TIEMPOS DEL MUNDO
jueves, 13 de agosto de 2026
SECTAS DEL DEMONIO: Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios
El Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios fue una secta apocalíptica de origen católico fundada en Uganda en 1989. El grupo se volvió mundialmente trágico en el año 2000 tras la muerte violenta de aproximadamente 780 de sus seguidores que fueron quemados vivos, un suceso catalogado formalmente por las autoridades ugandesas como un asesinato en masa orquestado por sus propios líderes. Ante todo, cabe precisar que Uganda alberga cientos de movimientos religiosos, muchos de ellos apocalípticos y milenaristas. Esto no sorprende, dado que el país vivió un auténtico apocalipsis durante el sangriento régimen de Idi Amin Dada (1925-2003) y las atrocidades de la guerra civil. Los seguidores de los movimientos apocalípticos en Uganda esperan que la justicia llegue con el fin del mundo, no a través de la política. Los estudios sobre los movimientos apocalípticos ugandeses advierten contra la aplicación de modelos occidentales a situaciones propias de ese país. De hecho, el conflicto entre las sectas y el ejército nacional, así como las protestas y la violencia (incluso el suicidio), suelen ser manifestaciones de conflictos étnicos, tribales y políticos preexistentes. El movimiento fue iniciado por Credonia Mwerinde, una expropietaria de un bar, y Joseph Kibweteere, un político frustrado y maestro de escuela. Surgió a finales de la década de 1980 luego de que ambos afirmaran haber presenciado “visiones divinas de la Virgen María y de Jesucristo”. El grupo funcionaba como una rama radical disidente de la Iglesia Católica Romana. Su premisa central dictaba que la sociedad había distorsionado los Diez Mandamientos de Dios y que, para salvarse del inminente fin del mundo, se debía volver a guardarlos con una severidad extrema, llegando a imponer el uso de lenguaje de señas para evitar mentir. La secta ha sido clasificada como una iglesia de origen africano, una categoría muy diversa de movimientos religiosos que provienen de diferentes tradiciones cristianas. Sin embargo, el historiador de las religiones Jean-François Mayer ha argumentado que no pueden entenderse únicamente dentro de este marco, porque el grupo tenía conexiones con una red de videntes marianos y muchos de sus líderes eran clérigos católicos. Las apariciones marianas eran un fenómeno popular en Uganda y los países vecinos en ese momento. Los objetivos del Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios “eran obedecer los Diez Mandamientos y predicar la palabra de Jesucristo”. Enseñaban que, para evitar la condenación en el apocalipsis, uno debía seguir estrictamente los Mandamientos. El énfasis en los Mandamientos era tan fuerte que el grupo desaconsejaba hablar, por temor a quebrantar el Noveno Mandamiento, “No darás falso testimonio contra tu prójimo”. El ayuno se practicaba con regularidad, y solo se comía una vez los viernes y los lunes. El sexo estaba prohibido, al igual que el jabón. El grupo creía, por ejemplo, que el SIDA era un castigo de Dios debido a una quebrantamiento del sexto mandamiento de no cometer adulterio. El movimiento desarrolló una jerarquía de visionarios, encabezada por Mwerinde. Detrás de ellos se encontraban antiguos sacerdotes que ejercían como teólogos y explicaban los mensajes del grupo. Si bien el grupo se había separado de la Iglesia Católica, exhibía iconos católicos en lugares prominentes y contaba con sacerdotes y monjas excomulgados en su liderazgo, sus vínculos con la Iglesia eran, en el mejor de los casos, tenues. La devoción al movimiento consistía regularmente en peregrinar a una colina empinada y rocosa cercana. Luego de una dura caminata a través de un bosque de eucaliptos, los creyentes alcanzaban una roca que creían que representaba a la Virgen María. Antes del 31 de diciembre de 1999, un diario local le hizo una entrevista a un miembro adolescente de la secta que, sin quererlo, graficó a la perfección cómo pensaban los fieles del movimiento. "El mundo termina el año que viene. No hay tiempo que perder. Algunos de nuestros líderes hablan directamente con Dios. En cualquier momento a partir de ahora, cuando llegue el fin, todo creyente que se encuentre en un lugar aún no revelado será salvo", declaró. Precisamente, los líderes aseguraron a sus files que el apocalipsis ocurriría el 31 de diciembre de 1999. Bajo este pretexto, obligaron a los miembros a vender todas sus posesiones materiales (ganado, ropas y tierras) y a entregar el dinero íntegro a las arcas de la organización. Pero a iniciarse el año 2000 sin incidentes cataclísmicos como se había anunciado, múltiples adeptos se sintieron estafados, se rebelaron y exigieron la devolución de su dinero. Ante la inminente ruina, los líderes reprogramaron el día del juicio final definitivo para el 17 de marzo del 2000. Ese día, los líderes reunieron a cientos de fieles dentro de la iglesia de la comunidad en el distrito de Kanungu, al suroeste de Uganda, sellando con tablas desde el exterior las ventanas y puertas del templo. Posteriormente, se provocó una explosión dando inicio a un incendio devastador en el que murieron calcinadas más de 500 personas, incluidos decenas de niños, quienes, atrapados dentro del templo, no pudieron escapar a su trágico final. Aunque inicialmente se creyó que se trataba de un suicidio colectivo masivo, las investigaciones de la policía de Uganda descubrieron fosas comunes ocultas en varias propiedades de la secta. Los cadáveres mostraban signos evidentes de envenenamiento y heridas por arma blanca sufridas semanas antes del incendio general, elevando inicialmente la cifra de fallecidos a cerca de 780. Los primeros informes sugirieron que habían sido estranguladas debido a la presencia de fibras de plátano retorcidas alrededor de sus cuellos. Luego de registrar todos los lugares, la policía anunció que el número final de muertos se había fijado en 924, seis más que en el Templo del Pueblo en 1978. Los académicos los han comparado con otros movimientos similares; en términos de la magnitud de las muertes se ha relacionado con las muertes del Templo del Pueblo en Jonestown, mientras que en la forma y el estilo de muerte se ha comparado con el de la Orden del Templo Solar Suizo o el Aum Shinrikyo japonés. A pesar de que inicialmente se pensó que toda la cúpula directiva había perecido dentro de las llamas, las investigaciones posteriores y los informes gubernamentales determinaron que los cabecillas de la red criminal escaparon de forma planificada con el dinero incautado a sus víctimas, por lo que la policía ugandesa emitió órdenes de captura internacionales en contra de Credonia Mwerinde y Joseph Kibweteere. Aunque existieron indicios en su momento de que se ocultaban en Malawi, hasta la fecha ninguno de los líderes principales ha sido localizado ni procesado formalmente por la justicia por una de las mayores masacres provocadas por cultos en la historia contemporánea. Tras la tragedia ocurrida, algunos gobiernos africanos reaccionaron con vehemencia contra las sectas. El riesgo reside en que se embarquen en cacerías de brujas, sin reconocer que la mayoría de los movimientos apocalípticos en todo el mundo son pacíficos y respetuosos de la ley. En África, como en otros lugares, las afirmaciones de que todos los movimientos milenaristas y apocalípticos se dirigen hacia el suicidio colectivo son totalmente erróneas. Estas suposiciones pueden, de hecho, exacerbar la tensión y la desviación, convirtiéndose así en profecías autocumplidas que contribuyen a generar los mismos males que se dicen querer prevenir.

