sin embargo, Derakhshani cree que el mundo está listo para la verdad. A medida que las misiones Artemis intentan superar sus fallos técnicos, el secreto sobre lo que realmente hay en la Luna parece tener los días contados. ¿Estamos ante simples rocas extrañas o ante las ruinas de una presencia antigua? La respuesta podría estar esperándonos en el lado oculto, mucho antes de lo que las agencias oficiales están dispuestas a admitir.
jueves, 5 de febrero de 2026
ATRAPADOS EN SUS MUNDOS: ¿Existen civilizaciones alienígenas que no pueden escapar de ellos?
La evolución ha dado lugar a una asombrosa variedad de formas de vida aquí en la Tierra, con nosotros, habiendo llegado a la cima y construyendo una civilización espacial. Pero, ¿qué sucede en otros planetas? Si la especie dominante en un mundo oceánico construye alguna forma de civilización tecnológica, ¿podría escapar de su hogar acuático y explorar el espacio? La ecuación de Drake es una fórmula propuesta por el astrofísico y radioastrónomo Frank Drake en 1961, diseñada para estimar el número probable de civilizaciones extraterrestres en nuestra galaxia, la Vía Láctea, que podrían comunicarse con señales de radio. Algunas de las variables en la ecuación son la tasa de formación de estrellas, el número de planetas alrededor de esas estrellas y la fracción de planetas que podrían albergar vida y en los cuales la vida podría evolucionar para convertirse en una inteligencia extraterrestre. Ahora, en nuevo artículo publicado en el Journal of the British Interplanetary Society, ha introducido dos nuevos conceptos a la misma: el factor de escape de exoplanetas y los mundos pecera. Por cierto, los planetas de diferentes masas tienen velocidades de escape diferentes. La velocidad de escape de la Tierra es de 11.2 km/s (kilómetros por segundo), que es más de 40.000 km/h. La velocidad de escape es para objetos balísticos sin propulsión, así que nuestras naves espaciales no viajan realmente a 40.000 km/h. Pero la velocidad de escape es útil para comparar diferentes planetas porque es independiente del vehículo utilizado y su propulsión. Las supertierras tienen masas y velocidades de escape mucho mayores. Aunque no hay una definición exacta de la masa de una supertierra, muchas fuentes utilizan el límite superior de 10 masas terrestres para definirlas. Por lo tanto, una inteligencia extraterrestre en uno de estos mundos enfrentaría un conjunto diferente de condiciones que nosotros aquí en nuestro planeta cuando se trata de viajar por el espacio. El artículo implementa el factor de escape de exoplanetas (Fex) y la velocidad de escape de exoplanetas (Vex). Trabajando con ellos, obtiene una muestra de velocidades de escape para algunos exoplanetas conocidos. Cabe destacar que la composición de los planetas no es crítica, solo sus masas. El autor del citado artículo señala que un planeta con un valor de Fex <0.4 tendría dificultades para retener cualquier atmósfera, haciendo la vida improbable. Por el contrario, un valor de Fex >2.2 haría poco probable el viaje espacial. “Valores de Fex >2.2 harían poco probable el viaje espacial para los habitantes del exoplaneta: no podrían abandonar el planeta utilizando ninguna cantidad concebible de combustible, ni una estructura de cohete viable resistiría las presiones involucradas en el proceso, al menos con los materiales que conocemos (hasta donde sabemos, la misma tabla periódica de elementos y las mismas combinaciones de ellos gobiernan todo el universo)”, escribe. “Podría ser, por lo tanto, que una especie inteligente en estos planetas nunca pueda viajar al espacio debido a una pura imposibilidad física. De hecho, es posible que nunca conciban la idea de algún tipo de viaje espacial en absoluto”. Obviamente, la exploración espacial no es de sentido único. Los astronautas deben regresar del espacio, y la masa de un planeta afecta eso. La reentrada impone sus propias dificultades en una supertierra diez veces más masiva que nuestro planeta. La densidad atmosférica también juega un papel. Una nave espacial necesita controlar su velocidad y el calentamiento por fricción al reentrar, y eso es más difícil en un planeta más masivo, al igual que escapar. El autor también habla sobre la idea de “los mundos pecera”. Estos son los planetas con un Fex mayor de 2.2 desde los cuales la escape es físicamente imposible. ¿Cómo sería la vida para una especie inteligente en un mundo pecera? En su investigación, el autor nos invita a especular con un guiño a la ciencia ficción, imaginando un mundo oceánico que alberga a una especie inteligente. “En un entorno fluido, la comunicación no asistida viaja mucho más lejos que en una atmósfera como la de la Tierra. Las señales no asistidas podrían viajar durante cientos de kilómetros”, explica. En un entorno así, “... la comunicación entre individuos podría ser factible sin la necesidad de dispositivos de comunicación”, añade. Entonces, el impulso para desarrollar tecnologías de comunicación podría no estar presente. En ese caso, la tecnología podría no haberse desarrollado y la civilización podría no considerarse ‘comunicativa’ en absoluto, una de las claves para la definición de una inteligencia extraterrestre. “La tecnología de telecomunicaciones podría nunca surgir en un mundo así, aunque podría ser el hogar de una civilización completamente desarrollada”, señala el profesor. “Dicha civilización no sería ‘comunicativa’ y no se contemplaría en la ecuación de Drake”. Otras circunstancias podrían atrapar efectivamente a las civilizaciones en sus mundos natales. En un planeta con una cobertura de nubes continua e ininterrumpida, el cielo estrellado nunca sería visible. ¿Cómo afectaría eso a una civilización? ¿Puedes maravillarte de las estrellas si no puedes verlas y no sabes que están ahí? Claro que no. Algo similar ocurre en un sistema estelar binario sin noche. “Las estrellas nunca serían visibles y nunca serían objetos y fuentes de asombro. Los mundos oceánicos presentan un dilema similar. En mundos o lunas con océanos cálidos y capas de hielo congelado de varios kilómetros de espesor como Europa, los habitantes tendrían vistas extremadamente limitadas del universo que habitan. Es difícil imaginar que surja una civilización tecnológica en un océano bajo varios kilómetros de hielo. Pero no estamos en posición de juzgar si eso es posible o no” añade. El factor de escape de exoplanetas (Fex) puede ayudarnos a imaginar qué tipos de mundos podrían albergar inteligencias extraterrestres. Puede ayudarnos a anticipar los factores que evitan o al menos inhiben los viajes espaciales y agrega más complejidad a la ecuación de Drake. Nos lleva a la idea de los mundos pecera, planetas inescapables que podrían mantener a una civilización atada a su planeta para siempre. Sin la capacidad de salir alguna vez de su planeta y explorar sus sistemas solares, y sin la capacidad de comunicarse más allá de sus mundos, ¿podrían surgir y caer civilizaciones enteras sin nunca conocer el universo del cual formaban parte? ¿Podría suceder justo bajo nuestras narices, por así decirlo, y nunca lo sabríamos? Y más importante aún, ¿qué tan afortunados somos de poder contemplar el cosmos como lo hacemos para plantearnos este tipo de escenarios extraterrestres?
jueves, 29 de enero de 2026
EL APOCALIPSIS DE TRUMP: El Anticristo que busca destruir al mundo
Llamar Anticristo a una persona es, en esencia, declararla la encarnación de Satanás. Y esa definición le cae ahora como anillo al dedo a Donald Trump, quien, con sus demenciales intentos de apoderarse del mundo, busca desatar una conflagración nuclear que acabe con la humanidad. Es más, su abierta propensión a actuar al margen de la ley, declarando de que ‘no necesito el derecho internacional’ sino los dictados de mi ‘propia conciencia’ es propia la de un dictador, no de un presidente democrático. Trump actúa con esa misma arbitrariedad hacia sus propios conciudadanos, tal como ha sucedido con Renee Nicole Good, asesinada de un balazo por la policía migratoria, sin que el caso fuera debidamente investigado por el FBI. Trump ha ordenado al ejército federal intervenir en algunos Estados, sin consultar con sus gobernadores, algo sin precedentes en la historia de los EE.UU. elevando las tensiones ahora que se vienen las elecciones intermedias que tienen lugar a mitad de su mandato, las cuales ha dicho que “no deberían realizarse” porque sabe que perderá por amplio margen y podría ser destituido por un congreso opositor. Lo más peligroso es la lealtad absoluta que exige a sus seguidores. Cuando dice algo, espera que no haya nadie que le contradiga o le aconseje algo diferente. Sus súbditos siguen aquella consigna que he escuchado tantas veces: ¡lo que diga Trump, eso es lo que va! Para el apóstol Juan, quien compuso el Apocalipsis, la bestia y sus cabezas simbolizaban el Imperio romano y sus emperadores. Este libro probablemente fue escrito durante la época del emperador Domiciano, quien reinó del 81 al 96 d. C. Domiciano representaba un peligro para la fe de los cristianos porque tenía pretensiones de deidad y exigía el debido reconocimiento público de su estatus divino, con graves consecuencias para quienes se negaban, particularmente en Asia Menor, donde se encontraban las siete iglesias a las que se refería el libro (1:11). Muchos cristianos fieles se negaron y sufrieron persecución y muerte como resultado (6:9). Figuras análogas a Domiciano han aparecido en la historia mundial, aunque el libro del Apocalipsis no las menciona específicamente y aunque la correspondencia entre ellas y la bestia no sea exacta en muchos detalles. La primera carta de Juan se refiere a «muchos anticristos» (2:18). Lo que todas estas figuras tienen en común es que representan una tentación diabólica para los cristianos que desean permanecer fieles a Jesús, el único Señor que sufrió y murió por ellos. Es indudable que Donald Trump sea una versión contemporánea de dicho anticristo. Algunos de los puntos de coincidencia entre la bestia de Apocalipsis 13 y Donald Trump son más que una coincidencia, como la herida casi fatal en la cabeza que sanó. Otros son más sustanciales y merecen mayor reflexión. Según Apocalipsis 13, por ejemplo, «a la bestia se le dio una boca que profería palabras altivas y blasfemas». Pronunció «blasfemias contra Dios». Se podría decir que palabras altivas y blasfemas han salido de la boca de Trump y de sus partidarios, quienes afirman que tiene una relación especial con Dios, quien lo protege de todo daño. Trump y sus partidarios enceguecidos y blasfemos, lo han comparado con el Jesús sufriente y perseguido. Trump seduce abiertamente a los votantes cristianos con groseras mentiras («Amo a los cristianos, soy cristiano» dice repetidamente). Asimismo, ha promovido y se ha regodeado en un culto a la personalidad, esperando lealtad total de sus seguidores, tanto de palabra como de obra, inevitablemente a expensas de la lealtad que sus seguidores cristianos deben únicamente a Cristo. Esto debería inquietar a cualquier cristiano con la mentalidad de Cristo. En Apocalipsis 13, quienes adoran a la bestia justifican su lealtad preguntando retóricamente: "¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?". La respuesta, por supuesto, en ambos casos es: "nadie". Hay entre los republicanos, quienes justifican su lealtad a Trump de forma similar. Se preguntan: "¿Quién como Trump, y quién puede oponérsele y sobrevivir políticamente?". La respuesta para cualquier republicano con ambiciones políticas es: nadie. Consideran que resistirse a él es inútil y peligroso para sus carreras políticas. Al expresar su apoyo, refuerzan sus pretensiones divinas, otorgándoles legitimidad, autoridad y poder. Aquellos funcionarios que tengan el valor de negarse a brindarle la lealtad total que exige pueden esperar exclusión, desprecio y ataques brutales en redes sociales por parte de él y su fanática base leal. Pregúntenle a quienes se han atrevido a enfrentarse a él y a denunciarlo por sus mentiras evidentes, su adulterio en serie, su materialismo descarado, su lenguaje cruel y abusivo, sus tácticas intimidatorias, su egocentrismo y su comportamiento criminal. Ha mostrado desprecio no solo por las leyes del país y la Constitución, sino también por las enseñanzas de Jesús. Eso debería inquietar a todo cristiano con la mente del verdadero Cristo. Curiosamente, Apocalipsis 13 también contiene una visión de una segunda bestia, lo que ofrece otra analogía reveladora para Trump y sus partidarios (versículos 11-18). Esta segunda bestia aparece en escena como defensora, en palabras y hechos, de la primera bestia. Si bien tenía "dos cuernos como los de un cordero", hablaba como un dragón; es decir, aunque parecía inocente e inofensiva, hablaba con engaño y peligro. En pasajes posteriores de Apocalipsis, se hace referencia a esta segunda bestia como "el falso profeta" (16:13; 19:20; 20:10), alguien que induce a la gente a adorar a dioses falsos. Según Apocalipsis 13, la segunda bestia "ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada". Quienes hoy están el gobierno repiten sin pudor las mentiras de Trump en su presencia y se humillan para obtener su aprobación. Más preocupante para la iglesia es que la lista de apologistas y serviles incluya a quienes sirven en congregaciones “cristianas”. En su opinión, Trump es evidentemente “sin pecado”, como Jesús. Las acusaciones y condenas por actividades criminales no cuentan ni importan, incluso si están formalmente justificadas. Estos pastores y “cristianos” afines creen que pueden promover la causa del evangelio haciendo lo que parece un pacto con el diablo, algo que el mismo Jesús se negó a hacer (Mateo 4:8-10). Al hacerlo, no solo caen en una trampa engañosa, traicionando a su verdadero Señor; también convierten a Trump en el anticristo que es y quiere ser. Esto debería perturbar a todo cristiano con la mente del único Cristo. Algunos de estos pastores creen que Trump es el “Ungido de Dios”, como lo fue el rey persa Ciro según Isaías 44:28 (“Él es mi pastor, y él llevará a cabo mi propósito”) y 45:1 (“Así dice el Señor a su ungido, a Ciro, cuya mano derecha he tomado para someter naciones delante de él”). Desde esta perspectiva, Trump cumple un propósito “divino” - o mejor dicho demoniaco - mayor, incluso si su comportamiento es moralmente despreciable, descaradamente engañoso y manifiestamente ilegal. Los pastores “cristianos” que declaran que Trump “es el instrumento elegido de Dios” en realidad están retando al Creador, haciendo lo que solo Dios tiene derecho a hacer. Sí, Dios puede usar el mal para lograr el bien, pero esa es la prerrogativa de Dios, no la nuestra. Como cristianos, no tenemos otro llamado que ser fieles al evangelio de Cristo en palabra y obra. Por cierto, la segunda bestia del Apocalipsis “engaña a los moradores de la tierra”, causando alarmantemente que quienes no adoraran a la primera bestia “sean asesinados”. Trump y sus partidarios no han llegado tan lejos con aquellos que se niegan a mostrar el deseado homenaje al anticristo... al menos no todavía. El temor de que los republicanos de Trump, o sus secuaces, puedan implementar una campaña asesina contra sus oponentes puede ser fuera de lugar e incluso paranoico, pero uno puede permitirse preguntarse dónde se detendrán aquellos que excusan el violento asalto al Capitolio en nombre de Trump el 6 de enero del 2021, una vez que han vuelto al poder. Al fin y al cabo, el propio Trump exigió la ejecución del general retirado Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, durante su primer mandato, porque este se negó a doblegarse ante él y acatar su voluntad. Como recordareis, en la pasada campaña electoral, expreso repetidamente su admiración por figuras tan criminales como Al Capone y Hannibal Lecter, a los que considero “como ejemplos a seguir” (?). Ha hecho numerosas alusiones en entrevistas y discursos al uso de la violencia para lograr sus fines o para exigir venganza. Ahora lo vemos como ha capturado a un dictador en Venezuela para apoderarse de su petróleo - el mismo lo reconoce sin ningún rubor-, amenaza con invadir Groenlandia o se prepara en estos días para atacar a Irán, así desate el Apocalipsis. Pero independientemente de lo que pueda o quiera hacer como presidente, Trump podría no ser capaz de controlar las fuerzas oscuras que ha bendecido y desatado y los utiliza para su provecho. Finalmente, cabe destacar que la segunda bestia de Apocalipsis 13 hace que todas las personas tengan la marca de la primera bestia "en la mano derecha o en la frente". Esta marca consiste en "el nombre de la bestia y el número de su nombre". Que Trump tenga su propia marca puede ser casualidad, pero aun así es instructivo. Como sabéis, se trata de una gorra de béisbol roja con su nombre o su lema MAGA claramente visible y prominentemente exhibido en la frente de quien la lleva. Podría decirse que su número también es el 666, es decir, una trinidad imperfecta y diabólica (Satanás, Trump y sus falsos profetas), que parodia y reemplaza la Trinidad perfecta de Dios, Jesús y el Espíritu Santo, activa en las iglesias de los santos. Trump es un anticristo porque busca ponerse en el lugar de Cristo y porque sus palabras y acciones son una parodia grotesca y demoníaca del verdadero Cristo. Pero hay otra razón por la que es un anticristo: hay quienes lo aceptan como su Mesías, aunque no todos parezcan ser plenamente conscientes de ello. Sin su apoyo, Trump no habría vuelto a la Casa Blanca y sería un expresidente anciano que pasa su tiempo jugando al golf en Florida. En conclusión, Trump y su movimiento MAGA constituyen lo que Apocalipsis 13 llama «un llamado a la perseverancia de los santos» (v. 10). Estos santos, creyentes leales solo a Cristo, no pueden apoyar de ninguna manera a un anticristo manifiesto como Donald J. Trump y sus acólitos. Es hora de que los santos de todo el mundo se levanten, se apoyen en Cristo y rechacen su falsificación de quien, de la mano con el sionismo, busca acabar con nuestra existencia. Trump es el enemigo a vencer y hay que combatirlo hasta el final.
jueves, 22 de enero de 2026
NANTIANMEN PROJECT : Cuando la guerra abandona la Tierra
Durante unos segundos, el vídeo parece sacado directamente de Star Wars: una colosal nave triangular emerge del vacío, abre sus entrañas y despliega cazas espaciales como si fueran aviones embarcados en un portaaviones naval. No hay sonido, pero casi se oye el zumbido del futuro. Así ha presentado China en redes sociales el llamado Proyecto Nantianmen (Puerta sur del cielo), un “portaaviones espacial” capaz - según versiones - de transportar hasta 88 cazas y dominar la órbita terrestre como quien controla un estrecho marítimo. El problema es que, por ahora, parte de lo que se ve en el vídeo pertenece más al terreno del deseo que al de la ingeniería. Ante todo, cabe precisar que Nantianmen no es un programa militar activo, ni un proyecto aprobado, ni una nave en construcción. Es una visión conceptual presentada por primera vez en el 2017 por investigadores chinos, una idea teórica sobre cómo podría ser una plataforma orbital multipropósito en un futuro lejano. El espectacular vídeo difundido es CGI puro, animación por ordenador, sin pruebas de hardware, prototipos o financiación asociada. Sin embargo, medios estatales chinos, como la televisión pública CCTV han mezclado imágenes de lo que llaman tecnología aspiracional, con imágenes reales de su caza de sexta generación "Emperador Blanco B" (AVIC Baidi Tipo-B), presentado en el Salón Aeronáutico de Zhuhai en el 2024. Ni el desplazamiento de 120.000 toneladas ni la cifra de 88 cazas aparecen respaldados por documentos oficiales. Son números que circulan en redes y titulares occidentales filtrados con alguna finalidad geoestratégica o militar frente a la actitud desafiante de un desquiciado como Donald Trump con sus políticas expansionistas, pero no figuran en los comunicados chinos ni en publicaciones técnicas verificables. Nantianmen, por tanto, no pasa de ser un ejercicio de imaginación estratégica, una forma de mostrar ambición… y de enviar un mensaje. Porque este importa. China sí avanza de forma muy real en tecnologías espaciales: estaciones orbitales operativas, misiones lunares exitosas, satélites militares cada vez más sofisticados y capacidades antisatélite que preocupan seriamente a Washington. En ese contexto, presentar una visión de dominio orbital no es inocente. Aunque la nave no exista, la idea sí: el espacio como nuevo campo de batalla. Y aquí es donde el asunto deja de parecer ciencia ficción para volverse inquietantemente actual. Mientras China muestra su “portaaviones del espacio” como una promesa del futuro, al otro lado del mundo Estados Unidos busca militarizar oficialmente el espacio. La Space Force no es una metáfora, es una rama activa del ejército. Y su narrativa empieza a ir mucho más allá de la órbita terrestre. Hace apenas unos días, Elon Musk apareció en Starbase, Texas, presentando al secretario de Defensa Pete Hegseth en un acto que pasó casi desapercibido para el gran público, pero no para quienes escuchan con atención. Allí se dijo sin rodeos que el objetivo último de la Space Force es “ir más allá de nuestro sistema estelar, a otros sistemas estelares, donde podamos encontrarnos con extraterrestres o descubrir civilizaciones que llevan extintas mucho tiempo”. No era una charla de ciencia ficción. Era un discurso institucional. Y entonces la pregunta se impone sola: ¿por qué los ejércitos del mundo hablan ya de otros sistemas estelares? ¿Qué parte de los avances en tecnología espacial nos hemos saltado? ¿Acaso hay un Programa Espacial Secreto? Ni China ni Estados Unidos pueden hoy construir un portaaviones espacial operativo, ni enviar flotas tripuladas a las estrellas. Pero ambos parecen estar sembrando algo más duradero que el acero: narrativa. Preparan a la opinión pública para un futuro donde el espacio no será solo territorio de científicos, sino de estrategias militares, competencia geopolítica… y quizá algo más. Nantianmen, aunque sea solo un render, cumple una función clara: normalizar la idea de que la órbita es el próximo océano a conquistar. Y cuando se normaliza una idea, tarde o temprano alguien intenta hacerla realidad. ¿Será dentro de 20 años? ¿De 50? ¿O estamos viendo solo la parte visible de programas que todavía no tienen nombre? Si el siglo XX se definió por el control del aire y el XXI por el control de la información, quizá el siguiente se defina por quién domina el espacio… y con qué propósito. Porque una cosa es explorar, y otra muy distinta es patrullar. Y cuando las grandes potencias empiezan a hablar de “encontrar civilizaciones extintas”, la pregunta incómoda no es si existen, sino por qué dan por hecho que alguien podría estar esperándolos.... y ser una amenaza para nuestra existencia.
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