TIEMPOS DEL MUNDO
jueves, 19 de diciembre de 2024
LA VERDADERA HISTORIA DE LA NAVIDAD: Los orígenes paganos de una festividad “cristiana”
Como sabéis, la Navidad - donde se conmemora el nacimiento de Jesucristo - se celebra el 25 de diciembre según el calendario gregoriano. Los Evangelios de Mateo y Lucas consideran que Jesús de Nazareth nació en un pesebre de Belén, aldea de Oriente Próximo, y que su llegada “fue anunciada por un ángel”. No obstante, estos no especifican el día exacto del nacimiento, una cuestión que se “resolvería” más tarde. Por aquella época, eran varias las festividades que tenían lugar a finales de diciembre en territorio romano, coexistiendo durante los inicios del Cristianismo: celebraciones de la antigua religión romana, del mazdeísmo persa y también nórdicas, mayoritariamente vinculadas al solsticio de invierno del hemisferio norte. El emperador Constantino, primero en legalizar el cristianismo en el Imperio Romano, con la intención de superponer las prácticas cristianas a otras más antiguas, estableció arbitrariamente el 25 de diciembre para la conmemoración del “nacimiento de Jesús”. El objetivo de esta superposición era convertir a los paganos romanos a la religión cristiana estableciendo una tradición fácilmente asimilable para ellos, ya que sería inevitablemente relacionada con algunas de sus fiestas principales celebradas en esas mismas fechas: las Saturnales y el Sol Invictus. De esta manera, la tradición cristiana de la Navidad (un término que proviene del latín Nativitas), tiene su origen en ciertas fiestas paganas, que influyeron en su creación y con las que guarda algunas similitudes. El mismo 25 de diciembre ya era una fecha de celebración para los romanos. En esta ocasión festejaban el Sol Invictus, un culto a la divinidad solar asociado al nacimiento de Apolo, dios del Sol. Este culto se desarrolló en el período mitológico romano y duró hasta la conversión del cristianismo en la religión oficial del imperio. Sin embargo, esta no era la única deidad solar que los romanos habían adorado. El mismo emperador Constantino dio mucho valor a la figura del Sol Invictus, e incluyo usó su imagen en las monedas del Imperio y decretó que los domingos serían un día de descanso dedicado a honrarlo. Sin embargo, la llegada del Cristianismo catalogó el culto al dios del Sol como una celebración pagana y se “apropió” de ella. Cabe precisar además, que distintas festividades antiguas romanas se asociaban al solsticio de invierno, entre ellas las Brumales y también las Saturnales. Durante varios siglos, antes del nacimiento del Cristianismo, la sociedad romana era politeísta y creía en una serie de divinidades protectoras de las distintas áreas de su vida. Para la agricultura y la cosecha se adoraba al dios Saturno, y se celebraban unas fiestas paganas en su honor: las Saturnales. Originalmente transcurrían entre el 17 y el 23 de diciembre coincidiendo con el solsticio de invierno, el período más oscuro del año, cuando el Sol sale más tarde y se pone más pronto. Las labores agrícolas finalizaban en esta época y los campesinos y los esclavos podían permitirse aplazar el trabajo cotidiano. Durante estas fiestas, que se prolongaban durante siete días, los romanos visitaban a sus familiares y amigos, intercambiaban regalos y celebraban grandes banquetes públicos. Los esclavos gozaban de una gran permisividad; podían vestir las ropas de sus señores y ser atendidos por éstos sin recibir ningún castigo. El emperador Constantino, encargado de establecer de forma oficial la fecha para la conmemoración del nacimiento de Jesús en el Imperio Romano, actuó con el apoyo del pontífice del momento: el papa Julio I. Así, se fijó la solemnidad de Navidad el 25 de diciembre, una fecha arbitrariamente escogida por la Iglesia Católica a pesar de la creencia de que Jesucristo “nació durante la primavera”. Esta creencia nace de interpretaciones de los Evangelios, que describen que Jesús nació en un momento en que los pastores tenían rebaños al aire libre, algo imposible en invierno y en una región como Palestina. Originalmente, la celebración de la Navidad no era demasiado importante para los primeros cristianos, para los cuales tenía mucho más peso la Pascua: esta representaba la resurrección de Jesucristo y constituía el factor diferencial más importante del cristianismo, el cual por aquel entonces era más una separación de la ortodoxia judía que una religión en sí misma. Solo alrededor del año 200, cuando los cristianos eran ya una comunidad organizada - aunque todavía perseguida -, empezó a surgir la idea de celebrar también la natividad de Jesús. Lo curioso es que inicialmente se observaron las indicaciones de los Evangelios y se celebraba en primavera, concretamente en mayo. Entonces, ¿por qué se cambió? En el año 221, el historiador Sexto Julio Africano publicó su Crónica, una colección de cinco libros escritos en griego que por primera vez fijaba un “canon” sobre la historia del pueblo judío. En uno de estos libros estableció la fecha del nacimiento de Jesús como el 25 de diciembre. Se desconoce por qué razón se decidió por este día, aunque teniendo en cuenta que Sexto Julio era de cultura helénica, es posible que fuese por la coincidencia con un culto muy importante en Oriente: el del Sol Invictus, relacionado con Apolo. Pero a pesar de haberse establecido el 25 de diciembre como fecha de nacimiento de Jesús, esta siguió sin celebrarse de forma generalizada. En su lugar se celebraba la Epifanía, el día que Jesús se “manifestaba” al mundo, representado posteriormente como la adoración de los Magos. La situación cambió a principios del siglo IV, cuando el emperador Constantino permitió oficialmente el culto cristiano y, por lo tanto, el proselitismo. A pesar de que el cristianismo ganaba adeptos rápidamente, los romanos estaban muy apegados a sus tradiciones; y en diciembre tenían lugar dos celebraciones paganas muy arraigadas entre la población y de gran importancia como eran las Saturnales y especialmente la del Sol Invictus, que festejaba el solsticio de invierno (aunque el cálculo tenía un error de algunos días), a partir del cual el día iba ganando más horas de sol. En el año 337, tras ser elegido como 35º Papa de la Iglesia, Julio I estableció que una de sus prioridades era establecer una ortodoxia para las celebraciones cristianas, así como combatir el paganismo y las doctrinas no católicas; en especial el arrianismo, una corriente cristiana que constituía una de las principales competidoras del catolicismo. Julio I era de estirpe romana y seguramente era consciente de lo difícil que resultaría forzar a los romanos a abandonar sus festividades ancestrales. Así, optó por otra estrategia: superponer fechas señaladas del cristianismo a las celebraciones más importantes del calendario. Decidió separar las celebraciones de la Navidad y de la Epifanía y establecer la fecha de la primera en el 25 de diciembre, el día del Sol Invictus. Además de fagocitar una festividad tan importante, era también una metáfora: Jesús era el nuevo Sol llegado para iluminar el mundo. La fecha del nacimiento de Jesús, ya propuesta en la Crónica de Sexto Julio Africano, había sido ratificada en el año 325 por el Primer Concilio de Nicea, por lo que Julio I simplemente le daba el visto bueno como Papa. Sin embargo, fue durante el pontificado de su sucesor Liberio – concretamente en el año 354 – cuando se fijó oficialmente como una festividad oficial de la Iglesia separada de la Epifanía. No obstante, este reconocimiento no fue unánime. A día de hoy hay algunas Iglesias ortodoxas que mantienen el 6, o en algunos casos el 7 de enero, como fecha de la Navidad; mientras que otras han adoptado la fecha católica. Estas excepciones son principalmente países del este de Europa, donde están omnipresentes los ortodoxos y algunos de África, como los coptos y etíopes. De esta manera con el paso de los siglos, paradójicamente se sigue conmemorando una celebración pagana de oscuros orígenes, que de “cristiana” no tiene nada