TIEMPOS DEL MUNDO

jueves, 19 de marzo de 2026

AMENAZA INVISIBLE: ¿Deberíamos preocuparnos por los depredadores interestelares?

En esta oportunidad, el conocido astrofísico Avi Loeb - director del Proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa de Agujeros Negros de la Universidad de Harvard, director del Instituto de Teoría y Computación del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica y exdirector del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard (2011-2020). Autor del bestseller “Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth” y de su nuevo libro “Interestelar”, así como coautor del libro “Life in the Cosmos” - quien nos da a conocer su punto de vista acerca de las amenazas que pueden provenir del espacio exterior y para lo cual no estamos preparados, distraídos con dementes psicópatas como Donald Trump y Benjamín Netanyahu, empecinados en desatar la III Guerra Mundial. Como ya es habitual, lo publicamos traducido y entrecomillado ¿vale?: “Las noticias sobre nuestra era tecnológica se han propagado a la velocidad de la luz durante aproximadamente 120 años y solo han llegado a 20 000 sistemas estelares cercanos. Esto constituye una ínfima fracción de apenas una parte en diez millones del número total de estrellas en la Vía Láctea. Pero es importante reconocer que en los próximos siglos este número crecerá en proporción al cubo del tiempo, lo que significa que en un milenio será aproximadamente mil veces mayor. El crecimiento se ralentizará hasta ser proporcional al cuadrado del tiempo luego del próximo milenio, ya que la mayoría de las estrellas de la Vía Láctea se distribuyen en un disco bidimensional cuyo grosor es del orden de mil años luz. Si existen civilizaciones depredadoras, este aumento de volumen podría tener consecuencias dramáticas para la supervivencia a largo plazo de la humanidad, ya que podrían considerarnos una amenaza y llegar a la Tierra para destruirnos. Es más, nuestro riesgo de ser detectados aumenta rápidamente con el número de siglos tecnológicos que vivimos. Y tras ser detectados por un depredador, es posible que no tengamos noticias de él durante un período equivalente al tiempo que tarda en llegar hasta nosotros, que podría ser de millones o miles de millones de años si utiliza tecnología de cohetes, o de cientos de años si emplea armas, como un potente rayo láser, que viajan a la velocidad de la luz. Lo positivo es que, a medida que nuestras señales se alejan, también se vuelven más débiles, lo que reduce la posibilidad de que se detecten entre el ruido de fondo de la galaxia Vía Láctea. En un artículo del que fui autor en el 2007, demostré que la nueva generación de radioobservatorios terrestres podría detectar fugas de emisiones de radio provenientes de una civilización similar a la de la Tierra a una distancia del orden de cien años luz. Dicha señal de radio se manifestará como una serie de líneas espectrales estrechas que no coinciden con las líneas atómicas o moleculares conocidas. Por ejemplo, la alta resolución espectral que se puede alcanzar con el futuro Square-Kilometer-Array nos permitirá monitorizar el desplazamiento Doppler periódico de las líneas de emisión a lo largo del período orbital del planeta alrededor de su estrella madre. La determinación de la masa de la estrella madre mediante observaciones de su espectro podría utilizarse para inferir la inclinación, el semieje mayor y la excentricidad de la órbita del planeta. Esto, a su vez, nos permitirá estimar la temperatura en la superficie del planeta y evaluar si puede albergar agua líquida o vida tal como la conocemos. En otras palabras, una civilización gemela podría espiarnos ahora mismo si se encuentra dentro de nuestra burbuja de radio, hasta 120 años luz. Pero muchas más civilizaciones extraterrestres podrían ser conscientes de la habitabilidad del planeta Tierra, ya que pueden observar su tránsito frente al Sol. El tránsito de la Tierra frente al Sol podría ser visto desde hasta mil millones de estrellas, aproximadamente el 0,5 % de todas las estrellas de la Vía Láctea. El principal escenario que debería quitarnos el sueño es el de depredadores alienígenas que notaron la Tierra hace mucho tiempo y decidieron monitorear la situación de cerca, pronosticando que podría conducir al desarrollo de tecnologías espaciales que representen una amenaza para ellos. Si han acampado en el sistema solar exterior, pueden responder a cualquier cosa que suceda en la Tierra en décadas a la velocidad de los cohetes químicos. Podríamos notar sus dispositivos volando por ahí en forma de objetos anómalos del sistema solar o interestelares. Por todas estas razones, debemos estar atentos a las noticias cósmicas que nos transmite diariamente el recientemente inaugurado Observatorio Rubin de la NSF-DOE. Solemos pensar en el Universo como una entidad independiente, ajena a nuestras acciones aquí en la Tierra. Pero este paradigma podría desmoronarse en cuanto nos demos cuenta de que hay alguien más allá afuera observándonos y reaccionando a nuestras acciones, para entrar en acción. No es de extrañar que ya estén en camino a nuestro planeta y hayan enviado como una sonda de exploración al enigmático 3I/ATLAS que ya se aleja de nuestro sistema solar” puntualizó.