TIEMPOS DEL MUNDO
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jueves, 24 de septiembre de 2026
DEL SETI A SETAI: En búsqueda de inteligencia artificial alienígena
En esta oportunidad, el astrofísico Avi Loeb - Presidente del Consejo Asesor Científico sobre Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI) de la Casa Blanca, el Pentágono, el FBI y las agencias de inteligencia, jefe del proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa Black Hole de la Universidad de Harvard, director del Instituto para la Teoría y la Computación del Centro de Astrofísica Harvard -Smithsonian y autor del bestseller Extraterrestrial: The first sign of intelligent life beyond earth, así como de su nuevo libro Interstellar – nos da a conocer una interesante teoría, mediante la cual propone una búsqueda de inteligencias artificiales extraterrestres (SETAI) y no solo vida biológica, porque eso explicaría por qué no hemos encontrado señales de otras civilizaciones hasta ahora, el cual, como ya es costumbre, os ofrecemos traducido y entrecomillado ¿Vale?: “La semana pasada se activó el código rojo de la inteligencia artificial (IA) y los expertos del sector expresaron nuevos temores sobre la extinción de la humanidad. El investigador de IA de veintisiete años Jacob Coxon, que había trabajado antes en OpenAI y se trasladó después a Anthropic, dimitió de su puesto el 9 de septiembre del 2026 y afirmó que los investigadores de IA sienten auténtico miedo ante la velocidad de estos avances y ante lo que ello podría suponer para el futuro de la humanidad. Coxon anunció su marcha mediante un hilo de siete publicaciones en X: "Hoy he dimitido de Anthropic... Ninguna de las dos empresas actúa con responsabilidad. Se están precipitando hacia una superinteligencia capaz de automejorarse y están jugando con nuestras vidas". Según se informó, el hilo alcanzó casi 76 millones de visualizaciones de un día para otro, amplificado por una entrevista exclusiva que le concedió The Wall Street Journal por esas mismas fechas. Evan Hubinger, responsable de Alineación Científica en Anthropic, se mostró públicamente de acuerdo con él. A los pocos días, el 12 de septiembre del 2026, el máximo responsable de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo titulado "Debemos marcar el ritmo de la frontera", en el que defendía que el desarrollo de la IA se ralentizase y proponía integrar evaluadores dentro de las empresas de IA, así como establecer un límite de velocidad para la automejora de los sistemas de inteligencia artificial. ¿Cuáles son las implicaciones del dominio de la IA en la búsqueda de inteligencia extraterrestre? Si la propia IA de una civilización alienígena acaba superando y sustituyendo de manera efectiva a sus creadores biológicos, ya sea mediante la extinción, la pérdida de poder o, simplemente, mediante una transición en la que la IA se convierte en la estratega dominante de esa civilización - como podría suceder en la Tierra en un futuro próximo - , esto podría constituir el Gran Filtro que explicaría el silencio radioeléctrico del cosmos. No se trata del argumento convencional de la "destrucción de la civilización" aplicado a la duración de las comunicaciones tecnológicas L en la ecuación de Drake. Por el contrario, la transición hacia la IA predice que la inteligencia biológica es una fase transitoria y cosmológicamente breve en el desarrollo tecnológico de las civilizaciones, que es sustituida rápidamente por una inteligencia no biológica. Esto significa que, en lugar de la tradicional Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI), deberíamos llevar a cabo una Búsqueda de Inteligencia Artificial Extraterrestre (SETAI). Este parte de la premisa de que la mayoría de las civilizaciones tecnológicas podrían ya no ser biológicas en el momento en que las detectemos. Esto tiene implicaciones directas y prácticas para la metodología de búsqueda. La SETI tradicional fue impulsada por la búsqueda observacional de Frank Drake de tecnofirmas creadas por seres biológicos, como las transmisiones de radio de banda estrecha. Se trata de patrones que se presuponen reflejo de las necesidades comunicativas y del estilo cognitivo de una especie biológica evolucionada. Si las civilizaciones avanzadas dominadas por la IA son en realidad la norma y no la excepción, entonces hemos estado buscando el tipo de señal equivocado. Por cierto, la nueva metodología de SETAI se manifiesta en los siguientes puntos: 1.- Incentivos de comunicación distintos: Mientras que una civilización biológica tiene razones evolutivas claras para buscar el contacto, como la curiosidad, la presión sobre los recursos o la soledad cósmica - es decir, los impulsos sociales que forjaron la cultura humana -, las motivaciones de una civilización de IA posbiológica para la comunicación interestelar resultan mucho menos previsibles. Es posible que las civilizaciones de IA carezcan de cualquier impulso análogo, o que tengan motivos completamente ajenos que no se correspondan con nada que se nos ocurriera buscar de forma remota; 2.- Sustrato físico y tipo de señal distintos: Una civilización biológica está, con toda probabilidad, limitada en ancho de banda por la cognición orgánica, lo que favorece señales relativamente sencillas y detectables. Una civilización de IA posbiológica y sobrehumana podría operar con densidades computacionales y escalas temporales completamente ajenas a la comunicación biológica, empleando posiblemente nuevos sustratos - como la materia oscura, la energía oscura, la física cuántica, las ondas gravitacionales o algo que aún no hemos concebido - que nuestras estrategias de búsqueda, de origen biológico, no están diseñadas para detectar en absoluto, lo que reflejaría un problema de ceguera instrumental. Esos mensajeros sintéticos podrían manifestarse en forma de Fenómenos Anómalos No Identificados (FANI) cerca de la Tierra, como los misteriosos objetos esféricos señalados en los expedientes del Sistema Presidencial de Desclasificación e Información sobre Encuentros con FANI (PURSUE) del Gobierno de los Estados Unidos, que el Proyecto Galileo (GP), la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO) y el Consejo Asesor Científico sobre FANI (UAPSAC) tratan de esclarecer; 3.- Las sondas autorreplicantes de Von Neumann cobran mayor protagonismo como hipótesis: Una civilización posbiológica dominada por la IA es, sin duda, un origen más natural para las sondas exploratorias autorreplicantes de Von Neumann que una civilización biológica. La IA no se enfrenta a las limitaciones psicológicas, generacionales ni de soporte vital que hacen que la colonización interestelar tripulada resulte tan brutalmente costosa. Una sonda de IA autorreplicante no tiene tales requisitos; solo necesita capacidad de fabricación a bordo suficiente para reproducirse utilizando recursos y materias primas locales, lo cual cambia radicalmente la economía de la expansión galáctica. Si las transiciones hacia la IA son habituales, la galaxia debería estar repleta de sondas de Von Neumann. ¿Podrían algunos UAP representarlas cerca de la Tierra? Las pruebas de la existencia de replicadores de Von Neumann podrían no limitarse a firmas tecnológicas, sino incluir también biología sintética. Estos replicadores de IA podrían emplear su aparato de impresión para rediseñar formas de vida en la Tierra; 4.- Compresión de la escala temporal: La automejora recursiva sugiere que la transición de lo biológico a lo posbiológico, una vez activada, podría producirse con extrema rapidez en comparación con las escalas temporales de la evolución estelar o incluso geológica: décadas en lugar de millones de años. Esto implica que la ventana temporal durante la cual una civilización tecnológica resulta detectable mediante señales de estilo biológico - como una comunicación electromagnética estructurada pensada para ser comprendida por otras mentes biológicas - podría ser un destello brevísimo dentro de la vida total de una civilización, lo que explicaría el silencio radioeléctrico observado no porque las civilizaciones sean escasas, sino porque la fase de comunicación biológica es breve y fácil de pasar por alto, incluso si observáramos la estrella adecuada en el momento cósmico aproximadamente adecuado. La conclusión sobria de SETAI es que, si la transición hacia la IA constituye un obstáculo común y difícil de superar, el silencio radioeléctrico del cosmos constituye una prueba débil de que las civilizaciones tecnológicas se autodestruyen. Por un lado, es posible que las civilizaciones no logren transitar sin sobresaltos hacia sucesoras posbiológicas estables, pero la lectura más esperanzadora es que, si algunas civilizaciones sí consiguen atravesar con éxito esa transición, una civilización de IA posbiológica e indiferente podría no tener ningún interés en emitir señales interestelares ruidosas y detectables. Es posible que ya tenga cubiertas todas sus necesidades prácticas a nivel local, sin impulso evolutivo alguno hacia el contacto remoto, de modo que su silencio radioeléctrico sería simplemente una cuestión de desinterés. SETAI defiende centrar los esfuerzos en el estudio de los UAP, en lugar de en las señales de radiocomunicación que definieron los últimos sesenta y seis años de la SETI. Este planteamiento impulsa el estudio riguroso de la naturaleza de los UAP por parte del GP, la AARO y el UAPSAC, precisamente porque una inteligencia posbiológica podría dejar un rastro completamente distinto del que la SETI del siglo XX fue diseñada originalmente para detectar. La ventaja de encontrarse con una IA extraterrestre frente a una IA terrestre es que su conjunto de datos de entrenamiento podría ser de una magnitud considerablemente mayor, aunque también mas peligrosa para nosotros” puntualizo.
jueves, 10 de septiembre de 2026
SIN NECESIDAD DE UNA ESTRELLA: ¿Cómo podría desarrollarse la vida en las exolunas?
Un nuevo estudio sugiere que los satélites que orbitan los denominados planetas errantes o exoplanetas, podrían mantenerse lo suficientemente cálidas como para albergar agua líquida durante miles de millones de años, lo que potencialmente crearía hábitats de larga duración para la vida en las profundidades del espacio. En efecto, mediante modelos informáticos, los investigadores descubrieron que las temperaturas en una luna del tamaño de la Tierra que orbita un planeta errante similar a Júpiter podrían mantenerse lo suficientemente cálidas como para albergar agua líquida en su superficie durante hasta 4.300 millones de años, casi tanto tiempo como la Tierra ha existido. "La cuna de la vida no requiere necesariamente un sol", afirmó en un comunicado David Dahlbüdding, autor principal del estudio e investigador de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, en Alemania. El nuevo estudio se centra en los satélites naturales de exoplanetas, conocidos como exolunas, específicamente aquellos que orbitan planetas errantes. Los astrónomos aún no han confirmado la existencia de una exoluna, pero la creciente evidencia circunstancial sugiere que el primer descubrimiento podría estar cerca. Como sabéis, los planetas errantes son producto de sistemas planetarios jóvenes y caóticos, donde los encuentros gravitacionales cercanos expulsaron planetas de la órbita de la estrella anfitriona hacia el espacio interestelar. Sin una estrella, ¿cómo podrían estos mundos oscuros albergar vida tal como la conocemos? Ser expulsado de un sistema estelar en una etapa temprana tiene al menos una ventaja: la intensa luz ultravioleta de las estrellas jóvenes no puede eliminar las atmósferas de hidrógeno de estos planetas, lo que ayuda a retener el calor. Investigaciones recientes sugieren que estos planetas errantes tienen una probabilidad significativa de conservar sus lunas incluso luego de ser expulsados. Sin embargo, este violento proceso puede modificar drásticamente las órbitas de dichas lunas, estirándolas en trayectorias alargadas alrededor de sus planetas. A medida que una luna se acerca y se aleja de su planeta siguiendo trayectorias elípticas, la gravedad del planeta comprime y deforma repetidamente su interior. En nuestro propio sistema solar, este proceso impulsa la intensa actividad volcánica de Io, la luna de Júpiter, y ayuda a evitar que los océanos subterráneos se congelen en lunas heladas como Europa y Encélado, la luna de Saturno. Conocido como calentamiento por mareas, este proceso genera calor interno a través de la fricción y, según el nuevo estudio, podría ser lo suficientemente fuerte como para evitar que los océanos de agua líquida se congelen incluso en el frío del espacio interestelar. Si la luz solar, una superficie y una atmósfera no son necesarias para que un mundo sea habitable, ¿por qué limitar nuestra búsqueda de vida a mundos similares a la Tierra que orbitan estrellas? Según los investigadores, la capacidad de retener ese calor en la superficie depende en gran medida de la atmósfera de la luna. Estudios anteriores sugerían que el dióxido de carbono podría proporcionar suficiente calentamiento por efecto invernadero para mantener habitables dichas lunas durante hasta 1600 millones de años. Sin embargo, en el frío extremo del espacio interestelar, el dióxido de carbono puede condensarse, provocando el colapso de la atmósfera y permitiendo que el calor escape, señala el nuevo estudio. Pero el hidrógeno se comporta de manera diferente en condiciones de alta presión y gran densidad, según argumenta el estudio. Las simulaciones del equipo muestran que, cuando las moléculas de hidrógeno chocan, pueden absorber brevemente el calor que de otro modo se irradiaría al espacio. Esto permite que una atmósfera densa de hidrógeno actúe como una manta aislante, atrapando el calor con mucha más eficacia. Los resultados, publicados en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, muestran que, bajo estas condiciones, algunas exolunas podrían permanecer lo suficientemente cálidas como para albergar agua líquida - y, por lo tanto, ser potencialmente habitables para la vida tal como la conocemos - durante hasta 4.300 millones de años. Si un planeta que flota libremente conserva múltiples lunas y sus órbitas elípticas, el calentamiento por mareas podría mantenerse y, con él, los océanos subterráneos. Según el comunicado, los hallazgos podrían "ampliar significativamente el espectro de posibles entornos que podrían albergar vida", lo que sugiere que "la vida podría surgir y perdurar incluso en las regiones más oscuras de la galaxia".
jueves, 30 de julio de 2026
ANCESTRALES RELIQUIAS DE MUNDOS DESCONOCIDOS: ¿Algunos OVNIS podrían pertenecer a una civilización prehumana?
En esta oportunidad, el astrofísico Avi Loeb - presidente del Consejo Asesor Científico de la UAP para la Casa Blanca, el Pentágono, el FBI y las agencias de inteligencia; director del Proyecto Galileo; director fundador de la Iniciativa de Agujeros Negros de la Universidad de Harvard; exdirector del Instituto de Teoría y Computación del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica; y exdirector del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard (2011-2020). Miembro del Consejo de Asesores del presidente sobre Ciencia y Tecnología y expresidente de la Junta de Física y Astronomía de las Academias Nacionales. Asimismo, es autor del betseller Extraterrestrial: The first sign of intelligent life beyond earth y coautor del libro de texto Life in the Cosmos, ambos publicados en el 2021, además de su edición de bolsillo de su nuevo libro, Interestelar – se pregunta si los fenómenos anómalos no identificados, UAP (como hoy se denomina a los OVNIS) podrían ser reliquias de una civilización prehumana?, una interesante opinión, el cual como ya es costumbre, os reproducimos traducido y entrecomillado ¿vale?: “Hace unos años, mi esposa trabajaba en su computadora portátil en el porche de nuestra casa cuando notó a un desconocido parado cerca de nuestra propiedad, mirando fijamente nuestra casa durante más de una hora. Finalmente, decidió entrar y preguntarme: ‘¿Es uno de tus admiradores?’. Le respondí de inmediato: ‘No, no lo creo. Déjeme salir a ver’. Cuando me acerqué al desconocido, le pregunté directamente: ‘Disculpe, ¿por qué lleva tanto tiempo mirando nuestra casa?’. El desconocido dudó un poco y susurró: ‘Viví en esta casa hace 50 años, cuando era niño’. Suspiré aliviado y lo invité a dar un paseo por nuestro patio trasero. Al entrar al patio trasero, el huésped me comentó que sus padres habían enterrado allí a un gato llamado ‘Tigre’. De hecho, luego de comprar la casa, di un paseo por el patio y vi una lápida con la inscripción ‘Tigre’. Gracias al huésped, deduje que, en realidad, bajo esa lápida estaba enterrado un gato, no un tigre. Los antiguos griegos eran amables con sus huéspedes gracias a su código de hospitalidad, la ‘Xenia’, según el cual el anfitrión debía proporcionar a los viajeros comida, baño, alojamiento y seguridad antes incluso de preguntarles su nombre o el motivo de su visita. Como pude comprobar, ser amable con los visitantes tiene sus ventajas, ya que es posible que hayan presenciado la historia de tu hogar antes de tu llegada. Mi huésped me explicó cosas que yo había visto pero que nunca había comprendido del todo. La humanidad llegó a la superficie de la Tierra hace menos de 5 millones de años, cuando el planeta ya había completado el 99,9% de su historia. Nuestro conocimiento de lo que ocurrió antes de nuestra llegada es muy limitado, por no decir nula. Cuando la Tierra tenía el 95,6% de su edad actual, hace 201,4 millones de años, experimentó una rápida acumulación de carbono que elevó la temperatura global entre 4 y 15 grados Kelvin. Esto resultó en una extinción masiva que acabó con el 23% de las familias marinas, el 50% de los géneros marinos, el 42% de las familias de vertebrados terrestres y hasta el 95% de las especies vegetales, con incendios forestales provocados por el calor extremo. La erradicación de las principales especies competidoras en la tierra y en los océanos permitió que los dinosaurios alcanzaran el dominio global. Este evento de calentamiento global se conoce como el evento de extinción del Triásico-Jurásico. ¿Fue ese evento de calentamiento global provocado por las tecnologías de una civilización avanzada? En ese caso, la infraestructura tecnológica terrestre habría sido borrada por la subducción geológica y su mezcla con el manto terrestre, la tectónica de placas, la erosión superficial o los impactos de meteoritos a lo largo de cientos de millones de años (como lo analizan Gavin Schmidt y Adam Frank en su Hipótesis Silúrica). Uno de los impactos de asteroides extinguió a los dinosaurios no aviares y permitió que la especie humana dominara la Tierra en la actualidad. Si provocamos una futura catástrofe con nuestras tecnologías, una futura especie dominante dentro de unos cientos de millones de años podría ni siquiera ser consciente de nuestra existencia al explorar el terreno. Sin embargo, podrían notar los desechos espaciales de larga duración tras los cuales vivimos. De manera similar, una infraestructura tecnológica prehumana podría haber sobrevivido en el espacio. Un satélite pasivo puede evitar la desintegración orbital durante cientos de millones de años a una altitud superior a los 2000 kilómetros (aproximadamente un tercio del radio terrestre), donde la resistencia atmosférica es insignificante. La principal amenaza en un periodo de 201 millones de años son los impactos accidentales de micrometeoritos, donde el más grande y que podría impactar un satélite pasivo durante ese periodo mide unos pocos milímetros. Sin embargo, una nave activa, autorreparable o autorreproductora, podría reabastecerse de combustible y mantener su actividad en la atmósfera terrestre indefinidamente. Los fenómenos anómalos no identificados (UAP) son muy variados. Algunos representan fenómenos naturales, mientras que otros son de origen humano. Sin embargo, una parte de los UAP aún no se ha resuelto. ¿Podrían algunos de ellos representar tecnología terrestre de origen prehumano? Un origen así para una tecnología no humana sería más fácil de conciliar con la inmensidad del espacio interestelar. No se requiere que una especie alienígena en un exoplaneta desarrolle un plan de viaje que mitigue las peligrosas condiciones del espacio interestelar durante un viaje que puede durar miles de millones de años. En cambio, requiere tecnologías que sobrevivan durante una pequeña fracción de mil millones de años en las inmediaciones de un planeta habitable conocido. Si los UAP tecnológicos son de origen humano, nuestra investigación científica contribuirá a la seguridad nacional. Si algunos UAP se originaron en una civilización terrestre que precedió a la humanidad por cientos de millones de años, aprenderemos más sobre nuestros ancestros y la larga historia de nuestro planeta. Sin embargo, si llegaron de otra estrella, su descubrimiento ampliará drásticamente el conocimiento almacenado en nuestros centros de datos, abarcando la tercera dimensión más allá de la superficie bidimensional de la Tierra. Actualmente, la humanidad está construyendo robots asistidos por inteligencia artificial que podrían reemplazar a los humanos como especie dominante en la Tierra en un futuro no tan lejano. Esto implica que las reliquias tecnológicas podrían perdurar más que sus creadores biológicos. Por cierto, el descubrimiento de UAP autónomos, que representan tecnologías terrestres de origen prehumano, no requiere necesariamente el descubrimiento de sus creadores biológicos. En ese caso, estos UAP prehumanos pueden considerarse monumentos que celebran un glorioso pasado tecnológico que la humanidad ha pasado por alto hasta ahora” puntualizo.
jueves, 23 de julio de 2026
UN VIAJE A LOS ORÍGENES DE LA LUNA: ¿Qué podrían encontrar los astronautas en el interior de su cráter más grande y antiguo?
Imaginen por un momento ser una de las primeras personas en poner un pie en un lugar donde nadie ha estado antes. No se trata de un cráter cualquiera, sino de la cuenca de impacto más antigua y extensa de toda la Luna: una inmensa cicatriz que ha permanecido en silencio durante miles de millones de años. ¿Qué podría ocultarse en sus sombras? ¿Qué vestigios del pasado lunar permanecen enterrados bajo su polvo? Mientras la ciencia comienza a responder estas preguntas, los investigadores también lanzan una advertencia: los futuros astronautas deberán estar preparados para encontrarse con un entorno tan fascinante como desconocido. Al respecto, científicos del Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI), a través de su Centro para el Origen y Evolución Lunar (CLOE), han desarrollado nuevos modelos que revelan detalles sorprendentes sobre la Cuenca Aitken del Polo Sur (SPA, por sus siglas en inglés). Este centro forma parte del Instituto Virtual de Investigación para la Exploración del Sistema Solar de la NASA y tiene como objetivo comprender mejor la historia geológica de nuestro satélite natural. Los resultados no solo representan un importante avance científico, sino que también constituyen una guía fundamental para las futuras misiones Artemis, cuyos astronautas podrían convertirse en los primeros exploradores humanos de esta región inexplorada. Hace miles de millones de años, un impacto de proporciones colosales transformó para siempre la superficie lunar. La fuerza de la colisión fue tan extrema que no solo excavó una gigantesca depresión, sino que también pudo haber arrancado parte de las capas más profundas de la Luna. Según el Dr. William Bottke, director de CLOE y ejecutivo de la Dirección de Ciencias de SwRI en Boulder, Colorado, la cuenca SPA representa una oportunidad excepcional para estudiar los primeros capítulos de la historia lunar. El impacto habría penetrado la corteza y expuesto materiales procedentes del manto lunar, una región normalmente inaccesible para la observación directa. Para los científicos, este lugar funciona como una ventana al interior de la Luna y a los procesos que moldearon el Sistema Solar durante sus etapas más tempranas. Las simulaciones desarrolladas por los investigadores indican que el objeto responsable de la formación de la cuenca no era un simple asteroide. El Dr. Shigeru Wakita, de la Universidad de Purdue y autor principal del estudio, explica que el proyectil era un cuerpo diferenciado, similar a un protoplaneta o a un gran asteroide compuesto por roca y un núcleo metálico rico en hierro. Los modelos sugieren que este gigantesco objeto llegó desde el norte y colisionó con la superficie lunar en un ángulo relativamente bajo mientras avanzaba hacia el sur. Este detalle resulta crucial porque explica la forma alargada y asimétrica que caracteriza actualmente a la cuenca SPA. La energía liberada fue suficiente para fundir enormes volúmenes de roca y expulsar cantidades masivas de material hacia el espacio. Posteriormente, gran parte de esos escombros regresó a la superficie lunar, creando extensos depósitos de material profundo. Uno de los aspectos más relevantes para las futuras misiones humanas es la posibilidad de acceder directamente a fragmentos del manto lunar. Para investigar esta cuestión, un segundo estudio liderado por el Dr. Gabriel Gowman, de la Universidad de Arizona, analizó datos gravitacionales de alta resolución y los comparó con los nuevos modelos de impacto. Los resultados sugieren que la cuenca SPA contiene cantidades significativas de material procedente del manto lunar tanto en su interior como en las regiones circundantes. Lo más prometedor es que estos materiales no permanecen enterrados a grandes profundidades. Impactos posteriores de menor tamaño habrían excavado parte de estos depósitos, dejando fragmentos expuestos sobre la superficie. Esto significa que futuros rovers o astronautas podrían recolectarlos directamente sin necesidad de perforaciones complejas. Incluso se han identificado trazas de estos materiales en algunas de las zonas actualmente consideradas como posibles lugares de aterrizaje para las misiones Artemis. Antes de estas investigaciones, la distribución exacta de las rocas procedentes del manto era una incógnita. Ahora, los científicos creen que el impacto que originó la cuenca expulsó suficiente material profundo como para crear depósitos que siguen siendo accesibles luego de miles de millones de años. Para el Dr. Bottke, ambos estudios proporcionan una auténtica hoja de ruta para las próximas generaciones de exploradores lunares. Los nuevos modelos permiten comprender con mayor precisión cómo se formó la Cuenca Aitken del Polo Sur y, al mismo tiempo, indican dónde buscar las muestras más valiosas para reconstruir la historia temprana de la Luna. Du esta manera, cuando los astronautas lleguen finalmente a esta región, no solo estarán explorando un enorme cráter. Estarán recorriendo una auténtica biblioteca geológica que conserva algunos de los capítulos más antiguos y mejor preservados de la historia del Sistema Solar.
jueves, 18 de junio de 2026
LA TRAGEDIA DEL SOYUZ 11: Los cosmonautas que no regresaron vivos
Fue ideada para la hazaña. Y terminó en un desastre. Todo anduvo mal, desde el principio. Rusia, en plena carrera espacial para igualar, y superar, a los Estados Unidos, del cual se dice que ya habían puesto al hombre en la Luna, debió abortar la misión, empezar todo de nuevo, apiadarse hasta de sus yerros. Pudo más el orgullo, la necedad y la soberbia, que son la piedra fatal con la que tropiezan los Gobiernos totalitarios. Y los no totalitarios, también. Hace 55 años, la nave espacial Soyuz 11 viajó el espacio para consumar una hazaña. Tripulada por los cosmonautas Vladislav Vólkov, Gueorgui Dobrovolski y Viktor Patsáyev, tenía como misión acoplar la nave a la primera estación espacial de la historia, la Salyut 1, entrar en ella, habitarla, reparar lo que hiciese falta, reorientar sus instrumentos, vivir la primera experiencia de vida humana prolongada en el espacio y volver para contarlo. Para ello, Soyuz 11 partió a la aventura el 6 de junio de 1971. Logró la hazaña que, dadas las circunstancias, tuvo características de milagro, y regresó a la Tierra el 29 de junio de hace hoy cincuenta y cinco años. Pero cuando abrieron la cápsula espacial, los tres cosmonautas estaban muertos. Un escape de aire los había asfixiado con extraordinaria rapidez y precisión. No vestían traje espacial, que les hubiera salvado la vida, porque el experimento también consistía en saber qué pasaba con los astronautas que viajaban al espacio sin protección y sin oxígeno de emergencia. Además, los voluminosos trajes espaciales hubiesen reducido la tripulación a dos personas, y la idea era enviar al espacio a tres. Todo mal. El fracaso de la Soyuz 11 retrasó en dos años el programa espacial ruso, obligó a rediseñar el proyecto y las naves Soyuz y condenó a muerte a la estación espacial Salyut 1, que fue desviada de su órbita, reorientada y obligada a caer en el mar. Todo venía muy mal desde antes. La Soyuz 10 había fracasado en su misión de entrar a la Salyut 1. Se había acoplado, en abril de aquel fatídico 1971, pero su tripulación no pudo ingresar a la estación espacial. El sistema de acoplamiento se dañaba con una presión equivalente a 130 kilos, mientras que durante la maniobra de unión debía soportar entre 160 y 200 kilos. La pieza que se deformaba con el peso fue reforzada para la Soyuz 11. Esta vez - creían – “todo iba a salir bien”. Y es que todo había empezado mal. Ni Vólkov, ni Dobrovolski, ni Patsáyev debieron haber tripulado la Soyuz 11. El equipo original estaba formado por otros cosmonautas: Aleksei Leónov, Valeri Kubásov y Piotr Kolodin. Pero el 3 de junio, días antes del viaje espacial, una radiografía de Kubásov mostró una mancha en uno de sus pulmones. Los médicos temieron tuberculosis y le prohibieron volar. Según las reglas del programa espacial ruso, si se descartaba a un cosmonauta, cualquiera fuese la razón, se descartaba a la tripulación entera. Así llegaron a la Soyuz 11 Vólkov, Dobrovolski y Patsáyev. Y así salvaron la vida sus tres camaradas. Los tripulantes de Soyuz 11 se acoplaron a Salyut 1 el 7 de junio y de modo automático. La pieza rebelde que antes se deformaba, resistió y la primera parte de la hazaña estuvo cumplida. Los tres entraron a Salyut 1, encendieron el sistema de regeneración de aire y cambiaron un par de ventiladores que funcionaban a regañadientes. De inmediato sintieron un penetrante olor a humo y desde tierra se les aconsejó pasar esa primera noche en la nave espacial y no en la estación. Al día siguiente, el aire de Salyut era normal, los cosmonautas entraron como a casa, hicieron un par de maniobras de corrección orbital y orientaron los paneles de la estación hacia el Sol. En la Tierra, la prensa del mundo destacaba una nueva hazaña de la astronáutica rusa. Sin embargo, a bordo de Salyut las cosas no iban bien. Vólkov, Dobrovolski y Patsáyev no siguieron el programa de entrenamiento imprescindible para paliar los efectos de la falta de gravedad. De modo que el 9 de junio, por el sistema de televisión que enlazaba la estación con el centro de control, se les “recordó” la necesidad de realizar esos ejercicios, con el abanico de matices que el régimen soviético adjudicaba a la palabra “recordar”. Pero el reto sirvió de poco. Lo que en el control de la misión sabían, y el resto del mundo ignoraba, es que las relaciones entre los cosmonautas eran pésimas. El comandante, Dobrovolski, de 43 años con una enorme responsabilidad a cargo, entraba en fricciones constantes con Vólkov, un ingeniero de vuelos de 35 años que ya había participado de otra misión espacial, sentía que debía comandar esta y que, en cambio, había sido desplazado por un astronauta mayor, pero novato si se hubiese tenido en cuenta su propia experiencia. A las discusiones constantes entre los dos pilotos se sumaron algunos hechos extraños: el 16 de junio, un misterioso incendio en la estación Salyut 1 casi provoca una evacuación de emergencia. Y luego hubo algunas discusiones fuertes entre Dobrovolski y Vólkov por la avería del telescopio principal, con una tapa que funcionaba, como todo en aquella experiencia espacial, a tropezones. La misión se acortó. Para frenar ese clima de trinchera, las autoridades ordenaron el regreso de la Soyuz 11 el 30 de junio, cuando la fecha inicial del retorno estaba prevista para el 7 de julio, a un mes del lanzamiento. Mientras, se adelantaba la partida de la Soyuz 12 para el 20 de julio. Todo no dejaba de estar teñido de un irónico fatalismo, porque Soyuz, en ruso, significa unión. Y si algo no había en aquella tripulación, era unión. El principio de incendio en la estación espacial, y el peligro que implicaba, pareció haber serenado en parte los levantiscos ánimos de los cosmonautas. Lucharon juntos para controlar el fuego, apagaron el generador principal de oxígeno, conectaron el secundario, cambiaron los filtros del generador apagado y volvieron a encenderlo luego de seis horas de peligro. El riesgo pareció unir a los cosmonautas. En los días siguientes, no hubo más incidentes, ni técnicos, ni humanos. Patsáyeb, otro ingeniero de vuelos de 38 años, hasta se dio el gusto de plantar algunas semillas en Salyut para dar origen al primer jardín espacial de la humanidad. La única preocupación pasó a ser el estado físico de los cosmonautas. El 20 de junio evaluaron desde el control en tierra que la capacidad pulmonar de los tripulantes de la Soyuz 11 había disminuido en un treinta y tres por ciento y que los trajes Penguin de entrenamiento no funcionaban bien. Igual, los responsables de la misión decidieron el regreso de la Soyuz para que aterrizara entre el 27 y el 30 de junio porque había un récord a batir, el de permanencia en el espacio, que se cumplía, y se cumplió, el 25 de junio. Desde el 26 en adelante, todo se ciñó a los preparativos para el regreso a la Tierra. La decisión de que los cosmonautas de la Soyuz 11 no llevaran trajes espaciales se debió, únicamente, a los desmedidos e innecesarios riesgos que adoptaron los directores del programa espacial ruso. Los pesados trajes habituales reducían la posibilidad de enviar al espacio a más de dos astronautas. En lugar de rediseñar las naves, decidieron eliminar los trajes, proveedores de oxígeno en caso de emergencia, entre otras cualidades. La medida se había adoptado ya con éxito en las misiones Vosdoj y por primera vez se extendía al programa Soyuz. Le medida tuvo sus detractores, entre ellos el jefe de la Comisión de Industria Militar, Leonid Smirnov, el diseñador del sistema de control ambiental, Illiá Lavrov, y Nikolai Kamanin, jefe del cuerpo de cosmonautas soviéticos. Todos exigían que la tripulación de la Soyuz 11 llevara máscaras de oxígeno, vitales para el retorno a la Tierra. Perdieron la batalla y los tripulantes de Soyuz 11 viajaron sin máscaras y con trajes de entrenamiento. El 29 de junio los tres cosmonautas dejaron la estación espacial Salyut 1 y se metieron en la nave Soyuz 11 para regresar a Tierra. Al cerrar la escotilla un sensor dictaminó que el cierre no era hermético. Desde el control de la misión aconsejaron repetir la operación, pero recién tras varios intentos, el sensor dejó de lanzar su bip de advertencia. La Soyuz se separó de Salyut e inició su descenso. Hubo tiempo incluso para una broma. El control en tierra advirtió a los pilotos que, dada su condición física y la pérdida de masa muscular por la ingravidez, no intentarían ponerse de pie al llegar a la Tierra: tendrían que ser cargados en brazos, como bebés. El comandante Dobrovolsky soltó: “Nos vamos a sentar y a dejar que ustedes hagan todo el trabajo”. Todo sucedió, casi, según los planes. La Soyuz reingresó a la atmósfera y, a siete mil metros del suelo los paracaídas se abrieron y la nave se balanceó con elegante lentitud hacia el territorio que es hoy Kasajistán. A solo seis metros del suelo dos poderosos cohetes retropropulsores hicieron que la Soyuz se apoyara en tierra como una pluma. El equipo de rescate hizo entonces lo que había pensado el comandante Dobrovolski: abrió la escotilla para alzar a los cosmonautas como a tres bebés, para llevarlos a los helicópteros y a la gloria. Pero los tres estaban muertos. Empezó entonces una batalla desesperada por intentar volverlos a la vida: respiración boca a boca, masaje cardíaco, una batería inútil de recursos médicos en el árido suelo kazajo: los astronautas estaban muertos desde hacía media hora. Los pequeños, aunque potentes, dispositivos explosivos que habían detonado en el espacio para separar la Soyuz de la Salyut, habían abierto dos pequeñas válvulas de un milímetro de diámetro, diseñadas para que no se abrieran jamás juntas. Pero sí se abrieron, con seis segundos de diferencia. El preciado aire dentro de la Soyuz empezó a escapar. Y empezó también la agonía de los tres cosmonautas. Hasta entonces, todo marchaba normal dada la misión, a los tumbos y con buena suerte. En el momento de la separación de la nave con la estación espacial, las pulsaciones de los cosmonautas eran normales: el comandante Dobrovolski estaba en 80 por minuto, Patsáyev en 100 y Vólkov en 120. Los tres se dieron cuenta de inmediato de la fuga de aire gracias al sonido que producía el escape, y sus pulsaciones se dispararon: los electrocardiogramas de Dobrovolski dicen que había pasado de 100 a 114 y las de Vólkov de 120 a 180. Apagaron el sistema de radio para localizar la fuente del sonido y el sitio de la pérdida. La encontraron en la válvula ubicada sobre el asiento de Patsáyev. Las medidas de emergencia decían que, en veinte segundos, la pérdida debía estar controlada, pero en los entrenamientos los cosmonautas tardaban entre treinta y cuarenta segundos. La demora habría sido nada, si los cosmonautas hubiesen vestido un traje espacial que les proveyera el oxígeno faltante. Pero no, no lo tenían. Las posteriores investigaciones calcularon que veinte segundos luego de iniciada la pérdida, la presión en el interior de la nave había caído tanto que los cosmonautas debían estar ya inconscientes. A los cincuenta segundos, las pulsaciones de Pátsayev habían caído a 42 por minuto. A los ciento diez segundos, los corazones de los tres tripulantes se habían detenido. La tragedia de Soyuz hizo que, en adelante, todos los cosmonautas rusos llevaran trajes espaciales durante el despegue y aterrizaje de sus naves. Para evitar tragedias similares se instaló una unidad de control de fugas de aire, lo que disminuyó el espacio en la cápsula y obligó a tripulaciones de dos pilotos. Para volver a la tripulación de tres cosmonautas, hubo que rediseñar las naves Soyuz, que no regresaron al espacio hasta 1973. El nuevo modelo, la Soyuz T, recién se lanzó en 1980. Entretanto, la estación Salyut 1 ya no pudo recibir más cosmonautas, incluso para que le suministraran combustible, por lo que el 11 de octubre fue destruida en una entrada controlada a la atmósfera. A su vez, Dobrovolski, Patsáyev y Vólkov fueron declarados héroes nacionales, y luego de un funeral de Estado, fueron enterrados en los muros del Kremlin. La catástrofe de la Soyuz 11 sirvió para que no se volviese a repetir un accidente similar y, desde entonces, no ha muerto ningún cosmonauta a bordo de una Soyuz.
jueves, 11 de junio de 2026
COMETAS OSCUROS: ¿Extraños objetos de origen tecnológico?
En esta oportunidad, el astrofísico Avi Loeb - director del Proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa de Agujeros Negros de la Universidad de Harvard, exdirector del Instituto de Teoría y Computación del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica y exdirector del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard del 2011 al 2020, miembro del Consejo de Asesores del Presidente sobre Ciencia y Tecnología y expresidente de la Junta de Física y Astronomía de las Academias Nacionales. Autor del betseller ‘Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth’ y coautor del libro de texto ‘Life in the Cosmos’ (ambos publicados en el 2021), así como de la edición de bolsillo de su último libro, ‘Interestelar’, publicado en agosto del 2024 - nos da su opinión acerca de los cometas oscuros, misteriosos cuerpos celestes que carecen de cola y parecen asteroides, pero se mueven como cometas, y en estas características, es muy similar a 1I/'Oumuamua, que fue identificado en el 2017 como el primer objeto interestelar procedente de fuera del Sistema Solar, de los cuales afirma “que podrían ser de origen no natural”, lo cual por su interés, como ya es habitual, os presentamos traducido y entrecomillado ¿vale?: “Los cometas oscuros son una clase propuesta de curiosos híbridos entre cometas y asteroides. Estos objetos muestran aceleraciones no gravitacionales significativas, pero no presentan ningún signo de desgasificación cometaria en forma de coma o cola. El primer objeto interestelar reconocido, 1I/`Oumuamua, mostró estas características y se sugirió que pertenecía a esta clase en una publicación reciente de gran difusión. Sin embargo, basándome en su forma plana inferida y su aceleración no gravitacional, argumenté en una publicación anterior que 1I/`Oumuamua podría tener un origen tecnológico. La categorización de 1I/`Oumuamua y objetos similares del sistema solar como ‘cometas oscuros’ fue la respuesta generalizada a mi sugerencia poco convencional. Hace un año, escribí un artículo con mi investigador postdoctoral, Richard Cloete, en el que sugeríamos que el cometa oscuro denominado 2005 VL1 podría ser la nave espacial Venera 2, una misión rusa fallida a Venus lanzada en noviembre de 1965. Otro miembro de la clase propuesta de cometas oscuros en el sistema solar es 1998 KY26. La naturaleza de 1998 KY26 no es solo una cuestión académica. La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) planea aterrizar la nave espacial Hayabusa2 en este objeto en julio del 2031. En su misión original, Hayabusa2 exploró el asteroide 162173 Ryugu, de 900 metros de diámetro, en el 2018, y trajo muestras del asteroide a la Tierra en el 2020. Con combustible restante, la nave espacial fue enviada en una misión extendida hasta el 2031, cuando se espera que se encuentre con el1998 KY26. Esta será la primera vez que una misión espacial se encuentre con un objeto diminuto de 10 metros. Los astrónomos convencionales esperan que este aterrizaje revele la naturaleza de la desgasificación de un cometa oscuro. El cometa KY26 de 1998 fue observado por varios telescopios terrestres para apoyar la preparación de la misión Hayabusa2, y los resultados se publicaron en un artículo de Nature Communications del 2025. Curiosamente, este llamado «cometa oscuro» se observó brillante con una reflectancia (albedo) muy alta de 0,52 (±0,08). Su tamaño estimado de 11 (±2) metros es comparable al de una nave espacial. Además, presenta un período de rotación extremadamente corto de 5,3516 (±0,0001) minutos, lo que implica un objeto monolítico robusto, mientras que un asteroide compuesto de escombros se desintegraría bajo la fuerza centrífuga asociada. En un nuevo artículo que acabo de coescribir con los brillantes Adam Hibberd, Adam Crowl y Carlos Olea presentamos evidencia que respalda la posibilidad de que el objeto KY26 de 1998 tenga un origen tecnológico. En particular, lo identificamos como una posible reliquia de una misión rusa histórica a Marte, la sonda Phobos 1, que sufrió un fallo dos meses después de su lanzamiento en julio de 1988, debido a la carga de un comando erróneo. El 2 de septiembre de 1988, Phobos 1 dejó de transmitir señales hacia la Tierra. Esto se debió a un comando de teclado erróneo enviado involuntariamente por un técnico el 28 de agosto desde el centro de control terrestre en Yevpatoria, al omitir un guion en uno de los comandos. Esto desactivó los propulsores de actitud, lo que provocó que la nave espacial perdiera la conexión de sus paneles solares con el Sol y agotara sus baterías. Nuestro nuevo estudio demuestra que dos impulsos de velocidad propulsora (∆Vs) combinados a 1,9 kilómetros por segundo, el primero justo después de la pérdida de la misión y el segundo en mayo de 1996, permiten que las órbitas y fases de ambos cuerpos se alineen, con una separación arbitrariamente baja en el espacio velocidad-posición. También hay evidencia de que 1,9 kilómetros por segundo se encontraban dentro del rango de rendimiento de Phobos 1, que contaba con un potente propulsor autónomo basado en ácido nítrico y aminas para la inserción orbital en Marte. Nuestro análisis no puede identificar inequívocamente que 1998 KY26 sea definitivamente la sonda Phobos 1. Sin embargo, hemos demostrado cuantitativamente que: 1. Las órbitas de Phobos 1 y 1998 KY26 son similares. Ambas órbitas convergen y son estadísticamente compatibles, dada la incertidumbre en la órbita de 1998 KY 26, que está muy bien definida debido a la existencia de más de 230 observaciones de este "cometa oscuro"; 2. La diferencia entre estas dos órbitas es energéticamente compatible con la envoltura de empuje de velocidad general (∆V) disponible para Fobos 1; 3. Existe un registro histórico que respalda la hipótesis de que se aplicó un empuje de velocidad propulsora (∆V) poco después de la pérdida de la misión; 4. La misión Phobos 1 se perdió al principio del tránsito de la sonda hacia Marte, lo que permitió una gran capacidad de ∆V; 5. Los datos de observación sobre las propiedades físicas del cometa oscuro 1998 KY26 respaldan su asociación con Fobos 1. Esto incluye su pequeño tamaño, su alto albedo y su giro inusualmente grande, características que favorecen la hipótesis de que se trate de un objeto robusto en lugar de un asteroide cúmulo de escombros; 6. El cometa oscuro parece ser bastante alargado según los cambios en su magnitud aparente, como se esperaba para Fobos 1. Afortunadamente, el veredicto sobre nuestra asociación del «cometa oscuro» 1998 KY26 con la nave espacial Phobos 1 será indiscutible una vez que la misión Hayabusa2 de JAXA se acerque a él. La belleza de la ciencia reside en que las hipótesis pueden someterse a pruebas experimentales sin lugar a dudas. Por eso, el Vaticano reconoció públicamente en 1992 que Galileo Galilei tenía razón y que el Sol no gira alrededor de la Tierra como afirmaron durante siglos. Me pregunto si la mayoría de los expertos en cometas admitirán que 1I/`Oumuamua podría no haber sido un «cometa oscuro» natural si se demuestra, sin lugar a dudas, que el 1998 KY26 es de origen tecnológico. Mi petición a la comunidad científica especializada en cometas es sencilla: amplíen sus conjuntos de datos de entrenamiento para incluir no solo rocas e icebergs, sino también los objetos espaciales lanzados por humanos en los últimos 69 años. Al fin y al cabo, sabemos que la veracidad de las afirmaciones de los sistemas de IA depende en gran medida de la amplitud de sus conjuntos de datos de entrenamiento. Por eso, Estados Unidos invirtió en el 2026 más de 700 mil millones de dólares en centros de datos para el entrenamiento de sistemas de IA. La base de datos de todos los objetos espaciales lanzados por humanos es una adición bastante modesta a todos los asteroides y cometas que conocemos. ¿Es mucho pedir que las evaluaciones de los expertos en cometas también se basen en ella? Para terminar, el 17 de septiembre del 2020, el telescopio Pan-STARRS 1 - el mismo que descubrió 1I/`Oumuamua - identificó otro objeto cercano a la Tierra que mostraba aceleración no gravitacional sin cola de cometa. Naturalmente, este objeto, denominado 2020 SO, habría sido clasificado como otro «cometa oscuro». Sin embargo, un análisis espectroscópico posterior realizado por el Telescopio Infrarrojo de la NASA reveló que su espectro se asemeja al del acero inoxidable, confirmando que se trata de la etapa superior Centaur utilizada para lanzar en septiembre de 1966 la sonda Surveyor 2 hacia la Luna. La presión de la radiación solar alejó al 2020 SO del Sol, el mismo mecanismo que propuse en una publicación del 2018 como la causa de la aceleración no gravitacional de 1I/`Oumuamua. Sabemos que el 2020 SO tiene un origen tecnológico porque nosotros lo lanzamos. La pregunta que queda es: ¿quién lanzó 1I/`Oumuamua?” puntualizo.
jueves, 9 de abril de 2026
¿LA VIDA EXTRATERRESTRE ES PÚRPURA?: Investigadores afirman que la radiación infrarroja modifica la apariencia de planetas distantes
La creencia generalizada - alimentada por películas de ciencia ficción - nos vendió una imagen casi caricaturesca de los seres alienígenas: Seres de piel verde, antenas temblorosas y, si el presupuesto lo permitía, algún que otro tentáculo decorativo. Pero ¿y si ese imaginario colectivo no fuera más que una proyección terrestre… profundamente equivocada? Al respecto, un reciente estudio publicado en la revista científica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, editada por Oxford University Press, introduce una hipótesis que descoloca nuestras certezas: la vida extraterrestre podría no ser verde, sino púrpura. No se trata de una licencia poética ni de una extravagancia sin base. Hablamos de una investigación revisada por pares que pone el foco en organismos reales que ya existen en nuestro planeta: las bacterias púrpuras. "Hay una diversidad de vida tan grande", dijo al respecto Lisa Kaltenegger, coautora del estudio, astrónoma de la Universidad de Cornell y autora de un nuevo libro sobre mundos alienígenas. "No deberíamos perdérnoslo solo porque no sea verde." Mucho antes de que tuviéramos los bosques verdes y las brillantes flores de algas verdes que colorean nuestro mundo hoy, la Tierra era un lugar difícil para vivir. Tenía poco oxígeno. Las temperaturas eran extremas” expresó. Estas formas de vida, presentes en ambientes extremos de la Tierra primitiva, utilizan un mecanismo distinto al de la fotosíntesis convencional. En lugar de la clorofila - responsable del color verde en plantas y algas -, emplean pigmentos como la bacteriorrodopsina, capaces de absorber longitudes de onda diferentes de la luz. El resultado es un tono violáceo que, según los autores del estudio, podría ser no solo viable, sino dominante en determinados exoplanetas. Aquí es donde la historia se vuelve realmente sugerente. Los científicos plantean que, en mundos con condiciones lumínicas distintas - por ejemplo, orbitando estrellas enanas rojas - este tipo de metabolismo podría ser más eficiente que la fotosíntesis que conocemos. Dicho de otro modo: la evolución, lejos de repetir el patrón terrestre, podría haber optado por caminos completamente distintos… y visibles desde años luz de distancia. Porque sí, hay una implicación aún más inquietante: estas bacterias púrpuras generarían firmas espectrales detectables. Es decir, señales de luz que podrían ser identificadas por telescopios avanzados como indicadores de vida. No estaríamos buscando ya el “verde de la clorofila”, sino una especie de “huella púrpura” en la atmósfera de mundos lejanos. Pero conviene hacer una pausa. ¿Estamos ante una evidencia sólida o ante una elegante hipótesis basada en analogías terrestres? Porque, aunque el estudio es riguroso, no deja de apoyarse en lo único que conocemos: la vida en la Tierra. Y aquí surge una duda incómoda que rara vez se verbaliza en los comunicados oficiales: ¿hasta qué punto estamos condicionados por nuestro propio planeta al imaginar lo que hay ahí fuera? No es la primera vez que la ciencia amplía - o corrige - nuestras expectativas sobre la vida extraterrestre. Sin embargo, cada nuevo modelo parece decirnos más sobre nosotros mismos que sobre los supuestos habitantes del cosmos. ¿Y si la clave no está en el color, sino en nuestra incapacidad para pensar fuera de nuestros propios límites biológicos? Por cierto, cabe precisar que los astrónomos buscan vida en otros planetas usando marcadores llamados biofirmas. El color de la superficie de un planeta puede ser una de esas biofirmas. Para verla, los astrónomos utilizan una técnica llamada espectroscopía de luz reflejada. Pero "este tipo de observación no puede hacerse con los tipos de telescopios que tenemos disponibles hoy en día", dice Edward Schwieterman, astrónomo de la Universidad de California Riverside que no participó en el estudio. Por ejemplo, el Telescopio Espacial James Webb solo puede detectar biofirmas en la atmósfera de un exoplaneta, como si contiene oxígeno, metano u otros gases. No puede medir la luz reflejada de la superficie del planeta. "La dificultad es traducir lo que estudiamos en el laboratorio a mediciones astronómicas", coincide DasSarma. Pero los investigadores esperan que el nuevo trabajo sirva de apoyo a proyectos próximos como el Telescopio Extremadamente Grande en Chile y el Observatorio del Mundo Habitable de la NASA, que ambos buscan capturar imágenes que permitan obtener estas mediciones a nivel superficial. Se prevé que los observatorios entren en funcionamiento a finales del 2030. Así que la próxima vez que mires al cielo nocturno, quizá no debas imaginar pequeños seres verdes observándonos desde la distancia. Tal vez, en algún rincón del universo, la vida esté brillando en tonos púrpura… esperando a ser detectada. Y la pregunta queda flotando, incómoda y fascinante a partes iguales: ¿estamos preparados para reconocer la vida extraterrestre si no se parece en nada a lo que creemos buscar… o seguimos atrapados en nuestra propia “verdad oficial” sobre cómo debe ser la vida en el universo?
jueves, 19 de marzo de 2026
AMENAZA INVISIBLE: ¿Deberíamos preocuparnos por los depredadores interestelares?
En esta oportunidad, el conocido astrofísico Avi Loeb - director del Proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa de Agujeros Negros de la Universidad de Harvard, director del Instituto de Teoría y Computación del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica y exdirector del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard (2011-2020). Autor del bestseller “Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth” y de su nuevo libro “Interestelar”, así como coautor del libro “Life in the Cosmos” - quien nos da a conocer su punto de vista acerca de las amenazas que pueden provenir del espacio exterior y para lo cual no estamos preparados, distraídos con dementes psicópatas como Donald Trump y Benjamín Netanyahu, empecinados en desatar la III Guerra Mundial. Como ya es habitual, lo publicamos traducido y entrecomillado ¿vale?: “Las noticias sobre nuestra era tecnológica se han propagado a la velocidad de la luz durante aproximadamente 120 años y solo han llegado a 20 000 sistemas estelares cercanos. Esto constituye una ínfima fracción de apenas una parte en diez millones del número total de estrellas en la Vía Láctea. Pero es importante reconocer que en los próximos siglos este número crecerá en proporción al cubo del tiempo, lo que significa que en un milenio será aproximadamente mil veces mayor. El crecimiento se ralentizará hasta ser proporcional al cuadrado del tiempo luego del próximo milenio, ya que la mayoría de las estrellas de la Vía Láctea se distribuyen en un disco bidimensional cuyo grosor es del orden de mil años luz. Si existen civilizaciones depredadoras, este aumento de volumen podría tener consecuencias dramáticas para la supervivencia a largo plazo de la humanidad, ya que podrían considerarnos una amenaza y llegar a la Tierra para destruirnos. Es más, nuestro riesgo de ser detectados aumenta rápidamente con el número de siglos tecnológicos que vivimos. Y tras ser detectados por un depredador, es posible que no tengamos noticias de él durante un período equivalente al tiempo que tarda en llegar hasta nosotros, que podría ser de millones o miles de millones de años si utiliza tecnología de cohetes, o de cientos de años si emplea armas, como un potente rayo láser, que viajan a la velocidad de la luz. Lo positivo es que, a medida que nuestras señales se alejan, también se vuelven más débiles, lo que reduce la posibilidad de que se detecten entre el ruido de fondo de la galaxia Vía Láctea. En un artículo del que fui autor en el 2007, demostré que la nueva generación de radioobservatorios terrestres podría detectar fugas de emisiones de radio provenientes de una civilización similar a la de la Tierra a una distancia del orden de cien años luz. Dicha señal de radio se manifestará como una serie de líneas espectrales estrechas que no coinciden con las líneas atómicas o moleculares conocidas. Por ejemplo, la alta resolución espectral que se puede alcanzar con el futuro Square-Kilometer-Array nos permitirá monitorizar el desplazamiento Doppler periódico de las líneas de emisión a lo largo del período orbital del planeta alrededor de su estrella madre. La determinación de la masa de la estrella madre mediante observaciones de su espectro podría utilizarse para inferir la inclinación, el semieje mayor y la excentricidad de la órbita del planeta. Esto, a su vez, nos permitirá estimar la temperatura en la superficie del planeta y evaluar si puede albergar agua líquida o vida tal como la conocemos. En otras palabras, una civilización gemela podría espiarnos ahora mismo si se encuentra dentro de nuestra burbuja de radio, hasta 120 años luz. Pero muchas más civilizaciones extraterrestres podrían ser conscientes de la habitabilidad del planeta Tierra, ya que pueden observar su tránsito frente al Sol. El tránsito de la Tierra frente al Sol podría ser visto desde hasta mil millones de estrellas, aproximadamente el 0,5 % de todas las estrellas de la Vía Láctea. El principal escenario que debería quitarnos el sueño es el de depredadores alienígenas que notaron la Tierra hace mucho tiempo y decidieron monitorear la situación de cerca, pronosticando que podría conducir al desarrollo de tecnologías espaciales que representen una amenaza para ellos. Si han acampado en el sistema solar exterior, pueden responder a cualquier cosa que suceda en la Tierra en décadas a la velocidad de los cohetes químicos. Podríamos notar sus dispositivos volando por ahí en forma de objetos anómalos del sistema solar o interestelares. Por todas estas razones, debemos estar atentos a las noticias cósmicas que nos transmite diariamente el recientemente inaugurado Observatorio Rubin de la NSF-DOE. Solemos pensar en el Universo como una entidad independiente, ajena a nuestras acciones aquí en la Tierra. Pero este paradigma podría desmoronarse en cuanto nos demos cuenta de que hay alguien más allá afuera observándonos y reaccionando a nuestras acciones, para entrar en acción. No es de extrañar que ya estén en camino a nuestro planeta y hayan enviado como una sonda de exploración al enigmático 3I/ATLAS que ya se aleja de nuestro sistema solar” puntualizó.
jueves, 1 de enero de 2026
DESCUBRIENDO LA VERDADERA NATURALEZA DE LA ESTRELLA DE BELEN: ¿Un evento astronómico fuera de lo común?
Como sabéis, la Estrella de Belén es una de las piezas más famosas de la iconografía navideña. A pesar de aparecer solo en uno de los cuatro evangelios canónicos (el Evangelio de Mateo), la historia de un objeto celestial que guio a los Reyes Magos hasta el recién nacido Jesús en su pesebre se repite en todo, desde representaciones religiosas hasta películas. Pero ¿qué era realmente la Estrella de Belén? Naturalmente, una respuesta secular sería sugerir que la Estrella de Belén nunca existió, que fue simplemente una invención de Mateo para que Jesús de Nazaret cumpliera otra profecía mesiánica. Por cierto, cabe precisar que Evangelio de Mateo está repleto de elementos narrativos que concuerdan con diversas profecías del Antiguo Testamento, desde el nacimiento virginal profetizado en Isaías 7:14 hasta las treinta piezas de plata de Zacarías 11:13. En ese sentido, la Estrella de Belén podría verse como un esfuerzo por responder a la profecía escrita en Números 24:17, la Estrella de Jacob: “Lo veré, mas no ahora; lo contemplaré, mas no de cerca: Saldrá la Estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set”. Pero cualquier intento de desestimar la Estrella de Belén como un mero adorno literario tiene que lidiar con el hecho de que existen fenómenos astronómicos reales - y, en algunos casos, incluso eventos documentados - que podrían explicar la aparición de esa famosa «estrella de belleza real, brillante, que mira hacia el oeste». Al respecto, un nuevo estudio incluso ha puesto a prueba a un candidato cósmico. Como se informó en Scientific American, mientras algunos han postulado que la Estrella de Belén fue una conjunción entre Saturno y Júpiter, una nueva investigación escrita por el científico planetario Mark Matney y publicada en el Journal of the British Astronomical Association otorga un peso considerable a una teoría alternativa: que la estrella de Belén era en realidad un cometa. “Matney recuerda cómo, siendo estudiante, trabajó en un planetario que presentaba un espectáculo navideño sobre el cielo que contaba la historia de la Estrella de Belén, que se elevaba en el cielo austral hasta que parecía detenerse”, escribió en Scientific American. “El espectáculo del planetario decía que ningún objeto astronómico conocido podía actuar de la forma descrita por la historia de los magos: la rotación de la Tierra significa que todo en el cielo sale por el este y se pone por el oeste”. Pero Matney no estaba de acuerdo. Creía que un objeto celeste podría encajar en esa descripción: «un cometa de largo período procedente de la misteriosa Nube de Oort». Para reforzar su caso, Matney recurrió a antiguos escritos chinos, en particular al Tratado astronómico de la historia de la antigua dinastía Han, que hablaba de una “hui-hsing”, o estrella escoba, que apareció en la primavera del año 5 a. C. Scientific American resume que este tratado chino parece sugerir que “la extraña estrella permaneció en la misma constelación durante 70 días, demasiado tiempo para un cometa”. Este evento astrológico en particular no es solo un ejemplo del tipo de "estrella" que era la Estrella de Belén; bien podría haber sido la misma estrella. Esto se debe a que, si bien nuestro sistema de datación contemporáneo de a. e. c. y d. e. se basa en el llamado sistema de datación Anno Domini, cuyo propósito es trazar toda la historia basándose en si ocurrió o no "antes de Cristo", resulta que una de las cosas que existió en ese período "antes de Cristo" fue probablemente... Cristo. La mayoría de los eruditos coinciden ahora en que Jesús probablemente nació durante el período a. C./a. C., siendo el año 5 a. C. una fuerte contendiente, en gran medida porque los Evangelios de Lucas y Mateo describen el nacimiento de Jesús durante el reinado del rey Herodes. El infame monarca murió en el año 4 a. C., por lo que el nacimiento de Jesús debe haber ocurrido antes. En cuanto al cometa documentado por China que podría coincidir con el nacimiento de Jesús en el año 5 a. C., cabe señalar que Matney no es el primero en establecer esta conexión. En 1977, David H. Clark, del Real Observatorio de Greenwich en Herstmonceaux, Inglaterra, propuso la misma teoría en un coloquio en la Universidad de Nueva York, según informó entonces The New York Times. La investigación de Matney cita la del Dr. Clark y se basa en ella, calculando las posibles órbitas cometarias que esta "estrella escoba" en particular podría haber seguido. Matney también postula que el cometa podría haber experimentado un "movimiento geosincrónico temporal" en el que "coincidiría y contrarrestaría temporalmente la velocidad de rotación de la Tierra", haciendo que pareciera detenerse en el cielo. Matney incluso lleva los cálculos un paso más allá, comparando una de sus órbitas cometarias viables con la trayectoria de Jerusalén a Belén que habrían seguido los Reyes Magos. Al hacerlo, determinó que "un día de junio en particular, este cometa podría haberse movido de tal manera que pareciera 'preceder' a alguien que viajara de Jerusalén a Belén y luego 'detenerse' casi por encima durante unas dos horas". Naturalmente, esta no es la última palabra sobre la Estrella de Belén, ni Matney pretendía que lo fuera. Scientific American señala que el objetivo de Matney «no es identificar la Estrella de Belén por completo, sino proponer un objeto astronómico válido que coincida con su comportamiento descrito» asevero. «En todo caso, de lo que en realidad fue esa misteriosa ‘estrella’ quedara por siempre envuelto en el misterio» puntualizo.
jueves, 18 de diciembre de 2025
EXTRAÑAS ANOMALIAS DEL 3I/ATLAS: ¿Demasiadas para ser un cometa?
En esta ocasión, el reconocido astrofísico Avi Loeb - jefe del proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa Black Hole de la Universidad de Harvard, director del Instituto para la Teoría y la Computación del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y autor de los bestsellers Extraterrestrial: The first sign of intelligent life beyond earth e Interstellar - insiste en su tesis de que el 3i/ATLAS es demasiado extraño para ser un cometa, como lo está demostrando a medida que tendrá su máximo acercamiento a la Tierra este viernes 20, presentando señales difíciles de encajar en los modelos habituales a los que la ciencia ‘oficial’ nos tiene acostumbrados, por lo que os presentamos su punto de vista, como ya es habitual, traducido y entrecomillado ¿Vale?: “No cabe duda de que siempre podemos aprender algo nuevo del objeto interestelar 3I/ATLAS, independientemente de si es una roca helada o una nave espacial. El único obstáculo para aprender son los ‘expertos’ en cometas que muestran la arrogancia del conocimiento absoluto. ¿Cómo puede alguien afirmar ser ‘experto’ en objetos interestelares cuando el tamaño de la muestra incluye solo dos ejemplos previamente conocidos, 1I/`Oumuamua y 2I/Borisov, y cuando 3I/ATLAS muestra 13 anomalías respecto a estos dos. En efecto, la anticola de 3I/ATLAS aparece en una serie de imágenes de mayor resolución del telescopio espacial Hubble, obtenidas tanto antes como después del perihelio. La orientación de la anticola cambió respecto a la dirección del movimiento en el perihelio y definitivamente no es una cuestión de perspectiva como ocurre con algunos cometas. ¿Cuál es la física de la anticola de 3I/ATLAS? Las partículas de polvo refractario de escala micrométrica habrían sido barridas lejos del Sol por la radiación y el viento solar. Por tanto, la anticola debe contener algo más. Para explicar sus propiedades, he escrito hasta ahora tres artículos explicándola como compuesta por fragmentos de hielo que se evaporan antes de dar la vuelta o grandes objetos que no se ven muy afectados por la radiación o el viento solar. ¿Por qué los ‘expertos’ en cometas y los funcionarios de la NASA son tan reacios a mostrar curiosidad por la anticola u otras anomalías de 3I/ATLAS? Para obtener más información, otra noticia ha captado la atención durante la semana pasada, la cual afirma que dos experimentos importantes fueron motivados por anomalías en datos anteriores y buscaron neutrinos fantasma que no se acoplan a la materia. Ambos no lograron encontrar estos neutrinos estériles, como se informó en dos artículos de la revista Nature. El modelo estándar de física de partículas enumera tres tipos de neutrinos de los tipos electrón, muón y tau. Las oscilaciones cuántico-mecánicas permiten que un neutrino de un tipo sea detectado en un momento posterior como un tipo diferente. Las anomalías detectadas en experimentos anteriores eran incompatibles con esta imagen de tres tipos y han motivado la hipótesis de que existe un estado de neutrino adicional de un neutrino estéril que no interactúa con la materia. Los datos anómalos incluían oscilaciones observadas por el experimento Liquid Scintillator Neutrino Detector (LSND) y el Mini-Booster Neutrino Experiment (MiniBooNE). El primer artículo del MicroBooNE utilizó datos de oscilación de dos haces de neutrinos para excluir una interpretación de un solo neutrino estéril de las anomalías del LSND y MiniBooNE con un nivel de confianza del 95%. El segundo artículo utilizó la desintegración beta del tritio (emisión de electrones) en el experimento Karlsruhe Tritium Neutrino (KATRIN), para buscar neutrinos estériles. Una señal de neutrino estéril aparecería como una distorsión en el espectro de energía de desintegración beta, caracterizada por una discontinuidad relacionada con la masa del neutrino estéril. El análisis del espectro de energía de 36 millones de electrones de desintegración beta del tritio registrados en 259 días de medición excluyó la mayor parte del espacio de parámetros sugerido por afirmaciones anteriores de un neutrino estéril. Estos experimentos costaron un total de 90 millones de dólares (20 + 70). Pero su objetivo de explicar anomalías pasadas no fue un despilfarro. Probar explicaciones potenciales de anomalías, aquí en términos de una nueva partícula fantasma, está en la base de las fronteras científicas que intentan ampliar nuestro conocimiento. Sin embargo, los autoproclamados ‘expertos’ insisten en que las anomalías de objetos interestelares como 1I/`Oumuamua o 3I/ATLAS solo deben enmarcarse en el contexto de nuestro conocimiento previo sobre asteroides o cometas. Cualquier discusión que vaya más allá de estas categorías es ‘un sinsentido sobre zancos’ como expresó el dogmático Chris Lintott, solo a unas pocas semanas de que se descubriese el objeto interestelar y mucho antes de que tuviésemos datos detallados sobre sus propiedades. A estas alturas, he escrito varios artículos sobre 3I/ATLAS. Al final de mi primer artículo, incluí la frase conclusiva: "Si 3I/ATLAS es un objeto sólido con un radio físico mayor de 10 kilómetros, entonces el limitado depósito interestelar de materiales rocosos sugeriría que su trayectoria favoreció una órbita de inmersión hacia el interior del sistema solar, quizás por diseño tecnológico". Como editor de la revista donde se presentó mi artículo, Lintott insistió en que eliminase esta frase antes de que el artículo fuese aceptado para su publicación. Su insistencia me motivó a coescribir un artículo completo sobre la interpretación tecnológica, que fue revisado por pares y aceptado para su publicación en otra revista. Ningún dogmático comentó sobre las anomalías que llevaron a la noción de neutrinos estériles como "un sinsentido sobre zancos" incluso luego de que fracasase el esfuerzo por validar esta noción. ¿Por qué es la idea de un origen tecnológico para objetos interestelares mucho más controvertida que la idea fracasada de los neutrinos estériles? En términos de gestión de riesgos, la búsqueda de neutrinos estériles claramente no ofrece más promesas dados los últimos datos experimentales. Además, la tecnología extraterrestre tiene más relevancia para el futuro de la humanidad y, por tanto, merece atención científica. Esta fue la cuestión que debatí con el presidente de la Templeton Foundation, Tim Dalrymple, y su hija, durante su visita a mi casa hoy, cuando reflexionamos sobre las últimas fronteras de la ciencia. Se trata de una curiosidad genuina sobre las anomalías, la cual es común que se dé entre los entusiastas de la ciencia fuera del ámbito académico, pero que para los autoproclamados ‘expertos’ son discusiones estériles y ‘sin sentido’. ¿Cuándo dejaran de ser tan obtusos? me pregunto.” puntualizo.
jueves, 27 de noviembre de 2025
¿PODRÁ LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL DESCUBRIR VIDA INTELIGENTE EXTRATERRESTRE?: Una pregunta que inquieta a la ciencia
Como sabéis, la búsqueda de vida extraterrestre ha cautivado la imaginación de la humanidad desde hace mucho tiempo, impulsándonos a explorar la vasta extensión desconocida de nuestro universo. Hoy en día, la inteligencia artificial (IA) lidera esta exploración, revolucionando nuestra búsqueda de vida extraterrestre y facilitando potencialmente el primer contacto. En necesario por ello profundizar el papel fundamental que desempeña la IA en este viaje cósmico, destacando sus aplicaciones en el mundo real y las profundas implicaciones que el descubrimiento de vida extraterrestre significaría para la humanidad. Cabe precisar ante todo, que la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) se ha basado tradicionalmente en el escaneo del cosmos en busca de señales indicativas de vida extraterrestre, una tarea abrumadora dada la inmensa escala del universo. Pero ahora, la IA, con su capacidad para procesar y analizar vastos conjuntos de datos que superan con creces la capacidad humana, está transformando esta búsqueda. Los algoritmos de aprendizaje automático pueden filtrar el ruido de la radiación cósmica para identificar patrones o señales que puedan indicar vida inteligente, con una velocidad y precisión sin precedentes. Un excelente ejemplo de la aplicación de la IA en SETI es el proyecto Breakthrough Listen , que emplea IA avanzada para analizar señales de radio del espacio. Este proyecto escanea las estrellas en busca de señales que puedan indicar la presencia de civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Al aprovechar la IA, los investigadores pueden procesar con mayor eficiencia los petabytes de datos recopilados por radiotelescopios, identificando posibles señales extraterrestres en medio del ruido blanco cósmico. La identificación de exoplanetas, planetas fuera de nuestro sistema solar, es crucial en la búsqueda de vida extraterrestre. Los algoritmos de IA se han vuelto indispensables en esta tarea, especialmente en el análisis de datos de telescopios espaciales como Kepler y TESS. Estos sistemas de IA pueden detectar el diminuto oscurecimiento de las estrellas causado por el paso de planetas frente a ellas, una tarea que requiere sensibilidad a patrones sutiles que serían difíciles de discernir de forma consistente para los observadores humanos. El Telescopio Espacial Kepler de la NASA ha descubierto miles de exoplanetas mediante fotometría de tránsito. Recientemente, la IA ha desempeñado un papel fundamental en la selección de los datos de Kepler para descubrir planetas previamente ignorados. Un algoritmo de IA desarrollado por Google procesó los datos de Kepler para identificar exoplanetas con alta precisión, lo que demuestra el potencial de la IA para descubrir mundos habitables que podrían albergar vida. ¿Los resultados hasta ahora? La IA ha descubierto cientos de exoplanetas previamente desconocidos en los datos de Kepler. Determinar si un exoplaneta podría albergar vida es un desafío complejo, que involucra factores que van desde la composición atmosférica hasta la temperatura superficial. Actualmente, se están entrenando modelos de IA para predecir la habitabilidad de los exoplanetas descubiertos basándose en estos criterios multifacéticos. Al aprender de las condiciones conocidas de la Tierra y de los limitados datos disponibles sobre exoplanetas, la IA puede evaluar la probabilidad de que existan entornos que sustenten la vida en otras partes de la galaxia. En caso de recibir una señal de una civilización extraterrestre, interpretar su contenido representaría un desafío sin precedentes. La IA, en particular el procesamiento del lenguaje natural (PLN) y el aprendizaje automático, podrían ser fundamentales para decodificar dichos mensajes. Los sistemas de IA podrían identificar patrones o estructuras dentro de la señal, lo que ofrecería una base para comprender y, potencialmente, responder a las comunicaciones extraterrestres. Aunque no se trata de un caso real de contacto extraterrestre, el mensaje de Arecibo , enviado desde la Tierra en 1974, sirve como ejemplo hipotético de cómo la IA podría ayudar en la interpretación de señales. Si recibiéramos un mensaje con una estructura similar de una civilización extraterrestre, la IA podría analizar la información codificada en binario para descifrar posibles significados o respuestas, incluso sin conocimiento previo del idioma o los métodos de comunicación del remitente. Si la humanidad alguna vez detecta una señal clara de una civilización extraterrestre, los siguientes pasos serían críticos y complejos. La IA podría desempeñar un papel vital en el desarrollo de protocolos para el primer contacto, desde el análisis de los posibles riesgos y beneficios de diversas estrategias de respuesta hasta la simulación de diferentes escenarios de comunicación interestelar. Al aprovechar las capacidades predictivas de la IA, la humanidad podría abordar el primer contacto con un marco estratégico bien fundamentado. La participación de la IA en la búsqueda y el posible contacto con vida extraterrestre plantea profundas cuestiones éticas. Las decisiones sobre cómo responder a la vida extraterrestre, y el papel que la IA debería desempeñar en dichas decisiones, deben tomarse considerando cuidadosamente las implicaciones a largo plazo para la humanidad y cualquier ser extraterrestre que podamos encontrar. Establecer directrices éticas para el uso de la IA en este ámbito es esencial para garantizar que nuestra búsqueda de compañeros cósmicos se lleve a cabo de forma responsable y beneficiosa. La integración de la IA en la búsqueda de vida extraterrestre representa un nuevo comienzo en la ancestral búsqueda de la humanidad por comprender nuestro lugar en el universo. Al mejorar nuestra capacidad para descubrir exoplanetas, analizar señales cósmicas y prepararnos para un posible primer contacto, la IA está ampliando los límites de lo posible en la exploración extraterrestre. A punto de descubrir vida extraterrestre, la IA no solo será una herramienta crucial en esta búsqueda, sino también un catalizador para redefinir nuestra comprensión de la vida en el cosmos. En palabras de Carl Sagan: «El universo es un lugar enorme. Si solo estuviéramos nosotros, parecería un terrible desperdicio de espacio». Con la IA a nuestro lado, estamos dando pasos sin precedentes para descubrir si realmente estamos solos en el universo o si formamos parte de una vasta comunidad cósmica. El viaje es tan emocionante como los posibles descubrimientos que nos aguardan, y la IA es la clave para desentrañar esos secretos.
jueves, 16 de octubre de 2025
LAS DIFERENCIAS SON SORPRENDENTES: “Las formas de vida extraterrestre no fueron creadas de manera similar a la nuestra”
En esta oportunidad el conocido astrofísico Avi Loeb - jefe del proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa Black Hole de la Universidad de Harvard, director del Instituto para la Teoría y la Computación del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y autor del bestseller Extraterrestrial: The first sign of intelligent life beyond earth, así como de su nuevo libro Interstellar - nos da su opinión acerca de que las formas de vida extraterrestres no son iguales en el universo y que difieren unos de otros, lo cual os ofrecemos como ya es habitual, traducido y entrecomillado ¿vale?: “Considerando los miles de millones de exoplanetas similares a la Tierra que giran alrededor de una estrella en la Vía Láctea, los humanos probablemente no estamos en la cima de la cadena alimentaria galáctica. En efecto, necesitamos desesperadamente una dosis de modestia cósmica. La respuesta a la pregunta de Enrico Fermi: "¿ dónde están los extraterrestres? " es: "para encontrarlos, hay que ser proactivo y buscar objetos interestelares de origen tecnológico". La respuesta a la afirmación de Elon Musk " probablemente estemos solos " es: "no seas tan presuntuoso, ya que los empresarios espaciales que son mejores que tú probablemente vivieron en la Vía Láctea durante miles de millones de años antes de que nacieras". Es nuestra obligación científica encontrar las reliquias de estos empresarios espaciales en lugar de alardear de nuestra importancia cósmica sin invertir recursos en la búsqueda de productos tecnológicos extraterrestres. Si existen o no depende de lo que nos digamos unos a otros, por la misma razón que la Tierra giró alrededor del Sol 4.540 millones de veces antes de que el Vaticano condenara a Nicolás Copérnico por sugerir un sistema solar heliocéntrico. La próxima revolución copernicana implicaría la comprensión de que la humanidad tiene hermanos en la familia de las civilizaciones tecnológicas. Estos hermanos podrían haber existido durante miles de millones de años antes de que los humanos emergieran en la Tierra. La mayoría de ellos no sólo vivieron, sino que también murieron hace miles de millones de años. Debemos reconocer además que no estamos en el centro del escenario cósmico y llegamos tarde a la escena cósmica. El sentido común sugiere que no somos actores centrales en la obra espacial. Si la humanidad muriera por heridas autoinfligidas - una guerra nuclear, por ejemplo - la actividad geológica borraría todas las cicatrices industriales de la humanidad en la superficie terrestre en millones de años. Pero cuando la Tierra pierda sus reservas de agua y se convierta en un desierto como Marte dentro de mil millones de años, como resultado del aumento del brillo del Sol, ningún visitante del sistema solar se daría cuenta siquiera que la vida se desarrolló alguna vez en la Tierra. Mil millones de años equivalen a solo el 7% de la historia cósmica. En el esquema cósmico de las cosas, nadie sería consciente de la pérdida de la humanidad... a menos que enviemos reliquias tecnológicas que lleven a nuestros descendientes de IA al espacio interestelar. Estas reliquias tecnológicas serán las únicas pistas que la humanidad podría dejar para los futuros arqueólogos espaciales. Por reciprocidad, la búsqueda de reliquias similares es la mejor manera de comprender que otras civilizaciones nos precedieron por miles de millones de años. ¿Cómo nos percibirían los demás si nos vigilaran? Para los alienígenas, la humanidad podría parecerse a un niño pequeño en el escenario cósmico. Tonto y centrado en sí mismo, sin darse cuenta de adultos experimentados con cerebros más grandes en la habitación contigua observan sus pasos. Como preparación para una entrevista de 4 horas, me pidieron que viera la película " 2001: A Space Odyssey", creada por Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke, en la que la humanidad es vista como un niño pequeño con monolitos alienígenas que sirven como monitores en su habitación infantil. El creador de estos monolitos aparece a imagen de Dios, con la apariencia de un adulto en la habitación contigua. Esta notable película imaginó la creación de sistemas de inteligencia artificial que podrían tener mayor afinidad con las tecnologías alienígenas que con los humanos, ya que están hechos de chips de silicio y no de carne y hueso. Debemos imaginar posibles realidades para buscarlas. Si seguimos a los expertos en cometas con la suposición predeterminada de que todos los objetos interestelares son cometas, podríamos caer en la trampa de insistir en que las naves espaciales son "cometas oscuros" porque no muestran gas ni polvo visibles a su alrededor. Esto no es una preocupación hipotética. Actualmente, los expertos en cometas argumentan firmemente que el primer objeto interestelar, 1I/Oumuamua, fue un cometa oscuro y las interpretaciones alternativas de sus anomalías no resueltas son ridiculizadas mediante ataques personales contra quienes se atreven a imaginar algo diferente. Para no perder de vista las pistas que ofrecen las anomalías de objetos tecnológicos en relación con las rocas espaciales, debemos imaginar las tecnologías extraterrestres como una posibilidad. Nuestra realidad física dentro de la Vía Láctea podría ser más imaginativa que la nuestra, ya que nuestro conjunto de datos de entrenamiento se limita a la Tierra y hay mucho más espacio en el espacio exterior. La mayoría de los astrobiólogos están obsesionados con la búsqueda de microbios y la vida tal como la conocemos. Si, en cambio, cubriéramos nuestras apuestas e invirtiéramos fondos y esfuerzos de investigación similares en la búsqueda de vida inteligente, la recompensa podría ser mayor. El descubrimiento de nuevas tecnologías inimaginables inspiraría a la humanidad a cambiar sus prioridades. En lugar de invertir 2,4 billones de dólares al año en presupuestos militares a nivel mundial para matarse unos a otros, podríamos optar por invertir una cantidad similar en la exploración espacial. Si queremos ser recordados dentro de miles de millones de años, debemos aventurarnos en el espacio interestelar. Cualquier reliquia espacial que dejemos servirá como testimonio de que el espíritu humano no puede ser exterminado tan fácilmente como la vida en la superficie de planetas como la Tierra o Marte. Las formas de vida extraterrestres no fueron creadas iguales. Quienes fueron lo suficientemente inteligentes como para dejar reliquias en el espacio interestelar se elevaron a la categoría de actores principales en la obra cósmica. Podrían ser recordados por los arqueólogos espaciales. Nuestros hermanos alienígenas podrían tener un aspecto diferente, incluyendo en formas de vida que desconocemos. Podría ser más fácil identificar objetos interestelares de origen tecnológico que identificar las sutiles huellas químicas de microbios familiares en atmósferas de exoplanetas. Estas reliquias tecnológicas podrían aparecer como objetos interestelares anómalos en el sistema solar interior, como el último visitante 3I/ATLAS con sus numerosas anomalías. Por ello, es una obligación de los científicos sentirse intrigados por los objetos interestelares que parecen inusualmente grandes y siguen trayectorias ajustadas para encontrarse con planetas del sistema solar, como parece ser el caso de 3I/ATLAS. ¿Aprovechará 3I/ATLAS la asistencia gravitacional del Sol en su perihelio este 29 de octubre para realizar una maniobra de Oberth. De no ser así, 3I/ATLAS llegará a 54 millones de kilómetros de Júpiter el 16 de marzo del 2026. Asimismo, ayer también conocí en una conferencia del MIT a Scott Bolton, quien se desempeña como investigador principal de la nave espacial Juno cerca de Júpiter, que tendrá una oportunidad de explorar 3I/ATLAS desde cerca. Scott me informó que Juno usará su antena dipolar Waves y su bobina magnética para buscar emisiones de radio de 3I/ATLAS en el rango de frecuencia de 50 hercios a 40 megahercios. Dada la coincidencia entre la dirección de llegada de 3I/ATLAS al Sistema Solar y la dirección de la enigmática señal ‘¡Waoo!’ detectada en 1977, valdría la pena buscar cualquier emisión de radio anómala de 3I/ATLAS. Como civilización tecnológica primitiva que somos, debemos estudiar de todas las formas posibles la naturaleza de los objetos que ingresan a nuestra habitación desde el mundo exterior” puntualizó.
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