TIEMPOS DEL MUNDO
jueves, 22 de enero de 2026
NANTIANMEN PROJECT : Cuando la guerra abandona la Tierra
Durante unos segundos, el vídeo parece sacado directamente de Star Wars: una colosal nave triangular emerge del vacío, abre sus entrañas y despliega cazas espaciales como si fueran aviones embarcados en un portaaviones naval. No hay sonido, pero casi se oye el zumbido del futuro. Así ha presentado China en redes sociales el llamado Proyecto Nantianmen (Puerta sur del cielo), un “portaaviones espacial” capaz - según versiones - de transportar hasta 88 cazas y dominar la órbita terrestre como quien controla un estrecho marítimo. El problema es que, por ahora, parte de lo que se ve en el vídeo pertenece más al terreno del deseo que al de la ingeniería. Ante todo, cabe precisar que Nantianmen no es un programa militar activo, ni un proyecto aprobado, ni una nave en construcción. Es una visión conceptual presentada por primera vez en el 2017 por investigadores chinos, una idea teórica sobre cómo podría ser una plataforma orbital multipropósito en un futuro lejano. El espectacular vídeo difundido es CGI puro, animación por ordenador, sin pruebas de hardware, prototipos o financiación asociada. Sin embargo, medios estatales chinos, como la televisión pública CCTV han mezclado imágenes de lo que llaman tecnología aspiracional, con imágenes reales de su caza de sexta generación "Emperador Blanco B" (AVIC Baidi Tipo-B), presentado en el Salón Aeronáutico de Zhuhai en el 2024. Ni el desplazamiento de 120.000 toneladas ni la cifra de 88 cazas aparecen respaldados por documentos oficiales. Son números que circulan en redes y titulares occidentales filtrados con alguna finalidad geoestratégica o militar frente a la actitud desafiante de un desquiciado como Donald Trump con sus políticas expansionistas, pero no figuran en los comunicados chinos ni en publicaciones técnicas verificables. Nantianmen, por tanto, no pasa de ser un ejercicio de imaginación estratégica, una forma de mostrar ambición… y de enviar un mensaje. Porque este importa. China sí avanza de forma muy real en tecnologías espaciales: estaciones orbitales operativas, misiones lunares exitosas, satélites militares cada vez más sofisticados y capacidades antisatélite que preocupan seriamente a Washington. En ese contexto, presentar una visión de dominio orbital no es inocente. Aunque la nave no exista, la idea sí: el espacio como nuevo campo de batalla. Y aquí es donde el asunto deja de parecer ciencia ficción para volverse inquietantemente actual. Mientras China muestra su “portaaviones del espacio” como una promesa del futuro, al otro lado del mundo Estados Unidos busca militarizar oficialmente el espacio. La Space Force no es una metáfora, es una rama activa del ejército. Y su narrativa empieza a ir mucho más allá de la órbita terrestre. Hace apenas unos días, Elon Musk apareció en Starbase, Texas, presentando al secretario de Defensa Pete Hegseth en un acto que pasó casi desapercibido para el gran público, pero no para quienes escuchan con atención. Allí se dijo sin rodeos que el objetivo último de la Space Force es “ir más allá de nuestro sistema estelar, a otros sistemas estelares, donde podamos encontrarnos con extraterrestres o descubrir civilizaciones que llevan extintas mucho tiempo”. No era una charla de ciencia ficción. Era un discurso institucional. Y entonces la pregunta se impone sola: ¿por qué los ejércitos del mundo hablan ya de otros sistemas estelares? ¿Qué parte de los avances en tecnología espacial nos hemos saltado? ¿Acaso hay un Programa Espacial Secreto? Ni China ni Estados Unidos pueden hoy construir un portaaviones espacial operativo, ni enviar flotas tripuladas a las estrellas. Pero ambos parecen estar sembrando algo más duradero que el acero: narrativa. Preparan a la opinión pública para un futuro donde el espacio no será solo territorio de científicos, sino de estrategias militares, competencia geopolítica… y quizá algo más. Nantianmen, aunque sea solo un render, cumple una función clara: normalizar la idea de que la órbita es el próximo océano a conquistar. Y cuando se normaliza una idea, tarde o temprano alguien intenta hacerla realidad. ¿Será dentro de 20 años? ¿De 50? ¿O estamos viendo solo la parte visible de programas que todavía no tienen nombre? Si el siglo XX se definió por el control del aire y el XXI por el control de la información, quizá el siguiente se defina por quién domina el espacio… y con qué propósito. Porque una cosa es explorar, y otra muy distinta es patrullar. Y cuando las grandes potencias empiezan a hablar de “encontrar civilizaciones extintas”, la pregunta incómoda no es si existen, sino por qué dan por hecho que alguien podría estar esperándolos.... y ser una amenaza para nuestra existencia.
jueves, 15 de enero de 2026
LA ANOMALIA DEL MAR BÁLTICO: El misterio que resurge desde sus cenizas
Desde su descubrimiento en el 2011, la anomalía en el Mar Báltico ha fascinado a exploradores, científicos y aficionados al misterio. Ahora, el cazatesoros sueco Dennis Åsberg afirma que su investigación ha dado un giro importante: luego de 16 años, asegura que la Universidad de Estocolmo ha confirmado que el objeto no es una formación natural, sino algo colocado intencionalmente. Como recordareis - ya que lo dimos a conocer en su momento - el 2011, el equipo de Ocean X, liderado por Åsberg y Peter Lindberg, descubrió mediante sonar una extraña estructura circular de unos 60 metros de diámetro, ubicada a 90 metros de profundidad en el Golfo de Bothnia, entre Suecia y Finlandia. Las primeras imágenes sorprendieron por su forma peculiar, que parecía un “platillo volador”, con superficies planas, líneas rectas y ángulos de 90°, algo poco común en las formaciones geológicas. Desde el principio, el objeto estuvo rodeado de misterio. Los buzos informaron que sus equipos eléctricos fallaban siempre cuando se acercaban: teléfonos satelitales, cámaras, ordenadores de buceo... todo dejaba de funcionar cerca de la anomalía. Incluso hubo problemas con el sonar del robot submarino. Según Åsberg, lo más relevante de su reciente descubrimiento es que, gracias a los datos del subsuelo, ha confirmado que la estructura está apoyada sobre el fondo marino, pero separada de las capas geológicas inferiores, lo que sugiere que fue "colocada" allí, no formada de manera natural. Este hallazgo es importante porque, si fuera parte del lecho rocoso, tendría más sentido como una formación geológica. Pero según Åsberg, el objeto no solo es geométricamente extraño, sino que está físicamente aislado del terreno circundante. Además de su forma circular, la anomalía presenta paredes rectas, corredores en ángulos rectos y una superficie dura y uniforme, lo cual es raro si fuera una roca erosionada naturalmente. Lo más inquietante, según Åsberg, es el "fallo sistemático" de los aparatos electrónicos: GPS, cámaras y otros equipos dejan de funcionar cada vez que los buzos o sondas se acercan al objeto. Estas anomalías electromagnéticas se han repetido en diversas expediciones. Al respecto, cabe precisar que las muestras recogidas en expediciones anteriores han generado controversia. El geólogo Steve Weiner, parte del equipo Ocean X, asegura que encontraron materiales metálicos "que la naturaleza no podría producir por sí sola". Sin embargo, otros científicos escépticos como Volker Brüchert, de la Universidad de Estocolmo, analizaron fragmentos y concluyeron “que eran principalmente granito, gneis y arenisca”, o sea, rocas comunes. Recientes informes sugieren que también se hallaron rastros de basalto y material orgánico quemado cerca del objeto. Este último dato resulta curioso porque la zona del Báltico en esa área tiene muy baja actividad biológica, lo que hace aún más extraño el hallazgo. Por cierto, uno de los datos más intrigantes que ofrece Åsberg es un antiguo mapa de 1539, que marca una "montaña ardiente" justo en el lugar donde se encuentra la anomalía. Según Åsberg, "los científicos actuales no ven volcanes allí, pero nosotros hemos experimentado fallos extraños. ¿Qué sabían esos antiguos cartógrafos?" Esta referencia histórica abre la puerta a muchas especulaciones: ¿podría ser un lugar con algún significado simbólico o ancestral? ¿O es simplemente un mito cartográfico que se ha reinterpretado con el tiempo? Aunque Åsberg asegura que la Universidad de Estocolmo ha confirmado su teoría, muchos escépticos no comparten su opinión. El geólogo Martin Jakobsson, de la misma universidad, ha afirmado en el pasado que las imágenes “podrían ser de arenisca o morrena glacial, formaciones depositadas por antiguos glaciares”. Por su parte, el arqueólogo marino Göran Ekberg ha señalado que, aunque la forma circular del objeto sea curiosa, “la naturaleza puede generar estructuras extrañas por sí sola”. Algunos incluso sugieren que el anuncio de Åsberg “podría ser un truco mediático para atraer fondos a futuras expediciones” ... pero el debate continua. Lo único cierto por ahora es que el Mar Báltico sigue guardando muchos secretos. Y algunos están dispuestos a seguir investigando para desvelarlos.
jueves, 8 de enero de 2026
EL DRAGÓN ROJO DE GALES: Símbolo de una Nación
Según la tradición, el origen del dragón rojo representado en la bandera de Gales, llamado Ddraig Goch o Dragón Galés, proviene de un antiquísimo conflicto entre dos de estas bestias, una blanca y una roja. Del dragón blanco se decía que era la encarnación del mal, pero existía un problema, y era que los constantes enfrentamientos entre estos dos dragones provocaban daños en los humanos, y se creía que el simple sonido que emitían al luchar era suficiente para dejar a quienes lo escuchasen sin descendencia. Llud, el entonces monarca de Gran Bretaña se decidió a encontrar una solución a este gran conflicto, para lo cual pidió consejo a su sabio hermano Llefelys. Éste le propuso cavar un enorme agujero en el centro del reino y llenarlo de hidromiel, para que los dragones se embriaguen y después sean más fáciles de abatir. Su plan funciono a medias, ya que ambas bestias si bien quedan atrapadas durante siglos, se mantienen con vida. Con el paso del tiempo, un nuevo rey llamado Gwrtheyrn decide erigir un gran castillo sobre la prisión de los dragones, descubriendo a ambas criaturas aun en su cautiverio. Entonces Gwrtheyrn pide consejo al ilustre mago Merlín, quien aconseja la liberación de las bestias para que puedan continuar con su batalla. Una vez libres, la lucha entre ambos termina con la victoria del dragón rojo, por lo que siglos más tarde, el rey Wthyr Bendragon (o Uther Pendragon, padre del mítico Arturo de Camelot) decide tomar la figura del dragón rojo como emblema de su linaje y del país de Gales. Se dice asimismo que, alguna vez, los dragones asolaron a todo el país de Gales. El dragón es tan intrínseco a la cultura galesa que adorna la bandera del país, por lo que ha formado parte central de su folclor desde hace siglos. De hecho, existe una vieja leyenda que asegura la existencia de un dragón durmiendo en medio de Gales. En el Mabinogion, un manuscrito medieval donde se concentraron diversas tradiciones orales de Gales, se dice que alguna vez existió un rey galés que consultó a su hermano, el rey de Francia, sobre algunos inconvenientes que enfrentaba en el reino. El monarca francés le comentó que todos sus problemas se debían a dos dragones que se disputaban sus tierras: un dragón extranjero y otro nativo de Gales. Así, aconsejó que realizara una medición de sus dominios y ubicara el centro exacto. En ese lugar debía cavar un hoyo profundo y colocar un gran caldero repleto con el mejor hidromiel. Según el rey francés, con esto los dos dragones vendrían y pelearían entre sí. “Al quedar agotados tras una lucha feroz y despiadada […] beberán todo el hidromiel, y entonces dormirán. Cuando esto suceda, arroja toda la tierra que se ha excavado y sepúltalos […] en el lugar más fuerte de tus dominios, y ocúltalos entre la tierra. Mientras los mantengas en ese lugar, ninguna plaga se atreverá a venir”. La historia menciona que el rey galés siguió las recomendaciones de su hermano y, finalmente, sus dominios quedaron en paz. Luego de pasar muchos años, mientras se construían los cimientos de un castillo, el legendario mago Merlín terminó descubriendo a los dos dragones dormidos: un rojo galés (Y Ddraig Goch) y otro blanco sajón. Se dice que las ruinas de este castillo construido por Merlín todavía pueden apreciarse en un valle cerca de las montañas Yr Eifl, también conocidas como “Las Rivales”. La popularidad de esta leyenda contribuyó a que el dragón rojo se convirtiera en el símbolo nacional de Gales. Sin embargo, para algunos, los dragones van mucho más allá de seres mitológicos. A principios del siglo XX, todavía se encontraban testimonios de personas que afirmaban haber divisado dragones en territorio galés. Marie Trevelyan, una historiadora experta en el folclor galés, tenía mucho interés en estudiar y preservar los informes sobre dragones en el país. Llegó a escribir un libro sobre historias populares donde reveló testimonios de varias personas que aseguraban haber tenido algún tipo de experiencia con dragones. Una zona aledaña al castillo de Penllyn, en Glamorgan, tenía reputación como el hogar de las temibles bestias. Cerca de este lugar Trevelyan encontró el testimonio de un anciano que recordaba haber visto serpientes con alas durante su juventud, llegando a describirlas “como si estuvieran cubiertas con toda clase de joyas. Algunos presentaban crestas brillantes con los colores del arcoíris”. Cuando eran molestados o sorprendidos, se deslizaban a toda velocidad, “brillando por todos lados», hacia sus escondites. Si se molestaban, sobrevolaban las cabezas de las personas con sus brillantes alas extendidas como las plumas en la cola de un pavo real”. Al conversar con Trevelyan, el anciano insistió en que estos seres no eran producto de simples historias sino una amenaza real, “tan perjudiciales como los zorros para las aves de corral”. De hecho, llegó a afirmar que sus familiares llegaron a matar algunos cuando eran jóvenes. Para este anciano, aquellas bestias increíbles desaparecieron, precisamente, por la caza excesiva. Trevelyan señaló que algunos locales veían a estos animales como algo común y corriente. Llegó a entrevistar a otra anciana que ofreció las mismas referencias que el anciano sobre el tema de los dragones. La mujer recordaba una historia en particular ya que en los acontecimientos participó su abuelo, quien junto a sus hermanos se dirigió a Penmark para cazar a una de estas bestias. Una vez que lograron derribarlo en pleno vuelo y matarlo, la anciana mencionó que su brillante piel decoraba su hogar mientras ella crecía, y sólo se deshicieron de ella cuando el abuelo murió. También hizo referencia al peligro que representaban los dragones para los animales de granja, recordando que muchas veces el ganado moría en las fauces de las temibles bestias aladas. Por eso, la cacería de dragones era algo común pues las personas protegían a sus animales. Otros procuraban el tesoro que, se rumoreaba, ocultaban cerca de sus guaridas. La forma tan sobria y mundana con la que los ancianos describieron a los dragones en las entrevistas que proporcionaron a Trevelyan es sorprendente, por decir lo menos. ¿Es posible que, en el pasado, serpientes aladas sobrevolaran el territorio de Gales llegando a la extinción a causa de los humanos?
jueves, 1 de enero de 2026
DESCUBRIENDO LA VERDADERA NATURALEZA DE LA ESTRELLA DE BELEN: ¿Un evento astronómico fuera de lo común?
Como sabéis, la Estrella de Belén es una de las piezas más famosas de la iconografía navideña. A pesar de aparecer solo en uno de los cuatro evangelios canónicos (el Evangelio de Mateo), la historia de un objeto celestial que guio a los Reyes Magos hasta el recién nacido Jesús en su pesebre se repite en todo, desde representaciones religiosas hasta películas. Pero ¿qué era realmente la Estrella de Belén? Naturalmente, una respuesta secular sería sugerir que la Estrella de Belén nunca existió, que fue simplemente una invención de Mateo para que Jesús de Nazaret cumpliera otra profecía mesiánica. Por cierto, cabe precisar que Evangelio de Mateo está repleto de elementos narrativos que concuerdan con diversas profecías del Antiguo Testamento, desde el nacimiento virginal profetizado en Isaías 7:14 hasta las treinta piezas de plata de Zacarías 11:13. En ese sentido, la Estrella de Belén podría verse como un esfuerzo por responder a la profecía escrita en Números 24:17, la Estrella de Jacob: “Lo veré, mas no ahora; lo contemplaré, mas no de cerca: Saldrá la Estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set”. Pero cualquier intento de desestimar la Estrella de Belén como un mero adorno literario tiene que lidiar con el hecho de que existen fenómenos astronómicos reales - y, en algunos casos, incluso eventos documentados - que podrían explicar la aparición de esa famosa «estrella de belleza real, brillante, que mira hacia el oeste». Al respecto, un nuevo estudio incluso ha puesto a prueba a un candidato cósmico. Como se informó en Scientific American, mientras algunos han postulado que la Estrella de Belén fue una conjunción entre Saturno y Júpiter, una nueva investigación escrita por el científico planetario Mark Matney y publicada en el Journal of the British Astronomical Association otorga un peso considerable a una teoría alternativa: que la estrella de Belén era en realidad un cometa. “Matney recuerda cómo, siendo estudiante, trabajó en un planetario que presentaba un espectáculo navideño sobre el cielo que contaba la historia de la Estrella de Belén, que se elevaba en el cielo austral hasta que parecía detenerse”, escribió en Scientific American. “El espectáculo del planetario decía que ningún objeto astronómico conocido podía actuar de la forma descrita por la historia de los magos: la rotación de la Tierra significa que todo en el cielo sale por el este y se pone por el oeste”. Pero Matney no estaba de acuerdo. Creía que un objeto celeste podría encajar en esa descripción: «un cometa de largo período procedente de la misteriosa Nube de Oort». Para reforzar su caso, Matney recurrió a antiguos escritos chinos, en particular al Tratado astronómico de la historia de la antigua dinastía Han, que hablaba de una “hui-hsing”, o estrella escoba, que apareció en la primavera del año 5 a. C. Scientific American resume que este tratado chino parece sugerir que “la extraña estrella permaneció en la misma constelación durante 70 días, demasiado tiempo para un cometa”. Este evento astrológico en particular no es solo un ejemplo del tipo de "estrella" que era la Estrella de Belén; bien podría haber sido la misma estrella. Esto se debe a que, si bien nuestro sistema de datación contemporáneo de a. e. c. y d. e. se basa en el llamado sistema de datación Anno Domini, cuyo propósito es trazar toda la historia basándose en si ocurrió o no "antes de Cristo", resulta que una de las cosas que existió en ese período "antes de Cristo" fue probablemente... Cristo. La mayoría de los eruditos coinciden ahora en que Jesús probablemente nació durante el período a. C./a. C., siendo el año 5 a. C. una fuerte contendiente, en gran medida porque los Evangelios de Lucas y Mateo describen el nacimiento de Jesús durante el reinado del rey Herodes. El infame monarca murió en el año 4 a. C., por lo que el nacimiento de Jesús debe haber ocurrido antes. En cuanto al cometa documentado por China que podría coincidir con el nacimiento de Jesús en el año 5 a. C., cabe señalar que Matney no es el primero en establecer esta conexión. En 1977, David H. Clark, del Real Observatorio de Greenwich en Herstmonceaux, Inglaterra, propuso la misma teoría en un coloquio en la Universidad de Nueva York, según informó entonces The New York Times. La investigación de Matney cita la del Dr. Clark y se basa en ella, calculando las posibles órbitas cometarias que esta "estrella escoba" en particular podría haber seguido. Matney también postula que el cometa podría haber experimentado un "movimiento geosincrónico temporal" en el que "coincidiría y contrarrestaría temporalmente la velocidad de rotación de la Tierra", haciendo que pareciera detenerse en el cielo. Matney incluso lleva los cálculos un paso más allá, comparando una de sus órbitas cometarias viables con la trayectoria de Jerusalén a Belén que habrían seguido los Reyes Magos. Al hacerlo, determinó que "un día de junio en particular, este cometa podría haberse movido de tal manera que pareciera 'preceder' a alguien que viajara de Jerusalén a Belén y luego 'detenerse' casi por encima durante unas dos horas". Naturalmente, esta no es la última palabra sobre la Estrella de Belén, ni Matney pretendía que lo fuera. Scientific American señala que el objetivo de Matney «no es identificar la Estrella de Belén por completo, sino proponer un objeto astronómico válido que coincida con su comportamiento descrito» asevero. «En todo caso, de lo que en realidad fue esa misteriosa ‘estrella’ quedara por siempre envuelto en el misterio» puntualizo.
jueves, 25 de diciembre de 2025
UNA INTERROGANTE QUE EXIGE RESPUESTAS: ¿Celebran los extraterrestres la Navidad?
Gran pregunta, y muy de actualidad, pero que al parecer nadie lo hace por falta de datos. Ni el Papa de Roma conoce la repuesta. Tampoco los teólogos, ni los cosmólogos, ni los imaginativos astrobiólogos que hoy están ocupados con un enigmático objeto estelar (3I/ATLAS) que esta de “visita” por nuestro sistema solar. Ni siquiera el recuerdo o ningún relato de ciencia ficción acerca de seres alienígenas poniéndose navideños en lejanas galaxias. Nadie sabe nada del asunto, y si saben se lo callan. Pero como podéis suponer, la falta absoluta de datos de ningún modo puede impedir que razonemos, especulemos y contestemos preguntas sin respuesta, como hacen a diario la ciencia y la política. Si los extraterrestres existen y celebran festividades, entonces podríamos aventurar algunas conjeturas sobre ellos, lo que nos dará una idea de su existencia. Como sabéis, las festividades sirven como puntos de referencia o hitos en la vida de los seres humanos. A pesar de nuestros avances tecnológicos, muchas de nuestras festividades son bastante antiguas y se remontan a nuestras raíces pretecnológicas. Esto refleja la persistencia de las festividades y el valor que otorgamos a las tradiciones y los ritos de paso en las distintas etapas de nuestra vida. Entre los ejemplos de festividades humanas basadas en antiguos festivales del año agrícola y fechas astronómicas se incluyen las celebraciones del año nuevo, como la festividad persa de Nowruz, el Año Nuevo chino y el Año Nuevo occidental; las festividades estacionales que marcan la siembra de primavera (por ejemplo, Pascua), el solsticio de verano o mediados de verano (por ejemplo, el 4 de julio en Estados Unidos, el Día de Canadá y otras festividades de verano que se hacen pasar a simple vista por otras cosas); la temporada de cosecha (por ejemplo, Acción de Gracias) y el solsticio de invierno (por ejemplo, Navidad, Yule). Una cultura alienígena que también celebra festividades podría tener razones muy diferentes para hacerlo; pero creo que la suposición más simple es que, si fueran tan diferentes, no tendrían festividades. Por lo tanto, buscaría festividades que conmemoraran ocasiones de su propio pasado pretecnológico. Si alcanzaron la sensibilidad, también atravesaron etapas a lo largo del camino; el circuito de su propio mundo alrededor del sol puede o no incluir estaciones, pero por muy cíclica que sea nuestra experiencia de la naturaleza en las sociedades agrarias y de cazadores-recolectores, la suya casi con certeza implicaría recurrencias cíclicas de eventos relacionados con su propia caza o agricultura. ¿Sus celebraciones serian idénticas a las nuestras? Probablemente no, pero bien podríamos encontrar festividades originalmente basadas en migraciones, el inicio de fenómenos climáticos o astronómicos, la aparición de vida marina comestible procedente de corrientes cíclicas o ciclos de reproducción animal, u otras circunstancias similares. Obviamente, algunas o todas estas festividades, como muchas de las nuestras, pueden tener nombres o propósitos declarados relevantes para su sociedad actual; pero, al igual que Halloween, que se celebra a finales de la época de la cosecha, el origen puede ser antiguo. Se podría esperar que una sociedad tecnológica tuviera festividades científicas; pero ¿las tenemos? Claro que no. Celebramos las mismas ocasiones que dieron a nuestros antepasados una excusa para descansar de las labores de supervivencia. Las festividades surgieron por razones prácticas: Yule, por ejemplo, deleitaba a los niños y animaba a los adultos en la época más tristemente lúgubre del año. Si los extraterrestres celebran festividades, seguramente encontraremos algunos puntos en común con ellos respecto a la forma en que nuestros antepasados construyeron sus vidas en torno a la lucha por la supervivencia. Por otra parte, ¿acaso los alienígenas no son también criaturas de Dios, con mayor razón cuando la Biblia afirma que creo la Tierra y el universo? Porque si lo son, no pueden estar exentos del pecado original de existir, y existen grandes posibilidades de que alguien, cuyo nacimiento se celebraría en el planeta correspondiente, tuviera que redimirlos, acaso al precio de su propia vida, tal como lo hizo Jesús. Este dogma universal se cumpliría si tales extraterrestres, muy avanzados, hubiesen superado la fase biológica y fueran de naturaleza artificial. Igualmente hubiesen necesitado de un creador y un redentor, como narra Issac Asimov en Yo Robot. Pero dejemos el argumento religioso, porque en realidad, la Navidad tiene que ver muy poco con la religión, y la prueba de ellos es que la celebran quienes que se declaran ateos y agnósticos. Incluso hasta los paganos y la gente de otros credos y culturas. ¿Y eso por qué? Por la gran festividad que origina, efectivamente, No hay forma de que una especie inteligente se civilice y desarrolle sin celebrar fiestas importantes, y si a nosotros la religión no nos hubiera dotado de tres grandes festejos al año, como son la Navidad, Dia de Reyes y Pascua (donde se celebra el nacimiento, su presentación a los Reyes Magos y la muerte de Jesús), los habríamos buscado en otro sitio. Como podéis imaginar, cualquier especie inteligente del cosmos tendrá por fuerza una historia propia, fechas señaladas y fiestas para celebrarlas. Ello es indudable, tratándose de la civilización que fuera. De modo que la respuesta a nuestra pregunta es si. Los alienígenas si celebran la Navidad, o quizá algo muy parecido que se denomine de otra manera ¿Y saber esto sirve para algo? Lo ignoro, pero es una noticia muy festiva por estas fechas ¿no os parece?
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