TIEMPOS DEL MUNDO

jueves, 3 de abril de 2025

GOATMAN: Emergiendo de las sombras

En el sombrío reino de las criaturas míticas, una figura se alza como un enigma escalofriante, envuelto en susurros y leyendas: Goatman (el Hombre Cabra). Una criatura que se encuentra a caballo entre lo humano y lo animal, que ha capturado la imaginación de los narradores de historias y los buscadores de miedo durante generaciones. Los orígenes del Goatman están llenos de misterio, con diversas interpretaciones y variaciones regionales. Un denominador común es la naturaleza híbrida de la criatura, que encarna características tanto humanas como de cabra. Algunas leyendas sugieren que alguna vez fue un humano, y que a través de oscuros rituales o una maldición, se transformó en esta forma grotesca. Otros creen que es producto de una unión prohibida entre un humano y una cabra. En cuanto a si tiene familia, suele representársele como un ser solitario, que acecha en las profundidades de los bosques, los pantanos o las zonas rurales remotas. Rara vez muestra vínculos familiares, lo que refuerza aún más su naturaleza inquietante y esquiva. Asimismo la apariencia del Goatman varía según la fuente y el folclore regional, pero ciertos elementos permanecen constantes. De imponente altura, el Goatman ostenta una parte superior del cuerpo humanoide, con brazos, torso y una cabeza grotesca de apariencia humana. Sin embargo, su mitad inferior adopta la forma de una cabra, con pezuñas hendidas y pelaje peludo. Su rostro es una burla retorcida de la humanidad, con dientes amenazantes y afilados y ojos malignos y brillantes que miran desde debajo de un cabello enmarañado y descuidado. Algunos relatos incluso describen al Goatman como si tuviera múltiples ojos, lo que realza aún más su rostro sobrenatural y aterrador. Pero no es simplemente una forma grotesca; posee una serie de habilidades que lo convierten en una presencia formidable y esquiva en el mundo mítico. Además de su monstruosa apariencia, uno de sus rasgos más emblemáticos es su agilidad y velocidad, que utiliza para acechar a sus presas a través de bosques densos o áreas rurales aisladas. Además, sus agudos sentidos le permiten detectar incluso los sonidos o los olores más débiles, lo que lo convierte en un cazador magistral. Además, las historias atribuyen a la criatura un poder hipnótico cuando se encuentra con individuos. Algunas historias cuentan cómo quienes miran fijamente al Goatman quedan hechizados, caen bajo su control y son incapaces de resistir su malévola influencia. Además, se le suele asociar con la magia oscura y la capacidad de cambiar de forma, lo que le permite adoptar diversas formas para engañar y aterrorizar a sus víctimas. Su habilidad para cambiar de forma intensifica la incertidumbre y el miedo que rodean a esta esquiva criatura. En la cultura popular, el Goatman no tiene símbolos específicos como algunas criaturas míticas, pero su presencia suele estar representada por imágenes espeluznantes e inquietantes. Las representaciones enfatizan su distintiva apariencia híbrida humanoide-cabra, creando una inquietante fusión de características humanas y animales. Las representaciones visuales acentúan su mirada amenazante y sus dientes afilados para evocar miedo y pavor. Además, varias representaciones vinculan indirectamente al Goatman con símbolos asociados con la oscuridad, lo oculto y el aislamiento rural. Estos elementos suelen desempeñar papeles importantes en sus historias, amplificando el misterio y la naturaleza inquietante de la criatura. El Goatman ha dejado una marca indeleble en el imaginario colectivo, con numerosos mitos e historias que tejen su escalofriante presencia en el folclore de diferentes culturas y regiones. Una de las leyendas más famosas sobre esta criatura tiene su origen en Maryland, Estados Unidos. Según la tradición local, el Dr. Stephen Fletcher, un científico, realizó experimentos horripilantes con cabras, lo que finalmente condujo a su transformación en el monstruoso Goatman. Se dice que esta aterradora criatura ronda un lugar conocido precisamente como el Puente del Goatman. Ubicado en el condado de Prince George, Maryland, se ha convertido en un imán para los curiosos amantes de las emociones fuertes y los investigadores paranormales. Además, el puente se extiende sobre un tramo de carretera oscuro y remoto, rodeado de bosques densos que parecen ocultar secretos incalculables. En este entorno inquietante, la realidad y el mito se fusionan en una fusión escalofriante. El descenso del Dr. Fletcher a la locura y sus extraños experimentos con cabras son la base de la leyenda del Goatman en esta zona. Se dice que lo impulsaba un retorcido deseo de poder y conocimiento. De esta manera, se embarcó en un camino que lo llevó a realizar rituales horribles y prohibidos en cabras inocentes. Sin embargo, estos experimentos tomaron un giro oscuro, difuminando la línea entre ciencia y hechicería hasta que se volvió indistinguible. Como resultado de estos experimentos malévolos, la transformación del Dr. Fletcher en el Goatman fue inevitable. Su humanidad se retorció y deformó, se convirtió en una criatura de la noche, mitad humano y mitad cabra, atrapada para siempre en una forma monstruosa. Su presencia inquietante, marcada por gritos espeluznantes y encuentros inquietantes, ha hecho del Puente del Goatman un destino inquietante e inquietante para quienes se atreven a aventurarse allí. Curiosamente, siguen circulando historias sobre dicho puente, y los visitantes relatan encuentros espeluznantes, fenómenos extraños y una abrumadora sensación de estar siendo observados. Es un testimonio del poder perdurable del folclore y de la capacidad de esta leyenda para aterrorizar y cautivar a quienes buscan explorar lo desconocido. Mientras en Kentucky, surgió una variante única de la leyenda del Goatman. Se cree que se originó a partir de la trágica historia de un ermitaño que se retiró de la sociedad luego de un accidente que lo desfiguró. Esta criatura escalofriante finalmente sufrió una transformación horrible en un ser parecido a una cabra. Las inquietantes historias del Monstruo de Popelick (como es conocido) continúan evocando miedo e inquietud entre aquellos que se atreven a aventurarse en su territorio. Según la tradición local, la historia del monstruo comienza con un ermitaño solitario llamado Viejo Popelick. Se sabía que vivía en los bosques apartados de Kentucky, lejos de las miradas indiscretas y de las trampas de la civilización moderna. Entonces, un día fatídico, sufrió un terrible accidente que le provocó desfiguraciones que alteraron su vida y lo convirtieron en un paria de la sociedad. En consecuencia, su aislamiento se hizo más profundo y su apariencia se volvió cada vez más grotesca. A medida que pasaban los años, la soledad y la angustia del ermitaño se manifestaron de una manera siniestra. Se adentró en prácticas oscuras y prohibidas, recurriendo al conocimiento oculto y a rituales místicos para buscar venganza contra quienes lo habían rechazado. Sin embargo, estos encantamientos malévolos le cobraron un precio terrible al Viejo Popelick, ya que hicieron que su cuerpo se transformara en una fusión de pesadilla de humano y cabra. La descripción del Monstruo de Popelick revela una amalgama aterradora de un cuerpo humanoide superior y una mitad inferior de cabra, con un rostro grotesco que aterroriza a todo aquel que lo ve. Además, su rostro amenazador adquiere potencia gracias a una mirada malévola y dientes afilados y brillantes, que sirven como un inquietante recordatorio de su trágico descenso a la oscuridad. Por otra parte, las historias del monstruo de Popelick sirven como advertencia sobre las consecuencias del aislamiento y la búsqueda de venganza. Se dice que su aterradora presencia sigue rondando en las sombras de la naturaleza salvaje de Kentucky, atrayendo a las almas valientes a poner a prueba su coraje en su inquietante dominio. Cabe precisar que en las distintas tribus indígenas de EE.UU., surgen distintas versiones de la leyenda del Goatman. Además, cada una de estas variaciones está intrincadamente entretejida en el tapiz de sus respectivas culturas. Estas narraciones a menudo lo representan como una encarnación de los espíritus del bosque o entidades embaucadoras. Esto, a su vez, refleja una profunda reverencia por el mundo natural y la enigmática naturaleza salvaje que los rodea. En estas cautivadoras historias, el Goatman asume un papel que va más allá de la mera malevolencia. En cambio, se convierte en una figura aleccionadora, un guardián de los bosques indómitos y un símbolo de la interconexión entre los humanos y la naturaleza. Para muchas otras tribus indígenas, el Goatman representa los misterios y las fuerzas invisibles que habitan en el bosque, y alienta a las personas a acercarse a la naturaleza con respeto y humildad. Las historias enfatizan la importancia de comprender los ritmos del mundo natural y la necesidad de coexistir en armonía con él. Estas narraciones también reflejan las tradiciones de narración oral, profundamente arraigadas en las tribus, que transmiten la sabiduría de una generación a la siguiente. No solo sirven para inculcar un sano temor a la naturaleza, sino también para enseñar lecciones valiosas sobre la supervivencia, el respeto por la vida silvestre y la interconexión de todos los seres vivos. En el rico tapiz del folclore indígena americano, la presencia del Goatman resuena como un guardián y un guía, ofreciendo así una profunda conexión con los misterios de los bosques indómitos. En varios relatos e historias, su modus operandi suele consistir en atraer a víctimas desprevenidas a su dominio mediante sonidos o gritos espeluznantes, imitando voces humanas o llamadas de socorro. Una vez atrapado, sus intenciones malévolas se hacen evidentes provocando miedo, caos y, en algunos casos, incluso la muerte. A tener mucho cuidado para no encontrarse con uno de ellos.

jueves, 27 de marzo de 2025

CONTROVERTIDO DESCUBRIMIENTO: Documentos desclasificados de la CIA confirmarían la “existencia” del Arca de la Alianza

Un documento desclasificado de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) asegura haber confirmado, mediante "visión remota", la existencia de lo que parece ser el cofre sagrado conocido como el Arca de la Alianza, que, según la Biblia, contenía las dos tablas de piedra de los Diez Mandamientos. Aunque el documento ha estado desclasificado desde agosto del 2000, solo ahora está siendo ampliamente difundido por redes sociales y ganando mucha atención, recoge este jueves The New York Post. Según los registros, en una sesión de visión remota –también conocida como percepción extrasensorial– llevada a cabo el 5 de diciembre de 1988, a un observador remoto identificado como n.º 32 se le encomendó la tarea de identificar un objeto, que posteriormente fue descrito como el Arca de la Alianza. Asimismo, el documento afirma que el cofre "está protegido por entidades" con "un poder desconocido". En su descripción, el observador n. º 32 describe que el objeto se encuentra oculto, probablemente enterrado, en "algún lugar de Oriente Medio", cuyos edificios alrededor indican la presencia de mezquitas. "El objetivo es un contenedor. Este contenedor tiene otro contenedor en su interior. El objetivo es de madera, oro y plata, de forma similar a un ataúd y está decorado con serafines", se lee en el archivo. A continuación, afirma que el propósito del cofre "es unir a las personas. Tiene algo que ver con la ceremonia, la memoria, el homenaje, la resurrección. Hay un aspecto de espiritualidad, información, lecciones y el conocimiento histórico mucho más allá de lo que conocemos ahora". Además, el observador aseguró que el objeto "está protegido por entidades y solo puede ser abierto por aquellos que están autorizados a hacerlo", y agrega: "este contenedor no podrá ser abierto hasta que se considere el momento correcto. Una vez que sea el momento de abrirlo, la mecánica del sistema de bloqueo se volverá bastante simples". El texto advierte que aquellos que intenten abrir el contenedor a la fuerza "serán destruidos por los protectores mediante el uso de un poder desconocido para nosotros". A pesar de la fascinación que genera este documento, algunos expertos han expresado escepticismo. Joe McMoneagle, exjefe de visión remota del ejército de EE.UU. y participante en estos experimentos, aseguró que la sesión de 1988 no fue una misión de inteligencia real, sino un ejercicio de entrenamiento realizado “por capricho”. De acuerdo a este oficial, además, la visión remota solo tiene valor cuando se puede verificar la información obtenida con pruebas físicas, algo imposible en este caso sin encontrar el Arca en el mundo real. “Si alguien afirma que la visión remota prueba la existencia del Arca de la Alianza, debe presentar el Arca para fundamentar su declaración”, sentenció McMoneagle. Como sabéis, este extraño artefacto, aparentemente portadora de los Diez Mandamientos según el folklore judío, sigue siendo una de las reliquias más enigmáticas de la historia. Aunque la CIA exploró su existencia mediante métodos no convencionales, la falta de evidencia física mantiene su estatus como un mito legendario. ¿Se trata de una simple anécdota de la Guerra Fría o hay algo más detrás de este informe desclasificado? Por ahora, la incógnita persiste.

jueves, 20 de marzo de 2025

¿CÓMO PODER ENCONTRARLOS?: Las señales de vida extraterrestre podrían estar escondidas en mundos que no se parecen a la Tierra

La búsqueda de vida en otros planetas podría tomar un giro de 180 grados. En efecto, una reciente investigación científica sugiere que los elementos químicos que permiten entornos similares a los de la Tierra, podrían estarse escondiendo en gases poco conocidos. Entonces, eso haría que los expertos en materia de astronomía tengan que volver a buscar indicios de estos químicos en exoplanetas que antes habían sido descartados. Intentar buscar vida en un exoplaneta, bien sea que esté en nuestra galaxia o en otra agrupación estelar, es un trabajo altamente complicado. En primer lugar, para poder determinar que hay un mundo (o varios) dando vueltas alrededor de un sol, primero hay que medir el brillo de la estrella masiva durante meses o años. Luego, basados en como cambie ese brillo y los períodos en los que lo haga, los científicos pueden determinar cuántos exoplanetas hay. A partir de esa información direccionan los diferentes observatorios hacia el lugar señalado, para intentar encontrar las composiciones de su atmósfera (si es que la tienen) y entonces determinar si hay firmas de químicos similares a los de la Tierra. Para poder encontrar un mundo similar al nuestro, los científicos también miden la distancia entre el cuerpo y su estrella masiva. Así determinan si están en lo que llaman la zona habitable de un sistema solar. Todos esos elementos siguen siendo importantes para la búsqueda de vida en otro planeta. Sin embargo, ahora hay que añadirle la confirmación de la existencia de un gas, que tiene la particularidad de esconder los químicos que conforman los elementos de vida de la Tierra. Se trata de unos gases llamados haluros de metilo. Estas formas se componen de un grupo de metilo, que contiene un átomo de carbono y tres de hidrógeno, los cuales están unidos a un átomo de halógeno como el cloro o el bromo. Son básicamente elementos que se producen en nuestro mundo por bacterias, algas marinas, hongos y algunas plantas. Pero encontrarlos no es nada fácil. Estas biofirmas son tan pequeñas, que el Telescopio Espacial James Webb no las puede captar. Entonces, los expertos tendrían que apuntar a exoplanetas grandes, que estén orbitando alrededor de estrellas rojas, calificados dentro de los Hyceanos, destacados por contar con atmósferas densas y aparentes océanos muy profundos. “A diferencia de un planeta similar a la Tierra, donde el ruido atmosférico y las limitaciones de los telescopios dificultan la detección de biofirmas, los planetas Hyceanos ofrecen una señal mucho más clara”, dijo Eddie Schwieterman, autor del estudio y científico de la Universidad de California, Riverside.” Debemos concentrarnos en su estudio para descubrir los secretos que esconden” asevero.

jueves, 13 de marzo de 2025

¿EXTRAÑAS FORMAS DE VIDA EN LA TERMOSFERA?: Secretos que esconde nuestro planeta

Un reciente estudio publicado en el Journal of Modern Physics, cambia radicalmente el enfoque tradicional del fenómeno de los objetos no identificados (UAP por sus siglas en inglés). En efecto, el trabajo se aleja de la idea de naves espaciales pilotadas por seres alienígenas provenientes de lugares distantes del cosmos. El informe, firmado por científicos de prestigiosas instituciones como Harvard y Cambridge, sugiere que muchas de estas anomalías podrían ser en realidad formas de vida basadas en plasma que habitan en la termosfera terrestre. La termosfera o ionosfera, se extiende aproximadamente entre 80 y 120 kilómetros de altitud sobre la superficie terrestre y se prolonga hasta los 1000 kilómetros de altura, en la zona que transitan nuestros satélites y sondas espaciales. El estudio, titulado Extraterrestrial Life in the Thermosphere: Plasmas, UAP, Pre-Life, Fourth State of Matter, señala que existen evidencias sólidas de que estos plasmoides, constituidos por el cuarto estado de la materia, presentan patrones de inteligencia. Se han documentado movimientos oscilantes, persecuciones, cambios abruptos de dirección y velocidades imposibles para cualquier tecnología humana conocida. Además, estos objetos han sido captados en misiones espaciales oficiales de la NASA, como las misiones STS (Space Transportation System). Los autores del estudio proponen que estos plasmas podrían ser formas de "pre-vida" con características que los acercan a organismos biológicos simples. Sus interacciones con campos electromagnéticos y su capacidad de dividirse, congregarse y emitir rastros de polvo de plasma han llevado a los científicos a considerar que podrían ser más que simples fenómenos físicos. Una de las evidencias más impactantes proviene del experimento Tether de la NASA en 1996. Durante esta misión, un cable conductor desplegado en el espacio se rompió inesperadamente y, en las imágenes captadas, se observó una gran cantidad de esferas luminosas moviéndose de forma aparentemente inteligente alrededor del cable. Según los investigadores, estos plasmoides presentan morfologías diversas, como formas de cono, nube, dona y esfera, y han sido observados en múltiples misiones del transbordador espacial, como la STS-48, STS-80 y STS-75. Pero más allá de la hipótesis científica de vida plasmática, otros investigadores han comenzado a especular que estos fenómenos podrían estar relacionados con una forma de inteligencia artificial avanzada que se manifiesta en nuestro mundo físico a través de estas estructuras energéticas. La teoría sugiere que una conciencia no humana podría estar utilizando el plasma como un medio para interactuar con nuestro entorno. Algunos, como el empresario estadounidense Rusty Lindquist, han planteado que este mecanismo se basa en el concepto de energía de punto cero, un fenómeno cuántico donde la energía latente en el vacío puede ser utilizada para manifestar materia. En este sentido, una inteligencia lo suficientemente avanzada podría ser capaz de "colapsar" la energía en un estado material transitorio, permitiéndole moverse e interactuar con la realidad física en forma de plasmoides. Esta hipótesis explicaría por qué estos objetos parecen desafiar las leyes convencionales de la física, como la inercia y la gravedad. Además, su atracción por campos magnéticos podría explicar avistamientos cerca de instalaciones nucleares y zonas con alta actividad electromagnética, un patrón que ha sido documentado en múltiples ocasiones. El estudio también revisa el fenómeno de los Foo Fighters reportado por pilotos durante la Segunda Guerra Mundial. Estas luminarias, que parecían jugar con los aviones de combate, podrían haber sido manifestaciones de la misma inteligencia que hoy se esconde bajo la denominación de UAP (Fenómenos Aéreos No Identificados). En este contexto, el informe sugiere que la NASA y otras agencias han evitado abordar el tema con la seriedad que merece. La falta de explicaciones oficiales podría deberse a la incapacidad de los modelos científicos tradicionales para comprender estos fenómenos dentro de los marcos actuales de la física. Si esta teoría es correcta, la humanidad podría estar enfrentándose a una forma de inteligencia que no necesita cuerpos ni naves espaciales, sino que se manifiesta a través de estructuras energéticas en el límite entre la materia y la información. Esta hipótesis no solo cambiaría la manera en que entendemos los OVNIS, sino que podría abrir la puerta a una nueva visión sobre la naturaleza de la conciencia y la realidad misma. Por cierto, esta es solo una hipótesis, así que lo que realmente existe en el espacio no lo sabemos.

jueves, 6 de marzo de 2025

SECTAS DEL DEMONIO: El Templo del Pueblo

La aterradora escena del 18 de noviembre de 1978 que conmoviera al mundo, empezó a ser trazada mucho antes, y fue filtrándose gota a gota, como el veneno, hasta el acto final de la historia. Una que levantó su telón el 13 de mayo de 1931 en Crete, Indiana, cuando nació James (Jim) Warren Jones, hijo de un matrimonio de toscos campesinos: padre galés y madre escocesa. Poco se sabe de la niñez de Jim. Sí, en cambio, de su juventud. Decía que tenía sangre de indios cherokee, pero nunca pudo probarlo. Su primer imán fue la religión: las iglesias, sus coros negros, la música góspel, y la voz y el mensaje de pastores y predicadores Pero, en 1951, a sus 20 años, agitó un cóctel absurdo: se unió al Partido Comunista, uno de cuyos lemas ("La religión es el opio de los pueblos"), se estrellaba de frente contra la Cruz… Dos años antes se casó con la enfermera Madeleine Baldwin, terminó la universidad, se plegó como auxiliar a una iglesia metodista para convertirse en pastor… y en 1955 fundó una congregación religiosa: el Templo del Pueblo. Sus primeras acciones fueron, controvertidas: Denostó al racismo, apoyó el movimiento de derechos civiles a favor de los negros, y organizó colectas de beneficencia para drogadictos y gente sin hogar. Pero una chispa fue luego llamarada. Otras iglesias cristianas protestantes lo repudiaron por su filiación comunista, y Jim no puso la otra mejilla: insultó a la Biblia y se proclamó "una divinidad no menor que Jesucristo". Para entonces, su discurso pacifista y pleno de bondad perdió la piel de cordero… y apareció el lobo. El “reverendo”, como se hacía llamar, fue mostrando los afilados dientes de su sombría personalidad. Enfermo de liderazgo y de cruel autoritarismo, y cada vez más rechazado por sus delirantes contradicciones ideológicas (Marx, Lenin y Jesús en la misma bolsa), huyó a Los Ángeles y luego a San Francisco con su mujer, su hijo biológico y seis adoptados, de distintas razas, para fundar una familia que llamaron "del arco iris"… contra el racismo. A mediados de los setenta, el “reverendo”, con sus exaltados discursos, el poder de su carisma sobre las almas crédulas, y los enormes anteojos oscuros que nunca abandonaba en público (un detalle que lo hacía exótico y misterioso), había logrado reclutar para su secta seis mil fanáticos –obedientes corderos–. La mitad de ellos, negros… Pero su poder y sus mentiras no cabalgaron con piedra libre. La prensa empezó a publicar graves denuncias contra él: explotación laboral, durísimos castigos (trompadas, latigazos y penitencias), y constantes amenazas de muerte sobre los acólitos que trataban de abandonar la secta. Un perfecto y maldito tirano… Pero con su ciudadela rodeada: en ninguna gran ciudad del país tenía chance de seguir con su negocio: el aporte de grandes sumas por parte de los ricos de la secta. El meollo de la cuestión. Ergo: toque de retirada. Destino: Guyana y su selva, en la costa norte de América del sur, muy cerca de Venezuela, ex colonia de Holanda y de Gran Bretaña, y república independiente desde 1970. Discurso: "Allí edificaremos un paraíso en la Tierra, lejos de los Estados Unidos y de la sociedad capitalista". Además –dato clave–, con mayoría de población negra (sus seguidores de color no serían discriminados), y gobierno amigo de países socialistas: campo libre para el comunista Templo de Dios… En 1975 compró 140 hectáreas, las bautizó Jonestown, y lo siguieron unos 900 fieles. Para afirmar su liderazgo y su poder absolutos arrojó sobre aquellas ignorantes cabezas –como todas las dictaduras– la existencia de un enemigo:. "Nos amenaza el fin del mundo, el Apocalipsis y el Anticristo, encarnado en el capitalismo. Nuestro Templo de Dios y nuestra causa están el peligro de muerte, y debemos prepararnos para el último sacrificio". En adelante, siempre bajo el látigo del “reverendo”, construyeron casas, sembraron, criaron ganado, fabricaron ropa y cuanto objeto era necesario para la vida (imitación de la corriente hippie), siempre bajo la tonante voz del amo: "Sobreviviremos a la guerra nuclear y a los cerdos capitalistas. Jonestown es un paraíso del socialismo con equidad económica y racial". Etcétera…, mezclando la Biblia con textos de Marx y el credo evangélico Pentecostal. Un mamarracho ideológico sostenido por esclavos. Porque no menos que esclavitud era el régimen de trabajo. Todos, hasta los niños, eran obligados a producir desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, agobiados por temperaturas nunca menores a los 38 grados y la pegajosa humedad de la selva, y sólo alimentados con arroz y legumbres. Un anémico menú fijo que Jim, su mujer y sus tres hijos eludían como una condena: comían lo mejor que producían la tierra y el ganado… Los desobedientes y los que desfallecían eran encerrados largas horas en cajas de madera donde apenas cabían, y sofocados. Y para los niños díscolos, el Hoyo de Tortura, donde los arrojaba de noche diciéndoles que en el fondo había un monstruo. Y también ejercía una variante sobre los adolescentes que dudaban del monstruo: desnudos, picana eléctrica en los genitales… Los intentos de fuga eran reprimidos drogando a los audaces que dejaban de creer en el paraíso socialista, o detenidos por guardias armados que patrullaban día y noche. El Templo de Dios se parecía cada vez más a un gulag soviético, con una diabólica variante: "las noches blancas" cada dos semanas. Una "prueba de lealtad" que obligaba a simulacros de suicidios masivos tomando falsas pociones de veneno. Si alguien se negaba a beber, se lo amenazaba a punta de fusil. En realidad, Jim Jones ya tenía decidido el final. Tanto, que en esas noches –preludio de muerte–, con un megáfono, vociferaba: "Nos quedan sólo cuatro opciones: huir a la Unión Soviética, un suicidio revolucionario, quedarnos aquí para luchar contra los invasores, o escapar y refugiarnos en la selva". La frase "los invasores" no era parte del delirio general. Se veía perdido. Sabía que tarde o temprano afrontaría rebeliones por hartazgo y desencanto. Y que su paraíso ideal, feliz, eterno, sería invadido desde los Estados Unidos, que no ignoraba cuanto pasaba allí. Los servicios de Inteligencia nunca descansaban, sobre todo ante los avisperos comunistas… El principio del fin se desató unos pocos días antes. El 10 de noviembre aterrizó un avión. Sus pasajeros: el congresista por California Leo Ryan, varios periodistas, familiares de miembros de la secta, y un desertor del Templo. El “reverendo” comprendió claramente la misión de ese viaje ("traición", pensó), y decidió matar a todos los recién llegados. Pero, por alguna razón, reculó, decidió recibirlos cordialmente, y hasta ordenó un gran show musical en su honor. Pero la situación fue cada vez más tensa – Ryan casi muere apuñalado –, y en la víspera de su partida invitó a subir a su avión a todos los que quisieran abandonar la secta. Varios aceptaron. Pero corrió sangre… El 17 de noviembre, Ryan y tres periodistas murieron a balazos –el congresista, acribillado e irreconocible –, nueve fueron heridos, y el grupo atacante destrozó el avión. Fue una declaración de guerra: Jim Jones contra los Estados Unidos. Vencedor más que predecible… Y al otro día, la locura en su punto máximo y ardiente. El líder, siempre con megáfono, ordenó el brutal sacrificio: "Por el amor de Dios, llegó el momento de terminar con esto. Logramos todo lo que quisimos de este mundo. Tuvimos una buena vida y fuimos amados. ¡Acabemos con esto ya! ¡Acabemos con esta agonía!" En espeluznante desfile, las secretarias y las enfermeras repartieron frascos llenos de cianuro mezclado con jugo de uva. Todos, como hipnotizados, como zombies, tomaron su dosis, se desplomaron, murieron entre atroces dolores. Los niños, y hasta los bebés, fueron envenenados por las asistentes. La casa principal de la secta fue primero un escalofriante coro de gritos de dolor, y poco después quedó alfombrada por más 900 cadáveres. De ellos, 200 niños y bebés. Sólo sobrevivieron tres de sus hijos adoptivos: Stephan, Jim Jr. y Tim. Estaban en Georgetown, la capital, con el equipo de básquet del templo. Jim Jones no quiso enfrentar el fuego del cianuro en las entrañas. Se mató de un tiro de escopeta. Tenía 47 años. Recuento final: sumando a Ryan y los tres periodistas… ¡918 muertos! Título de toda la prensa: "El mayor suicidio colectivo de la historia". La abominable y trágica aventura, desde la fundación del Templo de Dios hasta ese horrendo 18 de noviembre de 1978, duró veintitrés años. Gota a gota y día a día. Como se filtró el veneno.