TIEMPOS DEL MUNDO

jueves, 16 de agosto de 2018

TROLLS: La apariencia es lo que cuenta

Son unas terribles criaturas de una raza antropomorfa, propia de la mitología escandinava. Gradualmente puede discernirse la formación de dos tradiciones principales sobre su origen. En la primera, el troll es descendiente directo de los jötnar escandinavos, grandes y brutos. Se les suele describir como unos engendros realmente desagradables, con características animales como colmillos u ojos ciclópeos. Ésta es la tradición que ha llegado a dominar cuentos de hadas y leyendas, pero también el concepto prominente de troll en Noruega. Como regla general, lo que sería llamado un “troll” en Noruega sería en Dinamarca y Suecia un “gigante” (jætte o jätte, derivado de jötunn). La segunda tradición es más prominente en el sur de Escandinavia. Inversamente, lo que sería llamado troll en el sur de Suecia y Dinamarca se llamaría huldrefolk en Noruega y vitterfolk en el norte de Suecia. El término sureño se originó probablemente por una generalización de los términos haugtrold (troll del montículo) o bergtroll (troll de la montaña), ya que los trolls de esta tradición residen bajo tierra. Estos, a diferencia de los primeros, eran muy parecidos a los humanos en apariencia, pero igual de malvados. La mayoría de las veces se mantenían invisibles y así podían viajar sobre los vientos o colarse en los hogares humanos. Mientras los grandes trolls aparecen a menudo como seres solitarios, se creía que los mas pequeños vivían juntos, como los humanos pero en el bosque. Como muchas otras especies de la mitología escandinava, vivían en complejos subterráneos, accesibles desde entradas ubicadas bajo grandes rocas en el bosque o las montañas, donde acumulaban fabulosos tesoros. Su maldad era legendaria, ya que siempre se esmeraban en causar el mayor daño posible a los humanos. A veces, los trolls raptaban a la gente para hacerlos sus esclavos o al menos sus prisioneros. Estas pobres almas eran conocidas como bergtagna (“llevados a la montaña” o “tomados por la montaña”), que también es la palabra escandinava para “llevarse por arte de magia”. Cualquiera podía ser raptado, incluso el ganado, pero el mayor riesgo lo corrían las mujeres que habían dado a luz. Incluso robaban bebés recién nacidos, dejando a sus propios vástagos en su lugar, generalmente fetos muertos y deformes. Para guardarse de los trolls siempre podía confiarse en el Cristianismo: las campanas de iglesia, un crucifijo o incluso palabras como Jesús o Cristo servían contra ellos. Como otras criaturas del folclore escandinavo, también temían al hierro. Además de eso, fueron perseguidos por Thor, uno de los últimos vestigios de la antigua mitología escandinava, quien arrojaba sus martillos como rayos para matarlos. Estos martillos podían luego encontrarse en la tierra (en realidad hachas de la Edad de Piedra) y usadas como talismanes protectores. Su mala fama ha perdurado hasta el día de hoy y están presentes tanto en la literatura, en el cine y en la imaginación de las personas, como seres monstruosos procedentes de tiempos oscuros, capaces de las peores atrocidades que uno se pueda imaginar.