TIEMPOS DEL MUNDO

jueves, 6 de octubre de 2022

CRISTOBAL COLÓN Y SU MISTERIOSO ENCUENTRO CON “BOLAS DE FUEGO”: ¿Realmente fue ello lo que vio?

Como sabéis, Cristóbal Colón tenía la firme convicción de que nuestro planeta era redondo, por lo que se podía navegar de un continente a otro navegando en línea recta a través del Océano Atlántico. Para ello poseía diferentes mapas que mostraban extraños perfiles más allá de la tierra conocida. Según su cuaderno de bitácora, el 17 de septiembre de 1492 dio un vistazo a su brújula y se dio cuenta de que esta mostraba lecturas extrañas. Al principio no alertó a su tripulación, tener una brújula que no indicaba bien el norte magnético podría haber hecho que se extendiera el pánico entre una tripulación que ya se encontraba en el límite. Fue una sabia decisión, teniendo en cuenta que solo dos días antes apareció una extraña luz en medio del mar en forma de “bola de fuego voladora” que sobrevoló el barco, y la tripulación aterrorizada amenazó de abortar el viaje ante el desconcierto. Con el paso de los días sin más incidente, Colón pudo contener a la facción de marineros que quería abortar el viaje. Cuando todo parecía en calma y bajo control, el segundo encuentro sobrenatural con otra “bola de fuego voladora” llegó el jueves 11 de octubre de 1492, por suerte para Colón sucedió cuatro horas antes de que sus naves divisaran por primera vez las tierras del continente americano, por lo que aquel incidente paso al olvido para la tripulación pero no para Colón. En efecto, estos dos encuentros sobrenaturales están documentados en el diario de a bordo del mismo Cristóbal Colón, y aún hoy día son motivo de estudio. El primer episodio, descrito en el diario, relata lo siguiente: “Después del sol puesto, navegó a su primer camino, al oeste. Andarían dos millas cada hora, y hasta dos horas después de medianoche andarían 90 millas, que son 22 leguas y media. Puesto que el almirante a las 10 de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre, aunque, como fue cosa tan cerrada, que no quiso afirmar que fuese tierra, pero llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del rey, diciéndole que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo y la vio. Diciéndole también a Rodrigo Sánchez de Segovia, que el rey y la reina enviaban en él por veedor, el cual no vio nada porque no estaban en un lugar donde pudiese ver. Después que el almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra, pero el almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra”. En relación al segundo encuentro, escribió escuetamente: “1492, 11 de octubre, 22:00 horas: Estando en la cubierta del Santa María, observe una luz que brillaba a gran distancia. Desaparecía y reaparecía varias veces durante la noche, moviéndose arriba y abajo, en destellos repentinos y pasajeros, acercándose a la nave, entrando y saliendo del océano”. (Diario de a bordo del primer viaje de Cristóbal Colón). Se calculó que las doce leguas que la tripulación había recorrido desde las 10 de la noche, con la distancia de las dos leguas fuera de la tierra, corresponden esencialmente a la distancia y la ubicación de Guanahaní. Como tal, se presumió que la luz estaba en la isla de San Salvador, lo que fue pensado por Colón. A juzgar por la velocidad de las naves, proporcionada en el diario de a bordo, investigadores posteriores como L. T. Gould suponen que la luz "debe haber estado a unas 35 millas más o menos al este de la tierra, y bien a barlovento". Pero ¿Qué es lo que Colón vio realmente en la oscuridad de la noche? Existen diversas opiniones al respecto. Bartolomé de las Casas ofreció una explicación temprana, quien escribió: “Creo que esto es que los indios de noche en todas estas islas, ya que son templados sin ningún tipo de frío, salen o solían salir de sus casas de paja. Llame a los bohíos por la noche para cumplir con sus necesidades naturales y tome en sus manos una marca de fuego, o una pequeña antorcha, o una grieta de pino u otra madera muy seca y resinosa que arde como una antorcha, cuando es de noche, y con la que guiarse nuevamente, y de la manera en que se podía ver la luz que Cristóbal Colón y los demás vieron la luz tres o cuatro veces”. Esta versión fue apoyada por el militar e historiador estadounidense Samuel Eliot Morison, a pesar del hecho de que tendía a socavar su desembarco preferido en la isla de San Salvador. Otros han avanzado la hipótesis de que la luz podría haber sido un nativo que pescaba en una canoa por la noche, pero los vientos muy fuertes implican que habría sido bastante improbable. Estos problemas han llevado a la conclusión de algunos de que la luz no estaba en Guanahaní, la isla del primer desembarco, sino en otra isla, más oriental. Otras investigaciones, si bien polémicas o no refrendadas por estudios científicos, han postulado que dichas luces no fuesen luces en tierra producto de una hoguera fortuita en la costa. Más bien, se piensa que Cristóbal Colón y su tripulación fueron testigos de una presencia de OVNIS. A 80 kilómetros de las posibles costas era imposible poder vislumbrar ninguna luz, más teniendo en cuenta su altitud, ya que las cotas de Guanahaní apenas podían superar los 50 metros de altura. Según dichas teorías, la propuesta es que antes del episodio de la llegada al Descubrimiento de América, la tripulación había sido testigo de un episodio de un encuentro paranormal en la zona del mar de los Sargazos, antes de desviarse de su rumbo hacia el Sur. A la posibilidad de que haya sido un cometa o asteroide que surcara el cielo y cayera en el océano, este fue desechado ya que las “luces de fuego” salían y entraban del agua, algo que un cuerpo celeste no pude hacer, por lo que se deduce que haya sido un OSNI. Hay quienes alegan que Colón cruzó el Triangulo de las Bermudas, un lugar conocido por sus extrañas luces y fenómenos meteorológicos, así como por una serie de extraños sucesos y desapariciones. Hay una energía loca de la Tierra ocurriendo en y alrededor de esa área. Puede haber parecido una especie de relámpago en bola, tal vez un fuego de San Telmo distante, ¿quién sabe? El enigma perdurara por siempre.