TIEMPOS DEL MUNDO

jueves, 15 de enero de 2026

LA ANOMALIA DEL MAR BÁLTICO: El misterio que resurge desde sus cenizas

Desde su descubrimiento en el 2011, la anomalía en el Mar Báltico ha fascinado a exploradores, científicos y aficionados al misterio. Ahora, el cazatesoros sueco Dennis Åsberg afirma que su investigación ha dado un giro importante: luego de 16 años, asegura que la Universidad de Estocolmo ha confirmado que el objeto no es una formación natural, sino algo colocado intencionalmente. Como recordareis - ya que lo dimos a conocer en su momento - el 2011, el equipo de Ocean X, liderado por Åsberg y Peter Lindberg, descubrió mediante sonar una extraña estructura circular de unos 60 metros de diámetro, ubicada a 90 metros de profundidad en el Golfo de Bothnia, entre Suecia y Finlandia. Las primeras imágenes sorprendieron por su forma peculiar, que parecía un “platillo volador”, con superficies planas, líneas rectas y ángulos de 90°, algo poco común en las formaciones geológicas. Desde el principio, el objeto estuvo rodeado de misterio. Los buzos informaron que sus equipos eléctricos fallaban siempre cuando se acercaban: teléfonos satelitales, cámaras, ordenadores de buceo... todo dejaba de funcionar cerca de la anomalía. Incluso hubo problemas con el sonar del robot submarino. Según Åsberg, lo más relevante de su reciente descubrimiento es que, gracias a los datos del subsuelo, ha confirmado que la estructura está apoyada sobre el fondo marino, pero separada de las capas geológicas inferiores, lo que sugiere que fue "colocada" allí, no formada de manera natural. Este hallazgo es importante porque, si fuera parte del lecho rocoso, tendría más sentido como una formación geológica. Pero según Åsberg, el objeto no solo es geométricamente extraño, sino que está físicamente aislado del terreno circundante. Además de su forma circular, la anomalía presenta paredes rectas, corredores en ángulos rectos y una superficie dura y uniforme, lo cual es raro si fuera una roca erosionada naturalmente. Lo más inquietante, según Åsberg, es el "fallo sistemático" de los aparatos electrónicos: GPS, cámaras y otros equipos dejan de funcionar cada vez que los buzos o sondas se acercan al objeto. Estas anomalías electromagnéticas se han repetido en diversas expediciones. Al respecto, cabe precisar que las muestras recogidas en expediciones anteriores han generado controversia. El geólogo Steve Weiner, parte del equipo Ocean X, asegura que encontraron materiales metálicos "que la naturaleza no podría producir por sí sola". Sin embargo, otros científicos escépticos como Volker Brüchert, de la Universidad de Estocolmo, analizaron fragmentos y concluyeron “que eran principalmente granito, gneis y arenisca”, o sea, rocas comunes. Recientes informes sugieren que también se hallaron rastros de basalto y material orgánico quemado cerca del objeto. Este último dato resulta curioso porque la zona del Báltico en esa área tiene muy baja actividad biológica, lo que hace aún más extraño el hallazgo. Por cierto, uno de los datos más intrigantes que ofrece Åsberg es un antiguo mapa de 1539, que marca una "montaña ardiente" justo en el lugar donde se encuentra la anomalía. Según Åsberg, "los científicos actuales no ven volcanes allí, pero nosotros hemos experimentado fallos extraños. ¿Qué sabían esos antiguos cartógrafos?" Esta referencia histórica abre la puerta a muchas especulaciones: ¿podría ser un lugar con algún significado simbólico o ancestral? ¿O es simplemente un mito cartográfico que se ha reinterpretado con el tiempo? Aunque Åsberg asegura que la Universidad de Estocolmo ha confirmado su teoría, muchos escépticos no comparten su opinión. El geólogo Martin Jakobsson, de la misma universidad, ha afirmado en el pasado que las imágenes “podrían ser de arenisca o morrena glacial, formaciones depositadas por antiguos glaciares”. Por su parte, el arqueólogo marino Göran Ekberg ha señalado que, aunque la forma circular del objeto sea curiosa, “la naturaleza puede generar estructuras extrañas por sí sola”. Algunos incluso sugieren que el anuncio de Åsberg “podría ser un truco mediático para atraer fondos a futuras expediciones” ... pero el debate continua. Lo único cierto por ahora es que el Mar Báltico sigue guardando muchos secretos. Y algunos están dispuestos a seguir investigando para desvelarlos.

jueves, 8 de enero de 2026

EL DRAGÓN ROJO DE GALES: Símbolo de una Nación

Según la tradición, el origen del dragón rojo representado en la bandera de Gales, llamado Ddraig Goch o Dragón Galés, proviene de un antiquísimo conflicto entre dos de estas bestias, una blanca y una roja. Del dragón blanco se decía que era la encarnación del mal, pero existía un problema, y era que los constantes enfrentamientos entre estos dos dragones provocaban daños en los humanos, y se creía que el simple sonido que emitían al luchar era suficiente para dejar a quienes lo escuchasen sin descendencia. Llud, el entonces monarca de Gran Bretaña se decidió a encontrar una solución a este gran conflicto, para lo cual pidió consejo a su sabio hermano Llefelys. Éste le propuso cavar un enorme agujero en el centro del reino y llenarlo de hidromiel, para que los dragones se embriaguen y después sean más fáciles de abatir. Su plan funciono a medias, ya que ambas bestias si bien quedan atrapadas durante siglos, se mantienen con vida. Con el paso del tiempo, un nuevo rey llamado Gwrtheyrn decide erigir un gran castillo sobre la prisión de los dragones, descubriendo a ambas criaturas aun en su cautiverio. Entonces Gwrtheyrn pide consejo al ilustre mago Merlín, quien aconseja la liberación de las bestias para que puedan continuar con su batalla. Una vez libres, la lucha entre ambos termina con la victoria del dragón rojo, por lo que siglos más tarde, el rey Wthyr Bendragon (o Uther Pendragon, padre del mítico Arturo de Camelot) decide tomar la figura del dragón rojo como emblema de su linaje y del país de Gales. Se dice asimismo que, alguna vez, los dragones asolaron a todo el país de Gales. El dragón es tan intrínseco a la cultura galesa que adorna la bandera del país, por lo que ha formado parte central de su folclor desde hace siglos. De hecho, existe una vieja leyenda que asegura la existencia de un dragón durmiendo en medio de Gales. En el Mabinogion, un manuscrito medieval donde se concentraron diversas tradiciones orales de Gales, se dice que alguna vez existió un rey galés que consultó a su hermano, el rey de Francia, sobre algunos inconvenientes que enfrentaba en el reino. El monarca francés le comentó que todos sus problemas se debían a dos dragones que se disputaban sus tierras: un dragón extranjero y otro nativo de Gales. Así, aconsejó que realizara una medición de sus dominios y ubicara el centro exacto. En ese lugar debía cavar un hoyo profundo y colocar un gran caldero repleto con el mejor hidromiel. Según el rey francés, con esto los dos dragones vendrían y pelearían entre sí. “Al quedar agotados tras una lucha feroz y despiadada […] beberán todo el hidromiel, y entonces dormirán. Cuando esto suceda, arroja toda la tierra que se ha excavado y sepúltalos […] en el lugar más fuerte de tus dominios, y ocúltalos entre la tierra. Mientras los mantengas en ese lugar, ninguna plaga se atreverá a venir”. La historia menciona que el rey galés siguió las recomendaciones de su hermano y, finalmente, sus dominios quedaron en paz. Luego de pasar muchos años, mientras se construían los cimientos de un castillo, el legendario mago Merlín terminó descubriendo a los dos dragones dormidos: un rojo galés (Y Ddraig Goch) y otro blanco sajón. Se dice que las ruinas de este castillo construido por Merlín todavía pueden apreciarse en un valle cerca de las montañas Yr Eifl, también conocidas como “Las Rivales”. La popularidad de esta leyenda contribuyó a que el dragón rojo se convirtiera en el símbolo nacional de Gales. Sin embargo, para algunos, los dragones van mucho más allá de seres mitológicos. A principios del siglo XX, todavía se encontraban testimonios de personas que afirmaban haber divisado dragones en territorio galés. Marie Trevelyan, una historiadora experta en el folclor galés, tenía mucho interés en estudiar y preservar los informes sobre dragones en el país. Llegó a escribir un libro sobre historias populares donde reveló testimonios de varias personas que aseguraban haber tenido algún tipo de experiencia con dragones. Una zona aledaña al castillo de Penllyn, en Glamorgan, tenía reputación como el hogar de las temibles bestias. Cerca de este lugar Trevelyan encontró el testimonio de un anciano que recordaba haber visto serpientes con alas durante su juventud, llegando a describirlas “como si estuvieran cubiertas con toda clase de joyas. Algunos presentaban crestas brillantes con los colores del arcoíris”. Cuando eran molestados o sorprendidos, se deslizaban a toda velocidad, “brillando por todos lados», hacia sus escondites. Si se molestaban, sobrevolaban las cabezas de las personas con sus brillantes alas extendidas como las plumas en la cola de un pavo real”. Al conversar con Trevelyan, el anciano insistió en que estos seres no eran producto de simples historias sino una amenaza real, “tan perjudiciales como los zorros para las aves de corral”. De hecho, llegó a afirmar que sus familiares llegaron a matar algunos cuando eran jóvenes. Para este anciano, aquellas bestias increíbles desaparecieron, precisamente, por la caza excesiva. Trevelyan señaló que algunos locales veían a estos animales como algo común y corriente. Llegó a entrevistar a otra anciana que ofreció las mismas referencias que el anciano sobre el tema de los dragones. La mujer recordaba una historia en particular ya que en los acontecimientos participó su abuelo, quien junto a sus hermanos se dirigió a Penmark para cazar a una de estas bestias. Una vez que lograron derribarlo en pleno vuelo y matarlo, la anciana mencionó que su brillante piel decoraba su hogar mientras ella crecía, y sólo se deshicieron de ella cuando el abuelo murió. También hizo referencia al peligro que representaban los dragones para los animales de granja, recordando que muchas veces el ganado moría en las fauces de las temibles bestias aladas. Por eso, la cacería de dragones era algo común pues las personas protegían a sus animales. Otros procuraban el tesoro que, se rumoreaba, ocultaban cerca de sus guaridas. La forma tan sobria y mundana con la que los ancianos describieron a los dragones en las entrevistas que proporcionaron a Trevelyan es sorprendente, por decir lo menos. ¿Es posible que, en el pasado, serpientes aladas sobrevolaran el territorio de Gales llegando a la extinción a causa de los humanos?

jueves, 1 de enero de 2026

DESCUBRIENDO LA VERDADERA NATURALEZA DE LA ESTRELLA DE BELEN: ¿Un evento astronómico fuera de lo común?

Como sabéis, la Estrella de Belén es una de las piezas más famosas de la iconografía navideña. A pesar de aparecer solo en uno de los cuatro evangelios canónicos (el Evangelio de Mateo), la historia de un objeto celestial que guio a los Reyes Magos hasta el recién nacido Jesús en su pesebre se repite en todo, desde representaciones religiosas hasta películas. Pero ¿qué era realmente la Estrella de Belén? Naturalmente, una respuesta secular sería sugerir que la Estrella de Belén nunca existió, que fue simplemente una invención de Mateo para que Jesús de Nazaret cumpliera otra profecía mesiánica. Por cierto, cabe precisar que Evangelio de Mateo está repleto de elementos narrativos que concuerdan con diversas profecías del Antiguo Testamento, desde el nacimiento virginal profetizado en Isaías 7:14 hasta las treinta piezas de plata de Zacarías 11:13. En ese sentido, la Estrella de Belén podría verse como un esfuerzo por responder a la profecía escrita en Números 24:17, la Estrella de Jacob: “Lo veré, mas no ahora; lo contemplaré, mas no de cerca: Saldrá la Estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set”. Pero cualquier intento de desestimar la Estrella de Belén como un mero adorno literario tiene que lidiar con el hecho de que existen fenómenos astronómicos reales - y, en algunos casos, incluso eventos documentados - que podrían explicar la aparición de esa famosa «estrella de belleza real, brillante, que mira hacia el oeste». Al respecto, un nuevo estudio incluso ha puesto a prueba a un candidato cósmico. Como se informó en Scientific American, mientras algunos han postulado que la Estrella de Belén fue una conjunción entre Saturno y Júpiter, una nueva investigación escrita por el científico planetario Mark Matney y publicada en el Journal of the British Astronomical Association otorga un peso considerable a una teoría alternativa: que la estrella de Belén era en realidad un cometa. “Matney recuerda cómo, siendo estudiante, trabajó en un planetario que presentaba un espectáculo navideño sobre el cielo que contaba la historia de la Estrella de Belén, que se elevaba en el cielo austral hasta que parecía detenerse”, escribió en Scientific American. “El espectáculo del planetario decía que ningún objeto astronómico conocido podía actuar de la forma descrita por la historia de los magos: la rotación de la Tierra significa que todo en el cielo sale por el este y se pone por el oeste”. Pero Matney no estaba de acuerdo. Creía que un objeto celeste podría encajar en esa descripción: «un cometa de largo período procedente de la misteriosa Nube de Oort». Para reforzar su caso, Matney recurrió a antiguos escritos chinos, en particular al Tratado astronómico de la historia de la antigua dinastía Han, que hablaba de una “hui-hsing”, o estrella escoba, que apareció en la primavera del año 5 a. C. Scientific American resume que este tratado chino parece sugerir que “la extraña estrella permaneció en la misma constelación durante 70 días, demasiado tiempo para un cometa”. Este evento astrológico en particular no es solo un ejemplo del tipo de "estrella" que era la Estrella de Belén; bien podría haber sido la misma estrella. Esto se debe a que, si bien nuestro sistema de datación contemporáneo de a. e. c. y d. e. se basa en el llamado sistema de datación Anno Domini, cuyo propósito es trazar toda la historia basándose en si ocurrió o no "antes de Cristo", resulta que una de las cosas que existió en ese período "antes de Cristo" fue probablemente... Cristo. La mayoría de los eruditos coinciden ahora en que Jesús probablemente nació durante el período a. C./a. C., siendo el año 5 a. C. una fuerte contendiente, en gran medida porque los Evangelios de Lucas y Mateo describen el nacimiento de Jesús durante el reinado del rey Herodes. El infame monarca murió en el año 4 a. C., por lo que el nacimiento de Jesús debe haber ocurrido antes. En cuanto al cometa documentado por China que podría coincidir con el nacimiento de Jesús en el año 5 a. C., cabe señalar que Matney no es el primero en establecer esta conexión. En 1977, David H. Clark, del Real Observatorio de Greenwich en Herstmonceaux, Inglaterra, propuso la misma teoría en un coloquio en la Universidad de Nueva York, según informó entonces The New York Times. La investigación de Matney cita la del Dr. Clark y se basa en ella, calculando las posibles órbitas cometarias que esta "estrella escoba" en particular podría haber seguido. Matney también postula que el cometa podría haber experimentado un "movimiento geosincrónico temporal" en el que "coincidiría y contrarrestaría temporalmente la velocidad de rotación de la Tierra", haciendo que pareciera detenerse en el cielo. Matney incluso lleva los cálculos un paso más allá, comparando una de sus órbitas cometarias viables con la trayectoria de Jerusalén a Belén que habrían seguido los Reyes Magos. Al hacerlo, determinó que "un día de junio en particular, este cometa podría haberse movido de tal manera que pareciera 'preceder' a alguien que viajara de Jerusalén a Belén y luego 'detenerse' casi por encima durante unas dos horas". Naturalmente, esta no es la última palabra sobre la Estrella de Belén, ni Matney pretendía que lo fuera. Scientific American señala que el objetivo de Matney «no es identificar la Estrella de Belén por completo, sino proponer un objeto astronómico válido que coincida con su comportamiento descrito» asevero. «En todo caso, de lo que en realidad fue esa misteriosa ‘estrella’ quedara por siempre envuelto en el misterio» puntualizo.

jueves, 25 de diciembre de 2025

UNA INTERROGANTE QUE EXIGE RESPUESTAS: ¿Celebran los extraterrestres la Navidad?

Gran pregunta, y muy de actualidad, pero que al parecer nadie lo hace por falta de datos. Ni el Papa de Roma conoce la repuesta. Tampoco los teólogos, ni los cosmólogos, ni los imaginativos astrobiólogos que hoy están ocupados con un enigmático objeto estelar (3I/ATLAS) que esta de “visita” por nuestro sistema solar. Ni siquiera el recuerdo o ningún relato de ciencia ficción acerca de seres alienígenas poniéndose navideños en lejanas galaxias. Nadie sabe nada del asunto, y si saben se lo callan. Pero como podéis suponer, la falta absoluta de datos de ningún modo puede impedir que razonemos, especulemos y contestemos preguntas sin respuesta, como hacen a diario la ciencia y la política. Si los extraterrestres existen y celebran festividades, entonces podríamos aventurar algunas conjeturas sobre ellos, lo que nos dará una idea de su existencia. Como sabéis, las festividades sirven como puntos de referencia o hitos en la vida de los seres humanos. A pesar de nuestros avances tecnológicos, muchas de nuestras festividades son bastante antiguas y se remontan a nuestras raíces pretecnológicas. Esto refleja la persistencia de las festividades y el valor que otorgamos a las tradiciones y los ritos de paso en las distintas etapas de nuestra vida. Entre los ejemplos de festividades humanas basadas en antiguos festivales del año agrícola y fechas astronómicas se incluyen las celebraciones del año nuevo, como la festividad persa de Nowruz, el Año Nuevo chino y el Año Nuevo occidental; las festividades estacionales que marcan la siembra de primavera (por ejemplo, Pascua), el solsticio de verano o mediados de verano (por ejemplo, el 4 de julio en Estados Unidos, el Día de Canadá y otras festividades de verano que se hacen pasar a simple vista por otras cosas); la temporada de cosecha (por ejemplo, Acción de Gracias) y el solsticio de invierno (por ejemplo, Navidad, Yule). Una cultura alienígena que también celebra festividades podría tener razones muy diferentes para hacerlo; pero creo que la suposición más simple es que, si fueran tan diferentes, no tendrían festividades. Por lo tanto, buscaría festividades que conmemoraran ocasiones de su propio pasado pretecnológico. Si alcanzaron la sensibilidad, también atravesaron etapas a lo largo del camino; el circuito de su propio mundo alrededor del sol puede o no incluir estaciones, pero por muy cíclica que sea nuestra experiencia de la naturaleza en las sociedades agrarias y de cazadores-recolectores, la suya casi con certeza implicaría recurrencias cíclicas de eventos relacionados con su propia caza o agricultura. ¿Sus celebraciones serian idénticas a las nuestras? Probablemente no, pero bien podríamos encontrar festividades originalmente basadas en migraciones, el inicio de fenómenos climáticos o astronómicos, la aparición de vida marina comestible procedente de corrientes cíclicas o ciclos de reproducción animal, u otras circunstancias similares. Obviamente, algunas o todas estas festividades, como muchas de las nuestras, pueden tener nombres o propósitos declarados relevantes para su sociedad actual; pero, al igual que Halloween, que se celebra a finales de la época de la cosecha, el origen puede ser antiguo. Se podría esperar que una sociedad tecnológica tuviera festividades científicas; pero ¿las tenemos? Claro que no. Celebramos las mismas ocasiones que dieron a nuestros antepasados una excusa para descansar de las labores de supervivencia. Las festividades surgieron por razones prácticas: Yule, por ejemplo, deleitaba a los niños y animaba a los adultos en la época más tristemente lúgubre del año. Si los extraterrestres celebran festividades, seguramente encontraremos algunos puntos en común con ellos respecto a la forma en que nuestros antepasados construyeron sus vidas en torno a la lucha por la supervivencia. Por otra parte, ¿acaso los alienígenas no son también criaturas de Dios, con mayor razón cuando la Biblia afirma que creo la Tierra y el universo? Porque si lo son, no pueden estar exentos del pecado original de existir, y existen grandes posibilidades de que alguien, cuyo nacimiento se celebraría en el planeta correspondiente, tuviera que redimirlos, acaso al precio de su propia vida, tal como lo hizo Jesús. Este dogma universal se cumpliría si tales extraterrestres, muy avanzados, hubiesen superado la fase biológica y fueran de naturaleza artificial. Igualmente hubiesen necesitado de un creador y un redentor, como narra Issac Asimov en Yo Robot. Pero dejemos el argumento religioso, porque en realidad, la Navidad tiene que ver muy poco con la religión, y la prueba de ellos es que la celebran quienes que se declaran ateos y agnósticos. Incluso hasta los paganos y la gente de otros credos y culturas. ¿Y eso por qué? Por la gran festividad que origina, efectivamente, No hay forma de que una especie inteligente se civilice y desarrolle sin celebrar fiestas importantes, y si a nosotros la religión no nos hubiera dotado de tres grandes festejos al año, como son la Navidad, Dia de Reyes y Pascua (donde se celebra el nacimiento, su presentación a los Reyes Magos y la muerte de Jesús), los habríamos buscado en otro sitio. Como podéis imaginar, cualquier especie inteligente del cosmos tendrá por fuerza una historia propia, fechas señaladas y fiestas para celebrarlas. Ello es indudable, tratándose de la civilización que fuera. De modo que la respuesta a nuestra pregunta es si. Los alienígenas si celebran la Navidad, o quizá algo muy parecido que se denomine de otra manera ¿Y saber esto sirve para algo? Lo ignoro, pero es una noticia muy festiva por estas fechas ¿no os parece?

jueves, 18 de diciembre de 2025

EXTRAÑAS ANOMALIAS DEL 3I/ATLAS: ¿Demasiadas para ser un cometa?

En esta ocasión, el reconocido astrofísico Avi Loeb - jefe del proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa Black Hole de la Universidad de Harvard, director del Instituto para la Teoría y la Computación del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y autor de los bestsellers Extraterrestrial: The first sign of intelligent life beyond earth e Interstellar - insiste en su tesis de que el 3i/ATLAS es demasiado extraño para ser un cometa, como lo está demostrando a medida que tendrá su máximo acercamiento a la Tierra este viernes 20, presentando señales difíciles de encajar en los modelos habituales a los que la ciencia ‘oficial’ nos tiene acostumbrados, por lo que os presentamos su punto de vista, como ya es habitual, traducido y entrecomillado ¿Vale?: “No cabe duda de que siempre podemos aprender algo nuevo del objeto interestelar 3I/ATLAS, independientemente de si es una roca helada o una nave espacial. El único obstáculo para aprender son los ‘expertos’ en cometas que muestran la arrogancia del conocimiento absoluto. ¿Cómo puede alguien afirmar ser ‘experto’ en objetos interestelares cuando el tamaño de la muestra incluye solo dos ejemplos previamente conocidos, 1I/`Oumuamua y 2I/Borisov, y cuando 3I/ATLAS muestra 13 anomalías respecto a estos dos. En efecto, la anticola de 3I/ATLAS aparece en una serie de imágenes de mayor resolución del telescopio espacial Hubble, obtenidas tanto antes como después del perihelio. La orientación de la anticola cambió respecto a la dirección del movimiento en el perihelio y definitivamente no es una cuestión de perspectiva como ocurre con algunos cometas. ¿Cuál es la física de la anticola de 3I/ATLAS? Las partículas de polvo refractario de escala micrométrica habrían sido barridas lejos del Sol por la radiación y el viento solar. Por tanto, la anticola debe contener algo más. Para explicar sus propiedades, he escrito hasta ahora tres artículos explicándola como compuesta por fragmentos de hielo que se evaporan antes de dar la vuelta o grandes objetos que no se ven muy afectados por la radiación o el viento solar. ¿Por qué los ‘expertos’ en cometas y los funcionarios de la NASA son tan reacios a mostrar curiosidad por la anticola u otras anomalías de 3I/ATLAS? Para obtener más información, otra noticia ha captado la atención durante la semana pasada, la cual afirma que dos experimentos importantes fueron motivados por anomalías en datos anteriores y buscaron neutrinos fantasma que no se acoplan a la materia. Ambos no lograron encontrar estos neutrinos estériles, como se informó en dos artículos de la revista Nature. El modelo estándar de física de partículas enumera tres tipos de neutrinos de los tipos electrón, muón y tau. Las oscilaciones cuántico-mecánicas permiten que un neutrino de un tipo sea detectado en un momento posterior como un tipo diferente. Las anomalías detectadas en experimentos anteriores eran incompatibles con esta imagen de tres tipos y han motivado la hipótesis de que existe un estado de neutrino adicional de un neutrino estéril que no interactúa con la materia. Los datos anómalos incluían oscilaciones observadas por el experimento Liquid Scintillator Neutrino Detector (LSND) y el Mini-Booster Neutrino Experiment (MiniBooNE). El primer artículo del MicroBooNE utilizó datos de oscilación de dos haces de neutrinos para excluir una interpretación de un solo neutrino estéril de las anomalías del LSND y MiniBooNE con un nivel de confianza del 95%. El segundo artículo utilizó la desintegración beta del tritio (emisión de electrones) en el experimento Karlsruhe Tritium Neutrino (KATRIN), para buscar neutrinos estériles. Una señal de neutrino estéril aparecería como una distorsión en el espectro de energía de desintegración beta, caracterizada por una discontinuidad relacionada con la masa del neutrino estéril. El análisis del espectro de energía de 36 millones de electrones de desintegración beta del tritio registrados en 259 días de medición excluyó la mayor parte del espacio de parámetros sugerido por afirmaciones anteriores de un neutrino estéril. Estos experimentos costaron un total de 90 millones de dólares (20 + 70). Pero su objetivo de explicar anomalías pasadas no fue un despilfarro. Probar explicaciones potenciales de anomalías, aquí en términos de una nueva partícula fantasma, está en la base de las fronteras científicas que intentan ampliar nuestro conocimiento. Sin embargo, los autoproclamados ‘expertos’ insisten en que las anomalías de objetos interestelares como 1I/`Oumuamua o 3I/ATLAS solo deben enmarcarse en el contexto de nuestro conocimiento previo sobre asteroides o cometas. Cualquier discusión que vaya más allá de estas categorías es ‘un sinsentido sobre zancos’ como expresó el dogmático Chris Lintott, solo a unas pocas semanas de que se descubriese el objeto interestelar y mucho antes de que tuviésemos datos detallados sobre sus propiedades. A estas alturas, he escrito varios artículos sobre 3I/ATLAS. Al final de mi primer artículo, incluí la frase conclusiva: "Si 3I/ATLAS es un objeto sólido con un radio físico mayor de 10 kilómetros, entonces el limitado depósito interestelar de materiales rocosos sugeriría que su trayectoria favoreció una órbita de inmersión hacia el interior del sistema solar, quizás por diseño tecnológico". Como editor de la revista donde se presentó mi artículo, Lintott insistió en que eliminase esta frase antes de que el artículo fuese aceptado para su publicación. Su insistencia me motivó a coescribir un artículo completo sobre la interpretación tecnológica, que fue revisado por pares y aceptado para su publicación en otra revista. Ningún dogmático comentó sobre las anomalías que llevaron a la noción de neutrinos estériles como "un sinsentido sobre zancos" incluso luego de que fracasase el esfuerzo por validar esta noción. ¿Por qué es la idea de un origen tecnológico para objetos interestelares mucho más controvertida que la idea fracasada de los neutrinos estériles? En términos de gestión de riesgos, la búsqueda de neutrinos estériles claramente no ofrece más promesas dados los últimos datos experimentales. Además, la tecnología extraterrestre tiene más relevancia para el futuro de la humanidad y, por tanto, merece atención científica. Esta fue la cuestión que debatí con el presidente de la Templeton Foundation, Tim Dalrymple, y su hija, durante su visita a mi casa hoy, cuando reflexionamos sobre las últimas fronteras de la ciencia. Se trata de una curiosidad genuina sobre las anomalías, la cual es común que se dé entre los entusiastas de la ciencia fuera del ámbito académico, pero que para los autoproclamados ‘expertos’ son discusiones estériles y ‘sin sentido’. ¿Cuándo dejaran de ser tan obtusos? me pregunto.” puntualizo.