TIEMPOS DEL MUNDO
jueves, 8 de enero de 2026
EL DRAGÓN ROJO DE GALES: Símbolo de una Nación
Según la tradición, el origen del dragón rojo representado en la bandera de Gales, llamado Ddraig Goch o Dragón Galés, proviene de un antiquísimo conflicto entre dos de estas bestias, una blanca y una roja. Del dragón blanco se decía que era la encarnación del mal, pero existía un problema, y era que los constantes enfrentamientos entre estos dos dragones provocaban daños en los humanos, y se creía que el simple sonido que emitían al luchar era suficiente para dejar a quienes lo escuchasen sin descendencia. Llud, el entonces monarca de Gran Bretaña se decidió a encontrar una solución a este gran conflicto, para lo cual pidió consejo a su sabio hermano Llefelys. Éste le propuso cavar un enorme agujero en el centro del reino y llenarlo de hidromiel, para que los dragones se embriaguen y después sean más fáciles de abatir. Su plan funciono a medias, ya que ambas bestias si bien quedan atrapadas durante siglos, se mantienen con vida. Con el paso del tiempo, un nuevo rey llamado Gwrtheyrn decide erigir un gran castillo sobre la prisión de los dragones, descubriendo a ambas criaturas aun en su cautiverio. Entonces Gwrtheyrn pide consejo al ilustre mago Merlín, quien aconseja la liberación de las bestias para que puedan continuar con su batalla. Una vez libres, la lucha entre ambos termina con la victoria del dragón rojo, por lo que siglos más tarde, el rey Wthyr Bendragon (o Uther Pendragon, padre del mítico Arturo de Camelot) decide tomar la figura del dragón rojo como emblema de su linaje y del país de Gales. Se dice asimismo que, alguna vez, los dragones asolaron a todo el país de Gales. El dragón es tan intrínseco a la cultura galesa que adorna la bandera del país, por lo que ha formado parte central de su folclor desde hace siglos. De hecho, existe una vieja leyenda que asegura la existencia de un dragón durmiendo en medio de Gales. En el Mabinogion, un manuscrito medieval donde se concentraron diversas tradiciones orales de Gales, se dice que alguna vez existió un rey galés que consultó a su hermano, el rey de Francia, sobre algunos inconvenientes que enfrentaba en el reino. El monarca francés le comentó que todos sus problemas se debían a dos dragones que se disputaban sus tierras: un dragón extranjero y otro nativo de Gales. Así, aconsejó que realizara una medición de sus dominios y ubicara el centro exacto. En ese lugar debía cavar un hoyo profundo y colocar un gran caldero repleto con el mejor hidromiel. Según el rey francés, con esto los dos dragones vendrían y pelearían entre sí. “Al quedar agotados tras una lucha feroz y despiadada […] beberán todo el hidromiel, y entonces dormirán. Cuando esto suceda, arroja toda la tierra que se ha excavado y sepúltalos […] en el lugar más fuerte de tus dominios, y ocúltalos entre la tierra. Mientras los mantengas en ese lugar, ninguna plaga se atreverá a venir”. La historia menciona que el rey galés siguió las recomendaciones de su hermano y, finalmente, sus dominios quedaron en paz. Luego de pasar muchos años, mientras se construían los cimientos de un castillo, el legendario mago Merlín terminó descubriendo a los dos dragones dormidos: un rojo galés (Y Ddraig Goch) y otro blanco sajón. Se dice que las ruinas de este castillo construido por Merlín todavía pueden apreciarse en un valle cerca de las montañas Yr Eifl, también conocidas como “Las Rivales”. La popularidad de esta leyenda contribuyó a que el dragón rojo se convirtiera en el símbolo nacional de Gales. Sin embargo, para algunos, los dragones van mucho más allá de seres mitológicos. A principios del siglo XX, todavía se encontraban testimonios de personas que afirmaban haber divisado dragones en territorio galés. Marie Trevelyan, una historiadora experta en el folclor galés, tenía mucho interés en estudiar y preservar los informes sobre dragones en el país. Llegó a escribir un libro sobre historias populares donde reveló testimonios de varias personas que aseguraban haber tenido algún tipo de experiencia con dragones. Una zona aledaña al castillo de Penllyn, en Glamorgan, tenía reputación como el hogar de las temibles bestias. Cerca de este lugar Trevelyan encontró el testimonio de un anciano que recordaba haber visto serpientes con alas durante su juventud, llegando a describirlas “como si estuvieran cubiertas con toda clase de joyas. Algunos presentaban crestas brillantes con los colores del arcoíris”. Cuando eran molestados o sorprendidos, se deslizaban a toda velocidad, “brillando por todos lados», hacia sus escondites. Si se molestaban, sobrevolaban las cabezas de las personas con sus brillantes alas extendidas como las plumas en la cola de un pavo real”. Al conversar con Trevelyan, el anciano insistió en que estos seres no eran producto de simples historias sino una amenaza real, “tan perjudiciales como los zorros para las aves de corral”. De hecho, llegó a afirmar que sus familiares llegaron a matar algunos cuando eran jóvenes. Para este anciano, aquellas bestias increíbles desaparecieron, precisamente, por la caza excesiva. Trevelyan señaló que algunos locales veían a estos animales como algo común y corriente. Llegó a entrevistar a otra anciana que ofreció las mismas referencias que el anciano sobre el tema de los dragones. La mujer recordaba una historia en particular ya que en los acontecimientos participó su abuelo, quien junto a sus hermanos se dirigió a Penmark para cazar a una de estas bestias. Una vez que lograron derribarlo en pleno vuelo y matarlo, la anciana mencionó que su brillante piel decoraba su hogar mientras ella crecía, y sólo se deshicieron de ella cuando el abuelo murió. También hizo referencia al peligro que representaban los dragones para los animales de granja, recordando que muchas veces el ganado moría en las fauces de las temibles bestias aladas. Por eso, la cacería de dragones era algo común pues las personas protegían a sus animales. Otros procuraban el tesoro que, se rumoreaba, ocultaban cerca de sus guaridas. La forma tan sobria y mundana con la que los ancianos describieron a los dragones en las entrevistas que proporcionaron a Trevelyan es sorprendente, por decir lo menos. ¿Es posible que, en el pasado, serpientes aladas sobrevolaran el territorio de Gales llegando a la extinción a causa de los humanos?

